Vivencias convertidas en empresa

María Granados es la directora de Hiya. /F. Torres
María Granados es la directora de Hiya. / F. Torres

María Granados dirige Hiya, una agencia de intercambios en Irlanda tras 15 años de experiencia en el sector y un viaje con el que conoció en primera persona sus servicios

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Quince años trabajando para una agencia de intercambios idiomáticos hicieron que María Granados tuviese una perspectiva muy clara del sector, desde que era una actividad residual hasta su expansión como una de las opciones más demandadas para aprender inglés. Tras finalizar su relación con la empresa, que tenía sede en Barcelona, su intención era montar una compañía propia, pero el bagaje acumulado no era suficiente. Entre reflexiones, llegó el turno de una de sus hijas de pasar el curso en el extranjero, y tomó una decisión que sentó las bases de lo que hoy es Hiya, una de las principales empresas malagueñas especializadas en inmersiones lingüísticas en Irlanda: Granados se lanzó junto a su hija a vivir la experiencia fuera de España.

Antes de emprender el viaje había estado conociendo mercados, ampliando fronteras y colaborando con otras agencias. «Todo el mundo me animaba a montar mi propia agencia pero la verdad es que me daba un poco de miedo lanzarme sin conocer los distintos componentes del proceso». Por eso, cuando vio la oportunidad de irse con sus hijas, no lo dudó. «Estando allí, una amiga irlandesa me propuso un modelo de negocio diferente». ¿Por qué no ofrecer intercambios para toda la familia, en vez de solo para estudiantes? Comenzó una fase de tanteo del mercado en el que Granados visitó decenas de colegios, familias, agencias, mientras que sus hijas estaban en la escuela irlandesa.

Ya durante aquel curso empezó a trabajar con varios clientes españoles, algunos enviaron solo a sus hijos, otros fueron también con parte de la familia, generalmente uno de los padres. Sin embargo, ese modelo de negocio actualmente está algo más reservado para pocos usuarios de Hiya, en sitios específicos, y el grueso de la empresa está en campamentos de verano irlandeses, años escolares y trimestres y niños solos.

Pero, ¿qué aporta el hecho de que Granados haya vivido en primera persona la experiencia que ofrece a alumnos y sus padres? «Aprendí que la clave de todo el proceso de inmersión lingüística está en hacer desde el primer día amigos irlandeses, en no hablar español con los españoles». La empresaria explica que los niños no suelen entender por qué es necesario involucrarse con la población local. «A mis hijas les dejé claro desde el principio que la clave de todo estaba en sentarse junto a los irlandeses, en que cada persona es una oportunidad, y por eso consiguieron una inmersión muy rápida». Ese concepto caló hondo en Granados, por lo que hoy es una de las claves que aporta a los alumnos que viajan con Hiya. «Siempre les digo que lo importante está en socializar, en hacer amigos, en apuntarse a todas la extraescolares que puedan porque son una gran oportunidad de conocer a los compañeros y de pasárselo bien más allá de las aulas».

Además, su propia experiencia personal en Irlanda le permitió corroborar algo que ya sabía: «Los irlandeses tienen una tremenda humanidad, son muy buenas personas y tratan muy bien a los niños que van porque tienen una capacidad de entrega y una humildad muy especiales». Además, la emprendedora pudo conocer de cerca el sistema educativo, sus asignaturas y principales diferencias con el modelo español.

A nivel curricular, ambos sistemas son muy parecidos, excepto lo que aquí es cuarto de la ESO, que allí existe un año de transición ('transition year'), un programa no obligatorio en el que los alumnos aprenden a base de talleres prácticos, seminarios, proyectos personales y otras actividades que les ayudan mucho a tomar decisiones de cara a qué carrera quieren estudiar.

En definitiva, Granados considera que las experiencias en el extranjero son un complemento para la educación de los estudiantes, no solo en materia idiomática (aunque es «la única forma» de aprender una lengua de verdad). También abre la mente de los niños -o de las familias-, les ayuda a tomar decisiones y es una experiencia que será muy valorada en su futuro profesional.

Los datos

15
María Granados pasó quince años como responsable en Andalucía de una agencia de intercambios de idiomas con sede en Barcelona. Cuando finalizó quería montar su propia empresa, pero necesitaba vivir de cerca la experiencia.
9
Decidió irse nueve meses a Irlanda con sus dos hijas, donde abrió mercado no solo para estudiantes sino, como en su caso, para familias completas o con uno de los padres que quisieran pasar una temporada fuera.