Los bancos cierran en Málaga más de 600 sucursales en la última década

Los bancos cierran en Málaga más de 600 sucursales en la última década

La crisis, la digitalización y la fusión de entidades reducen hasta casi la mitad el parque de oficinas de la provincia y dejan a una veintena de municipios pequeños sin delegaciones

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

El hasta hace no mucho frondoso paisaje bancario de Málaga cada vez tiene más claros. Los bancos cerraron en 2017 su noveno ejercicio consecutivo de reducción de sucursales, que en el inicio de la crisis, en 2008, ascendían a 1.407 oficinas en la provincia. Ya solo quedan 801 delegaciones operativas, según los últimos datos del Banco de España, correspondientes a diciembre del año pasado. La situación se recrudece en los municipios pequeños, donde cientos de vecinos están obligados a desplazarse a otros pueblos para realizar las gestiones que requieran atención presencial. En cerca de una veintena de localidades malagueñas, más del 16 por ciento del total de la provincia, no hay sucursales. La crisis económica, la fusión de entidades y el proceso de digitalización han acelerado la destrucción de oficinas en un sector, el bancario, que atraviesa su mayor reconversión en las últimas décadas.

Para encontrar poco más de 800 oficinas bancarias en Málaga, como hay ahora, debemos remontarnos casi tres décadas atrás. La proliferación de aplicaciones para dispositivos móviles y la facilidad de gestionar las cuentas desde casa resultan fundamentales para comprender este cambio, aunque la llegada de las nuevas tecnologías no es la única razón ni el detonante de la reducción de sucursales. La estrechez de los márgenes de beneficios, marcada por los bajos tipos de interés que inundan Europa, han complicado el camino de las entidades bancarias, que tratan de ganar en eficiencia y rentabilidad aumentando ingresos a través de comisiones pero también reduciendo gastos. Como consecuencia, los bancos han ido cerrando de forma paulatina sus oficinas con menores beneficios.

El sector vivió su particular época dorada en los años previos a la crisis, cuando el grifo de los préstamos y las hipotecas parecía inagotable, un castillo de naipes que aún no ha acabado de derrumbarse. Los bancos y las cajas de ahorro incrementaron su red de oficinas en Málaga un 53 por ciento entre 2000 y 2008, coincidiendo con el auge de la construcción y la especulación inmobiliaria. Este aumento produjo un efecto llamada por el potencial del negocio hipotecario en la Costa del Sol. Cuando la burbuja estalló, los números dejaron de cuadrar. Fue una situación global, pero en algunos lugares se hizo notar más que en otros. En la provincia malagueña, como resultado del salvaje incremento de sucursales de años anteriores, la caída resultó especialmente dolorosa y destruyó cientos de empleos. Málaga, con una de la mayor red de oficinas bancarias del país, ocupa la sexta posición en el cierre de sucursales. Solo la superan Barcelona, Madrid, Valencia, Alicante y Sevilla.

83.405 empleos menos entre 2008 y 2017

En cuanto al empleo, desde la AEB recuerdan que la digitalización «no hace obsoleto el trabajo humano, porque los empleados son el principal activo de los bancos y su formación para atender al cliente es creciente». Frente a este escenario, los perfiles de empleados especializados en el asesoramiento financiero «cobran cada vez más importancia», explica la asociación. Los sindicatos, sin embargo, critican la disminución de las plantillas y «una desmesurada presión comercial» que provoca «la prolongación sistemática de las jornadas de trabajo», que en muchas ocasiones «ni se reconocen por las empresas, ni se pagan, ni se cotizan a la Seguridad Social». A nivel nacional, los bancos y las cajas de ahorro han perdido 83.405 puestos de trabajo desde el año 2008 al 2017, más del 30 por ciento de la plantilla del sector, que el año pasado contaba con 187.450 trabajadores, según datos del Banco de España. En 2017 se perdieron 1.830 empleos respecto a 2016, a los que habrá que añadir las salidas que se producirán por los diversos Expedientes de Regulación de Empleo (ERE) en ejecución este año (Ibercaja, Liberbank, EVO Banco, Santander-Popular, Bankia) y que supondrán más de 3.000 nuevas bajas.

¿Están las oficinas bancarias condenadas al cierre? El portavoz de la Asociación Española de Banca (AEB), José Luis Martínez Campuzano, considera que las sucursales «seguirán siendo fundamentales como centros de asesoramiento y venta de productos de mayor valor añadido» y advierte de que los clientes «cada vez demandan más seguridad, transparencia, comodidad e inmediatez en sus decisiones financieras». Los números, sin embargo, resultan aplastantes; en la última década han desaparecido 78 entidades bancarias y han cerrado más de 18.000 delegaciones, una tendencia que continuará en los próximos meses y que ya causa estragos en las localidades más pequeñas, donde mantener una oficina abierta ha dejado de ser rentable. El riesgo de exclusión financiera parece imparable. El gobernador del Banco de España, Luis María Linde, insistía en su última comparecencia en el Congreso que vivimos en un país «excesivamente bancarizado».

La brecha digital convierte el cierre de sucursales en un problema social. No todo el mundo tiene acceso a dispositivos móviles ni maneja Internet como para llevar sus propias cuentas a golpe de clic. Ante este escenario, los bancos estudian alternativas que permitan combinar una reducción de gastos con la necesidad de no dar de lado a cientos de comarcas y localidades. La AEB ha propuesto la creación de oficinas multimarca donde tengan cabida varias entidades para atender a las poblaciones más pequeñas; rebajaría costes y posibilitaría mantener la presencia bancaria en estos municipios. Algunas entidades como Sabadell han recibido la propuesta con los brazos abiertos, mientras que otras como Ibercaja ya han descartado esta posibilidad. En algunos casos se barajan alternativas como las oficinas móviles (en autobuses), estrategia que ha calado entre firmas como Bankia.

Planes de negocio

La mayoría de entidades ha puesto en marcha planes de transformación digital en los últimos años. Es el caso de Unicaja, que sustenta su estrategia sobre tres pilares: la promoción digital para la generación de negocio, la reconversión integral de procesos y la analítica avanzada con el foco en los resultados. El grupo bancario malagueño tiene cerca de 200 sucursales abiertas en la provincia, según sus datos, en un empeño por «no renunciar a la filosofía de mantener la cercanía y proximidad con el cliente». Las reticencias entre los clientes a operar desde dispositivos móviles parece cosa del pasado; más del 60 por ciento de las operaciones electrónicas en Unicaja se han realizado a través de los 'smartphones'.

La reconversión, sin embargo, está siendo traumática para muchas entidades. La bajada de los tipos de interés y la irrupción de las 'fintech', empresas tecnológicas que ofrecen servicios de pago como PayPal y con las que a menudo compiten en desigualdad de condiciones por la compleja regulación financiera, suponen la punta del iceberg con que la banca española tropezó tarde y mal. Para disminuir los daños, el sector se ha aferrado a nuevas comercializaciones y al desarrollo de 'apps'.

 

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