China anuncia más aranceles a la base económica de EE UU y asusta a las bolsas

La Fed no ve «ningún precedente reciente que guíe una respuesta política a la situación actual», con «riesgos «significativos» de crisis

J. A. BRAVOMADRID.

China dio ayer otra vuelta de tuerca en su guerra arancelaria con Estados Unidos, que empezó en enero de 2017 al llegar Donald Trump a la Casa Blanca, y azuzó el temor entre los mercados bursátiles a que la temida nueva crisis económica pueda estar un paso más cerca. Y es que este otoño se van a cruzar nuevas tasas sobre sus importaciones anuales respectivas de productos por valor de 338.700 millones de euros.

La actuación de las autoridades de Pekín es su respuesta a la última tanda de gravámenes comerciales anunciada por la Administración Trump, que entre el 1 de septiembre y el 15 de diciembre elevará la presión fiscal con una tipo adicional del 10% sobre adquisiciones de mercancías chinas por valor de 300.000 millones de dólares anuales (270.990 millones de euros), incluidos teléfonos móviles y ordenadores portátiles.

Esas medidas -según los dirigentes chinos-, además de «causar un gran perjuicio a los intereses» de ambos países y de terceros -la desaceleración económica de la UE, en especial de la zona euro, es más severa y Alemania, potencia exportadora, está a un paso de entrar en recesión-, «amenazan gravemente los principios del libre comercio y el sistema multilateral». Pero desde Washington acusan de algo similar a Pekín, pues según Trump «han robado nuestra propiedad intelectual a razón de cientos de miles de millones de dólares al año y quieren seguir».

En su primera respuesta a los nuevos aranceles chinos, de nuevo a través de la red social Twitter, ayer el presidente estadounidense llegó a afirmar incluso que no necesitan a la gran potencia asiática. «Francamente, estaríamos mejor sin ellos», para acto seguido emplazar a las grandes compañías de su país a comenzar con urgencia a «buscar una alternativa a China, que incluya traer las empresas (deslocalizadas) a casa y hacer sus productos en EE UU».

Su gabinete estudia ya otra nueva escalada de tasas para responder a los aranceles adicionales de Pekín. En concreto, desde el 1 de septiembre serán un 10% más altos para distintos productos como la carne de vacuno y cerdo estadounidenses, y de un 5% para las importaciones de soja o petróleo. Para el 15 de diciembre quedarían otros gravámenes extra similares: del 10% para café, cítricos y diferentes clases de automóviles, frente al 5% para varios componentes de vehículos.

«Un nuevo orden»

«China golpea de nuevo donde más le duele a Trump», advierte Aitor Méndez, analista financiero del 'broker' de mercados IG, pues «sus principales graneros de votos» -habrá elecciones presidenciales en noviembre de 2020- son las zonas rurales y las áreas industriales, de donde salen la carne, la soja o los automóviles que serán penalizados. Desde Pekín se justifican en que sus medidas son una «respuesta forzada» al proteccionismo comercial de Estados Unidos, a la vez que emplazan a sus autoridades a «cooperar» para «llegar a una solución aceptable para ambos y de beneficio mutuo».

Los líderes de la segunda mayor potencia mundial estiman que juntos deberían «construir activamente un nuevo orden económico y comercial». Pero la última respuesta de Trump parece amenazar la continuidad de las conversaciones bilaterales que se retomaron en julio. EE UU importó en 2018 bienes chinos por valor de 539.675 millones de dólares, y China hizo lo propio con productos estadounidenses cuantificados en 120.148 millones de dólares.

Mientras, el presidente de la Reserva Federal (Fed) de EE UU, Jerome Powell, reprochó ayer de forma velada a la Casa Blanca su estrategia comercial. La política monetaria es una «herramienta poderosa», dijo en la cita anual que los principales bancos centrales del mundo mantienen hasta hoy en Jackson Hole (Wyoming), pero «no puede proporcionar un libro de reglas establecido para el comercio internacional». Trump le acusó de «hablar sin saber», al tiempo que insinuó que junto al propio presidente chino, Xi Jinping, Powell podría ser «nuestro peor enemigo».

El responsable de la Fed sigue ajeno a la presiones para volver a bajar tipos, pendiente de como la «incertidumbre comercial» ha acentuado el «deterioro de las perspectivas de crecimiento mundial», con «riesgos significativos» de que la evolución vaya a peor y se confirme la crisis que empieza a verse ya cercana. «No hay ningún precedente reciente que guíe una respuesta política a la situación actual», advirtió Powell, preocupado por la «fuerte» reacción de los mercados a esta «imagen completa y turbulenta». Ayer las principales bolsas europeas perdieron entre un 0,5% y un 1,5% -el Ibex bajó ocho décimas-, las sudamericanas cedieron más de un 2,5% y las estadounidenses también más de un 2%.