La crisis que viene pasará rozando a una España mucho más vulnerable que en 2007

La ministra de Economía, Nadia Calviño. :: Javier Cebollada / efe/
La ministra de Economía, Nadia Calviño. :: Javier Cebollada / efe

La economía afronta la desaceleración de la eurozona con una deuda de casi el 100% del PIB y una tasa de paro del 14%

EDURNE MARTÍNEZ MADRID.

Los datos del PIB lo confirman: la eurozona está viviendo malos momentos económicos. La OCDE ha reducido ocho décimas su última previsión de crecimiento hasta el 1% para 2019 y el FMI también la ha recortado hasta el 1,3%, lo que, unido a la guerra comercial de Estados Unidos y China y los conflictos geopolíticos como el 'brexit', crea el cóctel perfecto para que España, aunque aguanta, esté pendiente de un hilo. Los últimos datos del INE del cierre de 2018 revelan un crecimiento mucho más fuerte que la media de sus socios europeos (2,5%), pero el más bajo desde 2014. Después de tres años acostumbrados a tasas por encima del 3%, los expertos coinciden en que el sector exterior puede recortar mucho las previsiones de avance para este año y el siguiente por la caída del volumen de exportaciones.

La cuestión de análisis es si España conseguirá aguantar en una posición estable de crecimiento o el sector exterior la debilitará tanto como para caer en una nueva crisis. El FMI reunido esta semana en Washington dio una buena puntuación a la economía española, ya que en su informe prevé un crecimiento de nuestro PIB que solo se reduce una décima respecto a sus datos de enero; esto, en un contexto exterior como el actual, es muy positivo. Así, el avance se quedaría en 2019 en el 2,1% y en el 1,9% para 2020. Los datos coinciden con el resto de organismos: lo que más afecta al ligero recorte en las previsiones de crecimiento del PIB español es el contexto exterior, sobre todo por la ralentización de Italia y la incertidumbre en torno al 'brexit' ya que Europa es el destino del 70% de las exportaciones españolas.

Las caras de las crisis

«Se ha aprendido mucho de la crisis de 2007 y se han hecho reformas, pero no todas las necesarias» «Vamos a seguir creando empleo. Hay que actualizar a los parados porque hay puestos que no se cubren»

Pero la crisis a la que nos acercamos -afortunadamente- no será como la anterior. Una visión optimista por parte de Robert Tornabell, profesor de Economía, Finanzas y Contabilidad de ESADE, que explica a este periódico que una cosa es una recesión económica (crisis) y otra la desaceleración. En el primer caso deben darse al menos dos trimestres consecutivos en los que el PIB cae por debajo de cero y se reduce el empleo, la producción industrial, la renta nacional, etc. En este contexto, ni siquiera los países con peores datos están en recesión: Alemania solo creció el 1,5% en 2018 e Italia estuvo más cerca porque en el cuatro trimestre tuvo un crecimiento negativo del -0,4%, pero la tasa anual quedó en el +0,9%. «Está en el filo de la navaja», asegura Tornabell.

La causa de la crisis actual es distinta a las otras. En esta ocasión es consecuencia de la disminución del comercio mundial de bienes y servicios «provocada por el proteccionismo de Trump», además de los conflictos políticos de Reino Unido e Italia. En segundo lugar, la recesión que comenzó en 2007 tuvo una duración de varios trimestres consecutivos en países como España y empezó por una burbuja financiera en EE UU, que vendió productos tóxicos (las hipotecas 'subprime') y quebraron muchos bancos de inversión, no solo allí, sino también en Alemania y Reino Unido. La burbuja inmobiliaria de entonces, por el gran número de viviendas construidas, no se está produciendo ahora, según confirma el Banco de España.

Por ello, los expertos dicen que esta se parece más a la que sufrió España en los 90, más suave y con menos incidencia en el mercado inmobiliario. «Estuvo provocada por las primeras empresas de internet, que crearon una burbuja especulativa en Wall Street que contagió a todo el mundo, pero fue de corta duración y no comparable a la de 2007», explica el profesor de Esade.

La ministra de Economía, Nadia Calviño, señaló esta semana que estamos ante un «fin de ciclo» de 20 años en el que la economía española ha vivido momentos «muy intensos». Consideró que ahora que comienza uno nuevo es un «buen momento» para aprender de los errores. Antonio Pedraza, presidente de la Comisión Financiera del Consejo General de Economistas, defiende que sí se ha aprendido de la crisis de 2007 y se han hecho reformas en el sector financiero, mercado laboral y sector público, pero «no todas las necesarias». «El problema del déficit, de la deuda y de la financiación de las pensiones es algo que juega en nuestra contra», explica.

Desempleo estructural

Además del endeudamiento, la vulnerabilidad más fuerte a la que se enfrenta España en un contexto de desaceleración es su tasa de paro, que cerró 2018 en el 14,4% cuando la media de la eurozona es la mitad. El FMI ya ha advertido de que estamos muy cerca de la tasa de «paro estructural». El concepto se refiere al nivel en el que el desempleo ya no se mueve ni para arriba ni para abajo porque no se puede absorber más empleo, ya se ha expulsado a los colectivos de difícil reinserción.

Sobre ello, Alejandro Constanzo, director del gabinete técnico de Asempleo, explica que en nuestro país el paro es muy dependiente del PIB y por eso con la crisis inmobiliaria el sector de la construcción dejó a millones de personas desempleadas que no han conseguido reinsertarse. «Hay que tomar medidas, actualizar a los parados, prepararles», dice Constanzo. Eso sí, tienen claro que sí se va a seguir creando empleo, unos 400.000 puestos este año -en línea con la estimación de Calviño-, aunque reconoce que «cada vez menos». Hay puestos que no se cubren a pesar del número de parados porque hay que estar muy al día: «Los parados de larga duración tienen un encaje complicado».