El Banco de Inglaterra advierte de que el 'Brexit' puede hundir el precio del 'ladrillo'

De no haber una salida pactada con la UE, que aprecia aún «diferencias sustanciales», teme que la vivienda pueda perder un 35% su valor actual

J. A. B.

madrid. El mercado inmobiliario británico puede sufrir un ajuste severo a consecuencia del 'brexit', algo que se ya venía temiendo desde hace meses aunque ha sido ahora cuando el poderoso Banco de Inglaterra ha concretado algo más los riesgos. Según un informe presentado por el gobernador Mark Carney al gabinete de Theresa May, incluso podría llegar a producirse un colapso al dispararse el coste de las hipotecas y los tipos de interés mientras se desplomaría el valor de las viviendas entre un 25% y un 35% en tres años.

Varios medios ingleses se hicieron ayer eco de ese documento, presentado en una reunión privada en Downing Street donde Carney hizo un análisis con claras connotaciones negativas, incidiendo asimismo en los efectos perniciosos para el mercado laboral de la salida del Reino Unido fuera de la UE. En este sentido llegó a afirmar que la tasa de paro subiría por encima del 10%.

Pérdida de inversiones exteriores -con el consiguiente lastre para las operaciones de la 'City' londinense- y problemas en el desarrollo de los enlaces de transporte hacia Europa, tanto a través de aerolíneas como del tren Eurostar, fueron otros de los peros argumentados por el responsable del supervisor financiero británico. El panorama dibujado por él, según señalan diarios como 'The Guardian', resultó tan sombrío que incluso llegó a comparar el escenario económico 'post-brexit' con el colapso de 2008.

La libra esterlina sería otro de los páganos de esa controvertida decisión política, aprobada por la mínima vía referéndum en junio de 2016, al sufrir previsiblemente una fuerte caída en su valor. También volverían, a priori, los elevados costes del 'roaming' telefónico (el pago por las llamadas hechas en tránsito desde otro país) y se complicaría la homologación de los permisos de circulación, sin olvidar en general que aumentarían los obstáculos en las relaciones empresariales entre Reino Unido y los países de la UE.

«Progresos» recientes

Pese a ello, el Gobierno de Londres parece no conceder importancia especial a las «diferencias sustanciales» que aún persisten con Europa para alcanzar un acuerdo -por ejemplo, en el protocolo que se aplicaría a Irlanda e Irlanda del Norte-, señaladas ayer por Michel Barnier, el negociador jefe de la Unión en este espinoso asunto. Reconoció, no obstante, que ha habido «progresos» en los últimos días y ha mantenido un «diálogo útil» con su homólogo británico, Dominic Raab, quien ve el acuerdo «más cerca» para que la salida pueda realizarse de forma consensuada el 30 de marzo de 2019.

Por si acaso, el Ejecutivo británico ha acelerado sus planes de contingencia en el supuesto de no haber acuerdo. En público, sin embargo, y para restar importancia a esa circunstancia, Raab ha defendido que deberán abonar una suma «sustancialmente» inferior a la prevista si se frustra la negociación, respecto a los 39.000 millones de libras (43.680 millones de euros) pactados hace un año para ese 'divorcio'.

El propio ministro, eso sí, reconoció -aunque sin llegar a la alarma levantada por el Banco de Inglaterra- que en un escenario de no acuerdo «afrontaríamos ciertos riesgos y problemas a corto plazo». «Debemos ser honestos con eso», admitió.

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