Las potencias de la UE, aliviadas ante la prórroga de EE UU a sus nuevas tasas

La ministra de Economía, Nadia Calviño, ayer con su colega luxemburgués, Pierre Gramegna. :: efe/
La ministra de Economía, Nadia Calviño, ayer con su colega luxemburgués, Pierre Gramegna. :: efe

Trump retrasaría medio año los aranceles a sus automóviles, mientras el Eurogrupo sigue en el debate sobre el futuro presupuesto de esta zona

R. C. BRUSELAS.

Satisfacción exterior y tensión interior. Así podía resumirse ayer la situación del Eurogrupo, el conclave que reúne cada mes a los ministros de Economía y Finanzas de los países europeos que comparten divisa común. Fuera de la sala, alegría moderada al conocer que probablemente puedan ganar tiempo en la temida guerra comercial con EE UU, la primera economía del mundo, porque probablemente retrase otro medio año sus aranceles a la importación de automóviles de la UE según la última estrategia que maneja Donald Trump. «Cualquier cosa que muestre que esas tensiones comerciales no van a ser más fuertes, más difíciles, lo consideramos buenas noticias», dijo el comisario europeo de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici. En esa línea se pronunciaron los ministros de Alemania y Francia. Ya dentro, el acostumbrado grado de severidad en temas presupuestarios. Cruce de borradores sobre las que deben ser las primeras cuentas formales de la zona euro, la Europa reforzada que comparte más vínculos económicos que el resto de la Unión. Los líderes comunitarios decidieron en diciembre agilizar un asunto que casi ha monopolizado los debates del Eurogrupo.

Ayer tocaba tratar cómo se iba a financiar ese nuevo instrumento, aunque sin entrar en cantidades concretas. Las dos grandes potencias del euro, Alemania y Francia, quieren un sistema mixto: de un lado, los propios presupuestos de la UE; por otro, las aportaciones adicionales de los Estados de la zona euro. Y en este último punto se incluirían probablemente nuevos impuestos como, por ejemplo, una tasa a las transacciones financieras que aún no se ha adoptado de forma armonizada pero que algunos países podrían anticipar. España, de hecho, preveía incluirla en los Presupuestos de 2019 pero, al ser rechazados, el Gobierno la ha postergado al proyecto de 2020.

Claro que para todo ello desde Berlín y París insisten en que es necesario antes un acuerdo intergubernamental entre los 19 países del euro. De esa forma lograrían cierta independencia respecto al resto de la Unión en decisiones estratégicas, pese a que también se nutrieran de fondos comunitarios aportados por otros socios. Aquí surge una de las principales disputas. Los países que aún no están adscritos al euro -aunque sí participan en el debate porque en los tratados se prevé que todos terminen teniendo una divisa común- se oponen a ello con bastante firmeza.

Sí hay más consenso en que ese futuro presupuesto del euro financie tanto reformas estructurales como inversiones públicas para ganar competitividad. La postura española pretende que no haya límites en el destino de los fondos. Así, por ejemplo, servirían para estabilizar la economía de un país en caso de crisis. Pese a la diferencia de criterios, la ministra de Economía, Nadia Calviño, dijo ayer que «es demasiado pronto para decir qué sucedería si no conseguimos nuestro objetivo». No obstante, advirtió de que «no podemos decir que cualquier cosa que se llame presupuesto cumple ya lo esperado; se trata de crear un verdadero pilar fiscal».