Las familias asumen más deuda por primera vez desde la crisis por el tirón del crédito al consumo

Un cliente paga con tarjeta en una peluquería. :: c. m. /
Un cliente paga con tarjeta en una peluquería. :: c. m.

A pesar de que siguen amortizando hipotecas, crece el saldo de créditos en vigor mientras que el patrimonio financiero cae después de ocho años

JOSÉ M. CAMAREROMADRID.

El bolsillo de los hogares ha cambiado de rumbo en 2018 después de los años de la crisis, marcados por la contención a la que muchos ciudadanos tuvieron que acogerse en momentos de dificultades. Olvidados los peores estragos de la recesión, las familias recibieron el año pasado más financiación nueva que el volumen de deudas que se quitaron de encima. Es decir, acumularon una financiación neta positiva equivalente a un 0,2% de su renta bruta disponible, toda una novedad que no se veía desde 2011.

Este incremento se debe al auge experimentado en los créditos al consumo, que representan un 1,2% de la renta bruta disponible, cuyo ascenso «fue superior al descenso del saldo de los créditos para la adquisición de vivienda», según destaca el último informe del Banco de España. La contracción de este tipo de préstamos se encuentra muy por debajo de la experimentada en 2017.

El impulso de la financiación al consumo ha sido una de las palancas con las que la banca ha conseguido sortear la crisis de las hipotecas en un contexto marcado por los bajos tipos de interés. En cualquier caso, el mercado de los préstamos personales, que sirven para financiar viajes, electrodomésticos, muebles y todo tipo de compras diarias, se ha ido desinflando también en los últimos trimestres, tras las advertencias del supervisor sobre los efectos no deseados de un crecimiento incontrolado de este tipo de productos y su impacto en la futura morosidad. Hasta 2018 venía creciendo a unos ritmos interanuales cercanos al 20%. En la segunda mitad del año pasado ya se desaceleró este auge hasta el 14%. En cualquier caso, acumula 90.000 millones de euros.

El gran pilar de la financiación sigue siendo el de las hipotecas. Sin embargo, y a pesar de que cada vez se contratan más, la nueva producción de este producto no logra superar el volumen de amortizaciones que se registran año tras año. Quienes tenían deudas inmobiliarias se han ido deshaciendo de ese capital a medida que ha mejorado la economía, para quitarse lastre. El entorno de tipos de interés en mínimos ha facilitado aún más este movimiento. De hecho, los grandes bancos no esperan que el 'stock' hipotecario se sitúe en niveles positivos -más volumen nuevo de hipotecas que el de amortizaciones- presumiblemente hasta 2020 o 2021.

En estas circunstancias, la deuda bancaria de los hogares se ha reducido hasta el 96% de su renta bruta disponible.

Por otra parte, la riqueza financiera bruta de las familias se redujo por primera vez desde 2012 hasta representar un 187% de su renta, como consecuencia de la caída de las Bolsas y su impacto en acciones, fondos de inversión, seguros o planes de pensiones. El balance es negativo a pesar de que las familias adquirieron más activos financieros. Esta situación ha provocado «la primera caída de la riqueza financiera neta de los hogares en los últimos ocho años», según el supervisor.

Volcados en los depósitos

El informe también señala que la tasa de ahorro de los hogares se situó en 2018 en mínimos históricos al alcanzar un 4,9% de su renta disponible, lo que supone 0,6 puntos menos que en 2017 e incluso un punto inferior a la de 2007 cuando marcó el mínimo histórico de la anterior fase expansiva de la economía.

A pesar de la actual coyuntura de tipos bajos (siguen anclados en el 0% y previsiblemente no subirán hasta bien entrado 2020), la mayor parte de las inversiones volvieron a volcarse con los depósitos, que acumulan un 4,4% de su renta disponible, con un «notable incremento» respecto a 2017, según señala el Banco de España. La remuneración de los productos de ahorro se encuentra prácticamente en el 0% y a pesar de ello es la principal opción de ahorro de los españoles.

Esta circunstancia contrasta con la disminución de las adquisiciones netas que los ciudadanos han formalizado en torno a fondos de inversión, que llegan a su nivel más reducido desde 2012, así como las ventas de acciones y otro tipo de participaciones bursátiles, que no se encuentran en su mejor momento como fórmula de ahorro personal.

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