Una empresa malagueña recicla bolsas de plástico para hacer tuberías de riego

Los grandes fardos de plástico usado/MIGUE FERNÁNDEZ
Los grandes fardos de plástico usado / MIGUE FERNÁNDEZ

Replasur emplea como materia prima para sus productos hasta un millón de kilos de este material que les proporcionan cartoneros y lavanderías industriales

Ignacio Lillo
IGNACIO LILLOMálaga

El plástico, sobre todo cuando se presenta en forma de bolsa para la compra, se ha convertido últimamente en el enemigo público número uno para el medio ambiente. Todos los focos de los ecologistas y de los gobiernos están puestos en el control de su distribución, por sus consecuencias negativas para la fauna marina. Pero también hay empresas que sacan el lado positivo de un producto considerado maldito. Es el caso de la malagueña Replasur, una empresa fundada hace casi cuarenta años y que se dedica a fabricar kilómetros de tuberías para riego en el campo a partir del plástico reciclado. Cada año su planta del polígono Santa Teresa elimina de la circulación un millón de kilos de este material.

«Todo el mundo está en contra de la bolsa, pero es un producto económico, tecnológicamente importante, que da muchos puestos de trabajo y que no tiene la culpa de que la maltratemos y se vaya al mar, somos nosotros los que la usamos mal». José Luis Delgado, propietario de Replasur, defiende su materia prima después de toda una vida dedicada a la reutilización en la industria del plástico, al frente de varias factorías desde hace casi medio siglo.

Los orígenes del negocio están, según relata, en un momento de carestía. Uno de sus primeros negocios fue una factoría de envases, todavía en la época franquista. «Escaseaba la materia prima, así que monté esta empresa para recopilar material». Durante décadas hicieron botellas y garrafas para las cooperativas de aceite y las fábricas de lejía, y llegó a tener plantas en Granada y Sevilla, que vendió años atrás. Finalmente, se quedó con dos negocios, de los que una se dedica al reciclado y la otra a la fabricación de las conducciones de riego por goteo.

Sacando el lado positivo de un producto considerado maldito / M.F.

Para poder trabajar consumen esencialmente bolsas, film y embalajes de las fábricas, entre otros. Lo más fácil sería obtenerlos de los vertederos municipales, que son los mayores yacimientos. En cambio, el veterano empresario critica que estas instalaciones están controladas por la entidad Ecoembes, que tiene el monopolio. «El plástico tiene un valor, la economía está por encima del medio ambiente», asegura.

Por tanto, y puesto que es imposible abastecerse por ese cauce, Replasur ha creado su propia red para obtener materia prima, y tienen acuerdos con las grandes lavanderías industriales, que usan miles de bolsas de gran tamaño para la ropa de los hoteles de la capital y la Costa del Sol. También reciben aportaciones periódicas de cartoneros que se dedican a recoger estos materiales y se los venden.

La plantilla oscila entre las diez y las quince personas, en función de la carga de trabajo, con turnos de 24 horas. El proceso comienza con la clasificación y la limpieza de los grandes fardos de plástico, donde se mezclan bolsas, fundas para la ropa, sacos y todo tipo de embalajes. En cambio, nunca emplean envases tales como las botellas.

Tapones reciclados por una buena causa

Es muy probable que alguna vez se haya preguntado si realmente es cierto que los tapones de las botellas de plástico que a menudo le piden en colectas en las oficinas y en los colegios tienen un valor económico. Pues la respuesta es afirmativa. En un corcho de la oficina de Replasur en el polígono Santa Teresa están las fotocopias de los documentos de identidad de medio centenar de personas. Se trata de particulares y representantes de varias ONG de la provincia, a los que la empresa les compra periódicamente los tapones que recogen en colectas y contenedores, y que destinan los fondos a causas sociales o a familias con dificultades económicas. José Luis Delgado, propietario de la empresa, explica cómo se recicla y se vende este material, que tiene unas características especiales.

Una vez lavada, troceada y reciclada, la materia prima resultante se vende a su vez a otro fabricante, que lo convierte en cajas de plástico de las que habitualmente se utilizan para la distribución y transporte de fruta a granel en los mercados. «Con esto no ganamos dinero, pero cubrimos los gastos y así ayudamos a personas que lo necesitan». Por eso, sólo compran aquellos que proceden de personas o entidades que acreditan una causa social.

Estos se clasifican, para quitar lo que no sirva; se muelen, se lavan, centrifugan y secan. Posteriormente, pasar a una máquina que convierte el material primario en unas pequeñas piezas con forma de lentejas de color negro, que es polietileno reciclado.

Este se introduce en una cadena de producción automática, que moldea millones de kilómetros de líneas de riego para el campo, con distintos calibres y capacidades de presión. Uno de sus productos ya incorpora los goteros, con un flujo de 2,5 litros por minuto, para ahorrar agua. La empresa distribuye todos los componentes necesarios para el trabajo de los agricultores, e incluso la tecnología necesaria para su gestión a distancia, con aplicaciones para programar y activar el riego a través del móvil. También ofrecen asesoramiento sobre los planes de producción de las fincas. Es un trabajo de campaña, y las ventas dependen de las estaciones y de la meteorología, en función de la sequía o de la abundancia de agua.

La empresa, la única en su género en Málaga, tiene una tercera faceta, que es la fabricación de tapones para botellas. Actualmente, distribuyen su producción en toda Andalucía y en Marruecos. «Hacemos una gran labor social porque retiramos mucho plástico; algo que es basura, mire en lo que se convierte», concluye José Luis Delgado. Desde luego, es una forma diferente de mirar a las denostadas bolsas de plástico.

Así es el proceso

Compra de la materia prima y clasificación
Lavanderías y cartoneros aportan el material. Al llegar se clasifica a mano para eliminar impurezas. Se emplean bolsas, embalajes y fundas, pero no los envases (como las botellas)
Lavado, secado y molienda
La materia prima se lava, se seca y se muele con distinta maquinaria hasta dejarlo reducido a escamas de plástico
Obtención del polietileno reciclado
El resultado se introduce en otra máquina que lo convierte en unas pequeñas piezas con forma de lentejas de color negro, que es el polietileno reciclado
Tuberías y piezas para el riego en el campo
El polietileno se moldea en una línea de producción automática, hasta obtener tuberías de riego de diversos calibres, tamaños y presiones. Algunas ya vienen equipadas con goteros para el ahorro de agua. También fabrican las piezas de unión. Se venden en Andalucía y Marruecos