Los empresarios exigen reciprocidad a China

Se muestran frustrados ante la falta de reformas y apoyan en voz baja las decisiones de Trump en la reabierta guerra comercial y tecnológica

ZIGOR ALDAMA SHANGHÁI.

'Ha habido un error y la página no se puede mostrar'. Ese es el mensaje más habitual que leen en sus pantallas quienes tratan de acceder desde China a multitud de páginas web y servicios 'online' del extranjero. Nada de hacer búsquedas en Google, contar la vida en Facebook o comunicarse por WhatsApp. No en vano, diferentes instituciones internacionales señalan que solo Corea del Norte restringe más el acceso de sus ciudadanos a internet. Y las trabas que China pone para operar en su territorio son múltiples: las empresas tienen que plegarse a la férrea censura del gigante asiático -una de las razones que Google adujo para justificar su salida del país en 2010-, deben guardar los datos de sus usuarios en servidores chinos -algo que provocó polémica cuando lo hizo Apple-, y colaborar con las autoridades si los requieren.

Esta coyuntura también ha llevado a una situación paradójica: todos los fabricantes chinos de móviles utilizan y dependen por completo del sistema Android que desarrolla Google, lo que repercute en pingües beneficios para la empresa californiana, pero bloquean sus aplicaciones. Desde Gmail hasta los mapas, solo el traductor de Google está operativo en China.

Aunque Huawei ha asegurado que lleva tiempo desarrollando su propio sistema, denominado Hongmeng según el portal Huawei Central, lograr un éxito similar al de Android no sería fácil. En primer lugar, porque resulta muy complejo -solo Apple lo hace y otros como Windows o Firefox han fracasado estrepitosamente en sus intentos-; y, en segundo lugar, porque habría que ver si los usuarios fuera de China se sentirían seguros utilizándolo.

En cualquier caso, Huawei fabrica mucho más que móviles. De hecho, sus esperanzas están puestas en las futuras redes 5G, llamadas a revolucionar el mundo de las telecomunicaciones por la baja latencia que permite a cada torre gestionar muchas más conexiones. Huawei es líder de este sector, y, ayer, su presidente y fundador, Ren Zhengfei, aseguró en una entrevista con la agencia oficial Xinhua que esos productos no se verán afectados por el veto estadounidense.

Pero Trump no es el único enemigo de las empresas chinas. Un importante porcentaje de empresarios extranjeros establecidos en el país exigen a Pekín reciprocidad para que sean bienvenidas fuera de sus fronteras. «No es justo que Huawei pueda extender sus redes 5G por todo el mundo mientras China mantiene cerrado a cal y canto el sector de las telecomunicaciones. Puede que las formas de Trump no sean las más adecuadas, pero las razones que le llevan a tomar las medidas que está aprobando son lícitas. China se aprovecha de un mundo abierto y muchas de sus empresas sirven a intereses estatales, mientras sus dirigentes hablan de reformas que no se llegan a concretar o que lo hacen cuando ya es tarde», comenta un empresario español en Shanghái que prefiere mantenerse en el anonimato. «Va siendo hora de que el mundo despierte», apostilla.

Esta crítica se recoge en el último informe de la Cámara de Comercio Europea en China. «A pesar de que se han producido algunos avances, se han visto eclipsados por el estancamiento, e incluso la regresión, en otras áreas», resume el texto. «Aunque se habla de una mayor apertura, es evidente que China continúa apoyando a sus empresas estatales, que el Partido Comunista interfiere en los negocios, y que han aumentado los casos de transferencia forzosa de tecnología», señala.