Alemania recorta a la mitad su previsión de crecimiento y la deja en sólo un 0,5%

Una fábrica de Volkswagen en Alemania. :: reuters/
Una fábrica de Volkswagen en Alemania. :: reuters

Las altas tensiones comerciales mundiales y la incertidumbre del 'brexit' lastran a la mayor economía europea y se teme el efecto contagio

EDURNE MARTÍNEZ MADRID.

El Gobierno alemán ha sido más pesimista incluso que el FMI. Calculan que su economía solo avanzará este año un 0,5% del PIB, recortando así a la mitad su pronóstico de expansión del pasado mes de enero. La culpa la tienen las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China y la incertidumbre en torno al 'brexit', en un país cuyo músculo exportador se ve claramente afectado.

Con estos datos sobre la mesa, aunque Alemania confirma su fase de crecimiento continuado de diez años, la más longeva desde 1966, el crecimiento del 0,5% es el más débil desde 2013, cuando el país germano creció lo mismo. El ritmo de expansión previsto por el Gobierno queda muy por debajo de la media de la eurozona (1,3%), y eso que tampoco está boyante.

Alemania escapó por poco a la recesión técnica en el último trimestre de 2018, pero el impulso que tuvo tras la crisis ha terminado, con un aumento del PIB que pasó del 2,2% en 2017 al 1,5% en 2018. Quien ha sido denominada la 'locomotora europea' por su alto ritmo productor y exportador cree que la mala racha se irá recuperando ya en 2020, año en el que prevén un crecimiento anual del 1,5%. El FMI había sido más optimista en su estimación para este año que el propio Gobierno de Angela Merkel, cifrando en un 0,8% la previsión de crecimiento para 2019, pero rebaja la de 2020 una décima hasta el 1,4%.

Sobre las causas de la desaceleración habló ayer el ministro de Economía alemán, Peter Altmaier, que aseguró que el frenazo mundial por los conflictos comerciales y el proceso del 'brexit' están teniendo un impacto «muy negativo». «La fase actual de debilidad debe ser una llamada de atención», afirmó.

Fuerte demanda interna

Eso sí, durante la presentación del nuevo cuadro macroeconómico, el ministro destacó que el «ímpetu doméstico está intacto». Y es que el mercado laboral se ha desarrollado positivamente durante el final del año pasado y comienzo de este (la tasa de desempleo está en el 3,2%), junto con las subidas salariales (el salario mínimo ha subido un 4% hasta los 1.550 euros y el sueldo medio está por encima de los 50.000), lo que ha provocado un «aumento notable de la renta disponible de los ciudadanos», base para el dinamismo de la demanda interna del país. Pero temen que a pesar de esta fuerza, las nuevas normas europeas anticontaminación y la sequía del año pasado pueden lastrar más de lo previsto sectores clave como el automovilístico y el químico.

De cara al futuro, desde el Gobierno se muestran confiados en que esta fase solo sea un bache que será solventado con la «inversión a niveles récord» del Estado en «infraestructuras, educación e investigación». Por ello, aseguran trabajar para mejorar la competitividad y fiscalidad de las empresas nacionales, así como en mantener el gasto social por debajo del 40%. También existen factores a tener en cuenta a largo plazo que no solo afectan a Alemania, como el envejecimiento poblacional y la falta de recursos destinados a la innovación, que pueden amenazar el atractivo de la economía germana para los inversores.

El FMI tiene miedo de que el parón alemán se traslade al resto de economías europeas que hasta ahora tienen mejores cifras, como es el caso de España, donde prevén un crecimiento del 2,1% para este año, muy por encima del alemán. Por ello, han pedido al Gobierno de Merkel un plan de estímulo e inversiones dado que sus cuentas cuadran, con una deuda pública por debajo del 60% del PIB y un déficit que cerró 2018 en el -1,7%.