Los inversores respiran aliviados porque el PIB aún crecerá hasta final de año

La tregua en las trabas a las exportaciones entre las grandes potencias debería ayudar a mitigar los efectos indeseados de la guerra comercial

J. M. C.OSAKA.

Los mercados respirarán mañana algo más aliviados tras un desenlace de la cumbre del G-20 en el que, al menos, la economía mundial ha podido salvar los muebles de la catástrofe que habría supuesto la ruptura definitiva de relaciones entre Estados Unidos y China. Ambas potencias reanudarán las conversaciones para encontrar un acuerdo sobre los aranceles que se vienen aplicando mutuamente desde principios de año. Si a esa circunstancia se une el pacto entre la Unión Europea y Mercosur, los inversores comprobarán cómo las advertencias, órdagos y demás amenazas lanzadas -incluso por redes sociales- se han quedado ahí. Es decir, en meras palabras, habituales ante estos encuentros para forzar la máquina de la negociación.

Los analistas ya apuntaban la semana pasada que era muy poco probable un acuerdo EE UU-China. Aunque sí un relanzamiento de la negociación. «Sería claramente una desaceleración de la situación», indica David Kohl, estratega jefe de divisas de Julius Baer. «Esperamos una reacción positiva en el mercado de valores impulsada por las acciones de 'hardware' de automóviles, de lujo y de tecnología», indica. Para este experto, «evitar o al menos posponer los aranceles previstos para todas las importaciones chinas a EE UU sería el efecto práctico de la desescalada deseada».

El desenlace de la cumbre del G-20, que ha tenido lugar este fin de semana en Osaka, debería servir de «catalizador» para impulsar el rumbo de la economía mundial, que sigue dando síntomas de debilidad. Este encuentro de líderes internacionales, junto a la próxima reunión que la Reserva Federal (Fed) de EE UU realizará en julio, «son dos importantes catalizadores a corto plazo, que ayudarán a dar forma a la historia de la segunda mitad del año». El banco 'central' de Estados Unidos podría anunciar en su próximo comité un recorte de los tipos de interés oficiales, que ahora se encuentran en el 2,25%.

El presidente de la Fed, Jerome Powell, ya insistió en su última comparecencia a principios de junio en que hay que tener «paciencia». Y añadía una afirmación a tener en cuenta: «Monitorizaremos las implicaciones en la economía de EE UU y actuaremos según corresponda para sostener la expansión, con un mercado laboral fuerte y una inflación cercana a nuestro objetivo del 2%». Ese mandato es el que también tiene marcado el Banco Central Europeo (BCE), cuyo consejo de gobierno no tiene aún claro que la evolución de la economía de la zona euro sea lo suficientemente fuerte como para comenzar a pensar en una subida de tipos. Más bien, los mantendrá al 0% hasta dentro de un año.

Las previsiones de todos los organismos así lo sostienen. En el caso del FMI anticipan una cierta desaceleración, que aplicada a España podría llevar al PIB a crecer por debajo del 2% el próximo año. La evolución sería peor, tal y como consideran los expertos, si EE UU y China se hubieran enroscado en su disputa comercial. Y también si la UE no hubiera logrado dar un mensaje de multilateralidad como el que ha conseguido en este G-20.