El Banco de España advierte de que la inflación puede restar fuerza al consumo como motor

Varias personas curiosean en una tienda durante los primeros días de las rebajas de verano. :: e. p./
Varias personas curiosean en una tienda durante los primeros días de las rebajas de verano. :: e. p.

Estima que la economía creció un 0,7% en el segundo trimestre, como el primero, pero observa un «cierto debilitamiento» de la demanda privada

J. A. BRAVO MADRID.

España ha seguido mostrando el músculo de su crecimiento económico -los tres últimos ejercicios los ha cerrado con tasas superiores al 3%- durante la primera mitad del año, avanzando su Producto Interior Bruto (PIB) a un ritmo trimestral del 0,7% y encadenando así doce meses con el mismo incremento, tras haberlo hecho un 0,9% en el segundo trimestre de 2017. Así lo confirmó ayer el propio Banco de España en su análisis periódico, donde destaca también que en la actividad del país «no se ha observado la desaceleración» que, por el contrario, sí se ha registrado en el conjunto de la zona euro, sobre todo por el efecto negativo -y desfasado- de los tipos de cambio sobre sus exportaciones.

Esa «pérdida de dinamismo, más notoria al comienzo del año», no ha alcanzado a la economía española... todavía. Y es que en su informe trimestral el supervisor bancario empieza a atisbar riesgos, que habrá que ver si se concretan en verano y también en otoño. En concreto, «en el tramo final del trimestre (desde finales de mayo fundamentalmente) podría haberse producido un cierto debilitamiento del consumo».

Lo dice en condicional porque aún no dispone de los datos cerrados de junio. Y también porque sus técnicos prefieren ver cómo evoluciona la inflación los próximos meses antes de ser más tajantes. De momento, eso sí, constata que el «repunte» del índice de precios de consumo (IPC) ya ha provocado «pérdida de poder adquisitivo».

Pide que los Presupuestos recupen su «capacidad estabilizadora» ante «perturbaciones adversas»

Según ha confirmado el INE, la tasa interanual del IPC trepó en mayo hasta el 2,1%, prácticamente el doble de lo que registró en abril (1,1%). El Banco de España estima que ese escenario alcista, debido sobre todo a la subida del petróleo y con ella de la factura de la luz -«los componentes más volátiles», precisa-, se mantendrá al menos en los meses veraniegos, lo cual moderará la demanda interna durante un período muy sensible para el comercio al coincidir con época de rebajas y tener puestas éste buena parte de sus expectativas de su recuperación en él.

Por eso, el supervisor ha revisado al alza su previsión de inflación en 2018 para situarla en el 1,9%, mientras que en la CEOE no creen que baje del 2% y en Funcas, la fundación de las cajas de ahorros, contemplan incluso que lo supere. El Gobierno, sin embargo, mantiene la previsión del 1,4% que indicó a principios de abril, aunque probablemente la actualice en julio cuando presente el techo de gasto para 2019 -de cara a elaborar unos Presupuestos nuevos y 'propios'- y también anuncie otro cuadro macroeconómico.

«Ritmos elevados»

Habrá que ver entonces cuál es su análisis sobre la demanda interna, que sigue siendo el principal motor de la economía nacional. De enero a junio, según el informe del Banco de España, su aportación trimestral al PIB no ha bajado del 0,7% y dentro de ella el consumo privado «habría mantenido ritmos elevados de avance, en un contexto en el que la mejora sostenida del empleo sigue apoyando las rentas de los hogares y, por tanto, su gasto».

Pero si la alta inflación persiste ese juego virtuoso de contrapesos se pone en duda y, a la vez, si se desacelera la creación de puestos de trabajo eso también pasaría factura. No obstante, genera confianza el hecho de que la inversión en bienes de equipo -que mide el ritmo de la actividad industrial- se haya «recuperado» en el segundo trimestre tras la «debilidad» del primero. Esta consideración se basa, según el informe, en el propio índice de producción industrial, las «expectativas positivas» de rentabilidad y demanda, y las «favorables» condiciones financieras. Además, a diferencia de en el sector servicios, aquí las alzas de precios están resultando más moderadas.

Del sector exterior el supervisor da menos pistas por «la escasa información disponible», aunque cree que en el segundo trimestre «se prolongó la atonía observada en el primero». El tipo de cambio pesaría aquí como elemento negativo, al igual que en el resto de la zona euro, aunque en este caso atrasado al acusar más las alzas de 2017. El resultado es que se habrían «contenido» no solo las exportaciones sino también las compras al resto del mundo.

En cualquier caso, «en el medio plazo» sus proyecciones «más recientes» apuntan a «una prolongación de la fase alcista del ciclo». El encarecimiento del crudo, no obstante, haría que el aumento del PIB se fuera moderando -un 2,7% este año, un 2,4% en 2019 y un 2,1% en 2020-, considerando también «una contención gradual» en el avance de los mercados exteriores -cita aquí el riesgo derivado de los «sucesivos anuncios arancelarios» desde EE UU y la respuesta de otros países- y «cierto atemperamiento del impulso expansivo» derivado de la política del BCE.

En esta línea la institución que gobierna Pablo Hernández de Cos muestra cierta preocupación sobre un cambio de política económica a medio plazo hacia otra más expansiva y procíclica. «La consolidación fiscal -avisa al Gobierno- es necesaria para mitigar la vulnerabilidad de la economía derivada del elevado endeudamiento público actual y para recuperar la capacidad estabilizadora del presupuesto público ante eventuales perturbaciones adversas».

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