Lujo occidental para el apetito del cliente comunista

Uno de cada tres euros gastados en este tipo de artículos en todo el mundo sale de bolsillos chinos, frente al 18% que consume Europa

Z. A. SHANGHÁI

. Nadie consume productos de lujo como China. Sus ciudadanos se han convertido en los principales clientes de esta industria, tanto dentro como fuera de sus fronteras. Compran en el gigante asiático, aunque también al salir de viaje. Así, en 2018 sus adquisiciones crecieron un 20% y alcanzaron los 63.000 millones de euros.

Esta cifra supone prácticamente un tercio de todos los productos de lujo que se venden en el mundo, así como un porcentaje muy superior al 18% que representa Europa. Por si fuese poco, el apetito por los productos y los servicios más exclusivos no va a dejar de crecer a pesar de la ralentización que arrastra la segunda economía mundial.

Es lo que vaticina la consultora Bain, que en su último informe apunta que los chinos, y más concretamente los que tienen menos de 35 años, generarán casi la mitad de todas las compras de lujo en 2025. Es algo que se está propiciando incluso a nivel gubernamental, pues desde Pekín han decidido reducir los abultados aranceles que gravan estos productos para estimular el consumo interno y así desincentivar las importaciones paralelas que llevan a cabo los 'daigou', como se conoce a los chinos que residen en el extranjero y que adquieren productos de lujo que luego envían por correo a los verdaderos clientes, que viven precisamente en el país.

Lógicamente, esta coyuntura ha hecho que el país sea cada vez más interesante para la industria. «El problema reside en que desde muchas marcas no son conscientes de las peculiaridades del público chino y se acercan a él con las mismas estrategias que utilizan en Occidente o en Japón», explica Chiang Jeongwen, profesor de Márquetin de CEIBS. «Sin embargo, las características complejas de China requieren un equipo local al que se le dé suficiente autonomía para tomar decisiones y adaptarse al mercado. Y si D&G lo hubiese hecho, no habría sufrido la catástrofe en la que está inmersa», sentencia.