El G-20 consigue que EE UU y China pacten una tregua en su guerra comercial

Los presidentes de EE UU y China, Donald Trump y Xi Jinping, se estrechan ayer la mano tras la tregua comercial sellada al final de la cumbre del G-20 en la localidad japonesa de Osaka. /  KEVIN LAMARQUE / REUTERS
Los presidentes de EE UU y China, Donald Trump y Xi Jinping, se estrechan ayer la mano tras la tregua comercial sellada al final de la cumbre del G-20 en la localidad japonesa de Osaka. / KEVIN LAMARQUE / REUTERS

Ambas potencias no se aplicarán nuevos aranceles, mientras que Trump levanta el veto a Huawei en las empresas de su país

JOSÉ M. CAMAREROOSAKA.

A las declaraciones altisonantes, advertencias lanzadas a través de las redes sociales y amenazas llevadas hasta el extremo en los últimos días las han sucedido las negociaciones hasta altas horas de la madrugada, la diplomacia y la hora de los técnicos. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha abandonado su perfil más tosco con una imagen conciliadora con el presidente de China, Xi Jinping, a cuenta de la batalla comercial que vienen librando ambas potencias en los últimos meses, con la imposición de aranceles que amenazaba al resto de la economía mundial.

En apenas 24 horas, ambos mandatarios acordaron ayer seguir negociando para ponerse de acuerdo sobre sus relaciones comerciales. Y lo hicieron en el marco de la Cumbre del G-20, que se clausuró en Osaka (Japón), un contexto que ha apaciguado las posturas más beligerantes y ha sacado de cada parte el perfil más sosegado. Después de reunirse durante más de dos horas en un hotel de la ciudad nipona, Trump confirmó que su Gobierno no impondrá nuevas tasas aduaneras a las importaciones desde China. Pero tampoco apuntó que vaya a dejar de imponerlas a las transacciones que ya están gravadas. Por tanto, seguirán las negociaciones entre Washington y Pekín para cerrar un pacto comercial. «Vamos a trabajar con China para ver si podemos llegar a un acuerdo», afirmó. Patada hacia adelante que, al menos, debería servir para calmar los ánimos de los inversores de cara a los próximos meses.

«Si podemos llegar a un acuerdo será un evento histórico», afirmó Trump, quien recordó que Estados Unidos estaba analizando la posibilidad de imponer aranceles a importaciones chinas por valor de más de 300.000 millones de dólares (263.400 millones de euros).

LAS CLAVES«Si podemos llegar a un acuerdo será algo histórico», dijo Trump tras las últimas amenazas Los líderes coinciden en que el comercio fomenta el PIB, pero no hay una sola referencia a los aranceles Lagarde (FMI) asume que los riesgos para la economía mundial «siguen siendo graves»

En esa pausada calma, Trump también anunció otra medida de calado que ha afectado a Huawei en las últimas semanas. Las compañías norteamericanas podrán volver a suministrar material a la tecnológica china dentro del marco del reinicio de las negociaciones comerciales. De esta forma, revierte una decisión por la que prohibía a esas empresas entablar relaciones comerciales bajo la sospecha de que el gigante asiático podría suponer una amenaza para la seguridad nacional. «Enviaremos y venderemos a Huawei una tremenda cantidad de productos que emplean en las cosas que hacen. Y dije que 'perfecto'. Seguiremos vendiéndoles estos productos», afirmó.

Multilateralismo

Desde que el viernes el presidente de Japón, Shinzo Abe, inaugurara la cumbre del G-20, todas las miradas se centraban en los líderes norteamericano y chino. De ellos dependía, además de sus relaciones comerciales, las del resto del mundo. Y haber desatascado las primeras dio un amplio consenso para las segundas.

No fue nada fácil que Trump aceptara estampar su firma en un documento que se pronunciara «a favor de los fundamentos del libre comercio» y del «crecimiento económico» en medio de las tensiones globales. Pero se consiguió. El texto final de este G-20 que se presentaba descafeinado en sus conclusiones afirmó que los líderes mundiales «estuvieron de acuerdo en su determinación por favorecer el crecimiento económico», a la vez que mostraron su «ansiedad y descontento en el contexto de globalización» e incluso por «el sistema comercial global», explicó el primer ministro nipón, Shinzo Abe en la clausura.

El Grupo de los Veinte «fue capaz de reafirmar los fundamentos del libre comercio», según Abe, quien destacó en particular el respaldo del G-20 a «lograr mercados abiertos, libres y no discriminatorios» y «un terreno de juego justo». «Es difícil encontrar una solución a tantos desafíos globales de una vez, pero hemos logrado mostrar una voluntad común en muchas áreas», afirmó el primer ministro nipón. Los intereses de cada una de las partes en un encuentro de alto nivel como éste -la próxima edición, en 2020, tendrá lugar en Arabia Saudí- son difíciles de coser. Por eso, los comunicados apelan a expresiones muy genéricas, pero lo suficientemente claras como para dar sentido a la intencionalidad de los mandatarios.

También reconocieron los «claros riesgos a la baja en la economía global» que tienen todas estas restricciones, por lo que se mostraron de acuerdo en su «determinación por favorecer el crecimiento económico» y también de reformar la Organización Mundial de Comercio (OMC). De hecho, la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, reconocía ayer que «la inversión se ha debilitado y el comercio se ha desacelerado significativamente, por lo que ve que los riesgos para la perspectiva siguen siendo graves».

Sin embargo, los hábiles negociadores de EE UU y China consiguieron que en el texto no se incluyera ninguna mención al auge del proteccionismo. Tampoco hubo referencia oficial alguna a posibles sanciones que los participantes en la cumbre pudieran haber impuesto a potencias como la norteamericana o la china. Pero esa propuesta decayó porque el poder de ambas economías es demasiado elevado.

Sin unanimidad climática

Más allá del comercio, el otro de los grandes temas que trataron los líderes reunidos en la cumbre del G-20 fue el de las consecuencias económicas del cambio climático. Todos los países, excepto Estados Unidos, reafirmaron la «irreversibilidad» de los Acuerdos de París y se comprometieron a la «plena implementación» de sus medidas nacionales contra el cambio climático. No fue posible el consenso, porque Donald Trump nunca se ha mostrado de acuerdo con esta posición.

En cualquier caso, el G-20 «reafirma su compromiso para la plena implementación» de las medidas pactadas en París en 2016 y se fija el horizonte de 2020 para «actualizar las contribuciones nacionales» a la lucha común contra el calentamiento global, según indica la declaración final. En el documento se añade un punto en el que EE UU «reitera su decisión de retirarse de los Acuerdos de París porque suponen una desventaja» para sus trabajadores y contribuyentes.

Los firmantes lograron encontrar un terreno común frente a la crisis climática y pese a las divergencias entre sus miembros. En realidad, se consiguió que no se diera un paso atrás, como temían algunos de los participantes más activos en esta cuestión, como España. Fuentes diplomáticas señalaban que se le había «torcido el brazo» a EE UU al haber conseguido un pacto de mínimos entre el resto de países.

En el texto se señala el «fuerte compromiso» de EE UU para la protección medioambiental y reconoce a este país como «un líder global en la reducción de emisiones». Y ello aún con su retirada unilateral de los compromisos de París, además de que se abstuvo de firmar una declaración común similar en la anterior cumbre del G-20 de Argentina.

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