Los avisos de moderación económica llegan en el peor momento para la recuperación

Un grupo de turistas en la ciudad de Valencia este verano. :: EFE/
Un grupo de turistas en la ciudad de Valencia este verano. :: EFE

La etapa de auge toca techo, influida por el contexto mundial, a la espera de que el Gobierno actúe para evitar una futura crisis

JOSÉ M. CAMARERO MADRID.

El semáforo del crecimiento económico se ha puesto en ámbar en pleno verano. España ha tocado techo después de tres años consecutivos en los que la actividad del país mejoraba a un ritmo del 3%. Pero ya no consigue mantener ese ritmo. Ningún experto se atreve a pronunciar la palabra 'crisis', porque crecer al 2,7% -como el Gobierno prevé para este ejercicio- no es sinónimo de recesión. Pero igual que ocurrió hace ahora una década, expresiones como 'desaceleración', 'moderación', 'freno' o 'al ralentí' se cuelan entre las perspectivas de las principales casas de análisis. Las señales de que la economía calmará la esfervescencia de consumo interno, exportaciones y creación de empleo en la que ha vivido desde 2015 son cada vez más certeras.

Por caprichos del calendario político, esta realidad llega justo cuando se ha producido un relevo al frente del Ejecutivo, después de la moción de censura contra Mariano Rajoy a finales de mayo. Desde entonces, todas las estadísticas han aflojado el ritmo que mantenían. Ningún analista lo achaca al Gobierno de Pedro Sánchez, pero sí advierten de que está en sus manos cómo pueda sortear España esta nueva etapa de un ciclo que se agota.

Los analistas evitan dotar de dramatismo a la situación, aunque no rehuyen de los datos más recientes que confirman un freno económico. «El crecimiento se irá enfriando poco a poco», sostiene Carlos Martínez, presidente de IMF Business School. «Tampoco será un bofetón», aclara. A este experto le preocupan los últimos registros actualizados en torno al turismo, aunque indica que «se puede mantener el nivel de gasto de los visitantes». Tampoco ve clara la evolución del empleo. Y estima que la creación de puestos de trabajo crecerá en 200.000 personas en esta segunda parte del año, frente a las 270.000 estimadas para este periodo. Para completar este cóctel, la inflación supera el 2%, perjudicando todo tipo de actividad.

Las señales más recientes que anticipan la moderación proceden de la predicción del PIB (Producto Interior Bruto) en tiempo real que elabora la Autoridad Independiente de Responabilidad Fiscal (AIReF). El PIB del tercer trimestre lleva camino de cerrar más cerca del 0,6% intertrimestral que del 0,7% anterior. Y entre octubre y diciembre, este indicador ya se encuentra por debajo del 0,6%. Además, el termómetro de la economía, del que también se vale este organismo fiscal, lleva un mes y medio a la baja, confirmando la etapa de desaceleración económica con respecto a las previsiones iniciales. También el indicador de la OCDE registran un descenso continuo de su indicador desde el mes de enero. Y para rematar, el jueves el BCE actualizaba a la baja sus previsiones de la Eurozona en una décima para este año y el próximo.

En estas condiciones, Javier Díaz Giménez, profesor de Economía del IESE, pronostica que este tercer trimestre en el que nos encontraremos «será peor que el segundo». Este experto no olvida que son muchos los factores externos que han llevado a esta situación. Por ejemplo, «la primavera económica de la zona euro ha sido un fiasco», admite. Y esa circunstancia tiene su reflejo en la española. También alude al precio del petróleo, con el barril cotizando en el entorno de los 78 dólares, un 56% mayor que a principios de año. A esta circunstancia se une el fin de las compras de deuda pública, que el BCE dará por liquidadas en diciembre; y la previsible subida de tipos de interés a partir del próximo verano, desde el 0% actual.

Para Antonio Pedraza, presidente de la Comisión Financiera del Consejo General de Economistas, «las debilidades internas que muestra la economía se ven afectadas opr las exteriores». Pero esa realidad no puede eludir el hecho de que «nos encontramos ante un cambio de signo». Pedraza anticipa que «será lento» y que se debe a «un cambio en el ciclo económico general». Este experto explica que «la economía son ciclos, aunque lo único que desconocemos es su duración». A Pedraza le preocupa sobre todo «el hecho de que el consumo haya caído tanto en las últimas semanas frente a los datos del año pasado». Para el profesor Díaz Giménez el dato más relevante es el de las afiliaciones: en agosto, el número de trabajadores aumentó al menor ritmo interanual de los diez últimos años.

¿Qué se puede hacer?

Con estos mimbres sobre la mesa tendrá que ser el Gobierno de Pedro Sánchez el que deba tomar las decisiones económicas y fiscales correspondientes para evitar que España profundice en la desaceleración en la que ya se encuentra. «El principal problema que tenemos es que esta situación a la baja nos pilla aún con casi 3,5 millones de parados», sostiene Carlos Martínez. Esto es, con una recuperación que aún no estaba asentada y a la que le quedaban meses por delante para olvidar los peores años de crisis.

Las medidas en materia tributaria determinarán cómo puede evolucionar la economía. «El Gobierno no tiene por qué empeñarse en que la economía no crezca», advierte Javier Díaz Giménez. «Se puede recaudar más, se puede gastar más, dependiendo de los postulados del Ejecutivo, pero lo que no se puede hacer es incumplir los objetivos de déficit público», avisa. «Eso sí que genera tensión», sostiene.

Las próximas semanas serán clave para comprender la evolución del país. En apenas 15 días se conocerán los datos de paro del mes de septiembre -habitualmente un mes malo-; después, el del PIB final del tercer trimestre; y mientras tanto, un reguero de datos de comercio minorista, consumo que confirmarán las señales menos optimistas frente a la etapa anterior.

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