El fiasco del 737-MAX puede costarle a Boeing, al menos, 900 millones de euros

Uno de los aviones 737-MAX de Boeing cuya operativa ha sido suspendida 'sine die'. :: REUTERS/
Uno de los aviones 737-MAX de Boeing cuya operativa ha sido suspendida 'sine die'. :: REUTERS

El fabricante reduce su beneficio un 13%, los ingresos comerciales un 9% y los pedidos un 4% en el primer trimestre y suspende sus previsiones

J. A. BRAVO MADRID.

Apenas mes y medio ha pasado desde que a los aviones B737-MAX fabricados por Boeing se les vetara surcar la mayoría de los cielos, a raíz de los graves siniestros que tuvieron en Etiopía (10 de marzo) e Indonesia (29 de octubre), y la factura negativa para el gigante estadounidense se estima ya en al menos 1.000 millones de dólares (893 millones de euros al cambio actual). El primer cálculo lo hizo la banca de inversión JP Morgan, aunque fue refrendado ayer por la compañía.

En un documento remitido a sus accionistas menciona esa primera cantidad, pero sin entrar en más detalles. De hecho, ha suspendido las previsiones de negocio que venía manejando para este año: unos ingresos de hasta 115.500 millones de dólares (103.066 millones de euros), un flujo de caja operativo de otros 17.000 millones de dólares (15.196 millones de euros) y 905 nuevos aviones comerciales entregados.

El presidente y consejero delegado de Boeing, Dennis Muilenburg, admitió que es un momento «difícil» aunque destacó que la compañía busca un «crecimiento sostenido basado en fundamentales sólidos y de largo plazo». Una patada adelante que pareció convencer al mercado, pues lejos de castigarle incluso revalorizó sus títulos más de un punto en la Bolsa de Nueva York. Y todo el mismo día que daba 1.161 millones de dólares en dividendos, un 15,4% más que hace un año.

Sin embargo, las cuentas de esta multinacional norteamericana acusan ya en el primer trimestre el fiasco del B737-MAX, que tiene suspendido su permiso de vuelo por parte de la Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos. Esta ausencia podría prolongarse hasta 90 días más, mientras el fabricante aún no ha entregado su paquete de mejoras técnicas en ese modelo.

Según la compañía, habrá un sensor más en el «ángulo de ataque» para hacer más eficiente el sistema de control de vuelo y se intensificará el entrenamiento de los pilotos. Ya ha habido vuelos de prueba con esa modificación, pero el equipo técnico de la FAA -con el que colaboran la NASA y expertos de la UE- no empezará a reunirse hasta el lunes.

Hasta mediados de marzo, Boeing había entregado 387 aparatos de la gama 737-MAX, pero están parados desde entonces porque medio centenar de países les han prohibido volar hasta verificar su seguridad. El mes pasado no recibió un solo pedido de ese modelo, el más vendido hasta entonces de su flota y que aporta un tercio de los ingresos anuales, y solo hizo once entregas. Fue su mes más flojo en casi siete años.

Las previsiones anteriores del grupo estadounidense incluían la entrega de 900 nuevos aviones este año, de los que medio millar iban a ser MAX. Pero el ritmo de fabricación mensual de éstos ha caído casi un 20%, pasando de 52 a 42.

En esta tesitura no resulta extraño que Boeing recortase un 13% su beneficio el primer trimestre -eso sí, la ganancia operativa cayó un 21%- en comparación con el mismo período de 2018, quedando en 2.149 millones de dólares (1.917 millones de euros). También bajó su cifra de negocio global, un 2% hasta los 22.917 millones de dólares (20.446 millones de euros), mientras que en la unidad de aviones comerciales los ingresos descendieron un 9%.

Asimismo, su cartera de pedidos (5.600 aviones comerciales hasta marzo) se redujo casi un 4% y su flojo de caja otro 11%. Boeing se centra ahora en «ganar la confianza» de clientes (aerolíneas) y pasajeros pero los analistas creen que la factura negativa por la crisis del B737-MAX puede terminar ascendiendo a 2.500 millones de dólares (2.230 millones de euros), incluidas compensaciones a las propias compañías aéreas.