La Unión Europea se abre a una nueva negociación comercial con Estados Unidos

El objetivo es eliminar los aranceles a los productos industriales para ganar exportaciones por valor de 27.000 millones de euros hasta 2033

SALVADOR ARROYO BRUSELAS.

La Unión Europea autorizó ayer la apertura de negociaciones con Estados Unidos para la supresión de aranceles sobre productos industriales. Se avanza así en el acuerdo alcanzado el 25 de julio del pasado año por el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, con el mandatario estadounidense Donald Trump. «Queremos una situación beneficiosa para el comercio; beneficiosa tanto para la Unión Europea como para los Estados Unidos», aseguró ayer el luxemburgués. El compromiso entre ambas potencias se orienta principalmente a neutralizar la amenaza proteccionista sobre el sector del automóvil y no se descarta que en la negociación se entre también de lleno para corregir los aranceles que se incorporan al aluminio y el acero.

Las restricciones al acero que la Administración de Donald Trump activó en marzo del pasado año, con una carga del 25%, llevaron a la Unión Europea a imponer también un paraguas protector a su producción por la sobrecapacidad del mercado mundial y las prácticas desleales de socios comerciales como China, Turquía o Rusia, que fue revalidado el pasado febrero para los próximos tres años, aunque «revisable» si la relación comercial con Estados Unidos volviera a una senda más fluida que la actual.

El paso hacia adelante confirmado ayer ha sido autorizado por una mayoría cualificada de los Estados miembros, si bien tras el rechazo expreso de Francia, durante una reunión de los ministros de Agricultura celebrada en Luxemburgo. «Va a ayudar a aliviar las tensiones comerciales. Estamos listos para conversar sobre este asunto, que traerá beneficios tangibles para las personas y las economías en ambos lados del Atlántico», defendió Cecilia Malmström. La comisaria de Comercio de la Unión señaló también que el mandato de las capitales se circunscribe exclusivamente a bienes industriales, con exclusión expresa de la producción agrícola, y conlleva una evaluación para que las empresas puedan testar si sus productos cumplen con todos los requisitos técnicos que se requieren a ambos lados del Atlántico.

Nueva amenaza

El anuncio llega días después de que Trump lanzase a través de su cuenta personal de Twitter una nueva amenaza: 9.000 millones de euros (11.000 millones de dólares) más en impuestos a otros 300 productos europeos (que van desde el queso o el vino, hasta los automóviles) como respuesta a los subsidios de la UE al fabricante aeronáutico Airbus. Un mensaje intimidatorio que lanzaba en plena crisis de credibilidad de su principal rival, la norteamericana Boing, por los fallos detectados en el software del modelo 737 MAX, tras el accidente mortal de la compañía Ethiopian Airlines. El ministro español Luis Planas, aseguraba horas antes de la reunión en Luxemburgo que la amenaza se refería a simples «borradores», abogando porque la producción agrícola y alimenticia quede fuera de este «tipo de controversias».

La voluntad de abrir una negociación directa se llevará a cabo «en un diálogo regular» con el Parlamento Europeo, los Estados miembros, la sociedad civil y todas las partes interesadas relevantes, se insiste desde una Comisión Europea que defiende que el acuerdo con Estados Unidos para eliminar los aranceles sobre productos industriales aumentaría las exportaciones de la Unión Europea a Estados Unidos en un 8% y, en sentido contrario, el repunte sería del 9% con el horizonte puesto en 2033. Unas «ganancias adicionales» de 27.000 millones para los Estados del club europeo y de 26.000 para las empresas del otro lado del Atlántico.

El efecto de distensión en la guerra comercial abierta por Washington que se consiguió el pasado verano en la reunión entre de Juncker con Trump en Washington ha continuado con una serie de contactos bilaterales. El pasado enero la Comisión presentó a los Estados miembros las propuestas para la fase actual que pese al rechazo de Francia, han salido adelante por mayoría cualificada (la que se otorga con la aquiescencia de 16 de los 28 Estados (el 65% de la población europea). En aquella declaración de julio se abrió la mano a que Estados Unidos se convierta en el principal proveedor de habas de soja de la UE, fundamentalmente para potenciar su uso como biocombustible.