Trump saca la artillería pesada en la guerra comercial con China

Aprueba una segunda oleada de aranceles, por 200.000 millones de dólares, y el Gran Dragón promete responder al 'bullying' de EE UU

ZIGOR ALDAMA

shanghái. Donald Trump no va de farol. Tras gravar productos chinos valorados en 34.000 millones de dólares con un arancel del 25%, ayer sacó la artillería pesada para lanzar un órdago en la guerra comercial que libra con China: desde septiembre 6.000 productos del gigante asiático -desde alta tecnología a alimentos, pasando por madera, materiales de construcción, textil, alcohol y tabaco-, cuyas exportaciones a EE UU están valoradas en 200.000 millones de dólares, deberán pagar una tasa del 10%. Y el presidente americano advierte de que, si Pekín responde con la misma moneda -como hizo la semana pasada tras la primera andanada-, continuará extendiendo los aranceles.

Pero no parece que el régimen chino se vaya a arredrar. El Ministerio de Comercio calificó en una nota la actitud de la Casa Blanca de «totalmente inaceptable», pues «no solo está dañando a China, también a todo el mundo y a la propia Estados Unidos. Es un acto irracional que atenta contra la voluntad de la gente», aseveró.

«China está en estado de shock por las medidas tomadas por Estados Unidos -seguía su comunicado, aunque en realidad se conocían en parte desde hace dos semanas-. Para defender los intereses fundamentales de la nación y del pueblo, el Gobierno tomará, como ha hecho siempre, las represalias necesarias». «Hasta entonces hacemos un llamamiento a la comunidad internacional para que defienda unida las reglas del libre comercio y se oponga a este 'bullying' comercial», apuntó un portavoz de Comercio, que anunció una nueva denuncia contra EE UU en el seno de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Si al final China sigue los pasos de Trump, las nuevas tasas podrían terminar afectando a medio billón de dólares del comercio bilateral, que en la actualidad tiene un volumen de casi 600.000 millones. Pero Pekín no podrá devolver el golpe con tanta fuerza como Washington porque compra menos de 120.000 millones de productos estadounidenses. Su as en la manga es Boeing.

El gigante asiático es su principal cliente y, a diferencia de lo que sucede con la soja, China tendría fácil encontrar un reemplazo para los aviones de las barras y estrellas: Airbus, sin duda, podría salir muy reforzada. La buena sintonía que mostraron el lunes Angela Merkel y el primer ministro chino Li Keqiang, que hicieron frente común a favor del libre comercio, hace pensar que China puede mirar hacia Europa para suplir las carencias derivadas de su conflicto comercial con EE UU.

Pero las empresas europeas en el Gran Dragón no lanzan las campanas al vuelo. «Una guerra comercial puede terminar afectando a todo el mundo», apunta el vicepresidente de la Cámara de Comercio Europea en China, Carlo Diego D'andrea. El motivo, que las cadenas de suministros y de valor se han globalizado tanto que implica a distintos países. Por eso el diario 'South China Morning Post', editado en Hong Kong, se pregunta si es la chispa de una III Guerra Mundial. «Si el superávit comercial desaparece, el Ejército chino podría cambiar de idea», avisa.

 

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