Acabar con el déficit en las pensiones exigiría subir un 23% el IRPF o un 17% los salarios

Jubilados charlan sentados en un banco de un parque de Bilbao. :: Mitxel Atrio/
Jubilados charlan sentados en un banco de un parque de Bilbao. :: Mitxel Atrio

La cotización media de un jubilado solo da para pagar 16 años de prestación de los 21 que vive de media, según un informe de Fedea

LUCÍA PALACIOS MADRID.

Uno de los grandes retos -y de los más difíciles- que tiene por delante el Gobierno es lograr la sostenibilidad del sistema de pensiones. Para ello ultima una reforma que no termina de ver la luz, mientras el gasto se sigue disparando: solo en este año se elevará un 6,4% hasta superar los 154.000 millones de euros, en tanto que el déficit se mantendrá estable en el entorno de los 19.000 millones, el 1,6% del PIB.

La pregunta que todos tratan de resolver es: ¿cómo se podría terminar con este agujero en las cuentas de la Seguridad Social? En vista de que no se aprueban medidas dirigidas a solucionarlo, Fedea presentó ayer el informe 'Las pensiones públicas: Mitos y Realidades' en el que ofrecen algunas recetas milagrosas que terminarían de facto con esos 19.000 millones de deuda, pero que son bastante improbables de implantar puesto que o bien suponen un esfuerzo inasumible para los ciudadanos o son difíciles de realizar. Entre las primeras destaca la de elevar el IRPF de todos los contribuyentes un 23%, subir los salarios un 17,1% (de forma que se incrementaría la base de cotización y los ingresos por recaudación) o elevar el tipo medio de cotización que pagan las empresas y trabajadores un 4,8%. Pero también se conseguiría creando 3,6 millones de empleos, algo improbable en el corto plazo.

Este déficit es consecuencia de que durante el periodo de crisis (años 2008-2013) los ingresos disminuyeron en unos 11.000 millones de euros (algo normal si se tiene en cuenta que se destruyeron casi cuatro millones de empleos), pero, en cambio, el número de pensiones creció en un 8% y su cuantía, en un 8,9%, lo que aumentó el gasto en 24.000 millones. La diferencia entre ambos factores son 35.000 millones, lo que deja un saldo negativo de 19.000 millones el año pasado. Casi la mitad de ese déficit se concentra en tres regímenes: el agrario, el del mar y el del carbón, principalmente en el primero, con un agujero de 6.000 millones. Pero paradójicamente solo están dados de alta un 9% del total de cotizantes en esos tres regímenes.

Para cobrar lo cotizado, habría que rebajar la tasa de sustitución al 60% o que el PIB crezca al 3,3%

Pensiones muy generosas

Otro asunto que aborda el informe de Fedea es la generosidad de las pensiones españolas, con el objetivo de acabar con «algunas afirmaciones simplistas» que se escuchan, como la de que «las pensiones españolas son una miseria para lo que pagamos», según precisó el autor del estudio, Miguel Ángel García Díaz. Esto está muy lejos de la realidad, hasta el punto de que son «de las más generosas». Así, la tasa de sustitución (la relación entre la cuantía de la primera pensión con el último salario) se sitúa en el 78,7%, la más alta de toda Europa, a la que supera de media en 28,8 puntos. De igual manera, España sale muy bien parada si se compara la cuantía de la pensión con el salario medio: ocuparía el cuarto mejor puesto.

Otra forma de medir la generosidad es analizar la relación entre la aportación que hace un trabajador y su prestación, y aquí también sale ganando el pensionista. Y es que la esperanza de vida ha aumentado en seis años en el periodo 1975-2015, lo que supone un incremento del 38%, mientras que las aportaciones son «incluso menores», tal y como señaló el profesor García. Esto supone que un jubilado medio no ha cotizado el número de años suficiente para cobrar la prestación durante toda su jubilación (teniendo en cuenta que vive de media 21 años como pensionista). Así, por ejemplo, una persona que haya cotizado los 37 años que se necesitan para cobrar el 100% de la pensión y manteniendo una tasa de reposición del 78%, habría generado derecho a recibir la prestación durante 16,1 años, frente a la esperanza de vida de 21 años (a partir de los 65 años), si se tiene también en cuenta el crecimiento anual del PIB (estimado en torno a un 2% anual). Esto supone que el Estado tendría que cubrir la pensión de los cinco años por los que no ha cotizado. Para cobrar por lo que realmente ha pagado, habría que reducir la tasa de reposición al 60% y tener un crecimiento del PIB del 2%. O bien, si se quiere continuar con la tasa de reemplazo del 78,7%, se necesitaría tener un crecimiento acumulativo del PIB cada año del 3,3% durante este periodo, algo que parece muy improbable puesto que el mejor escenario que se baraja es un alza de la economía del 1,8%. Y es que solo para poder pagar el aumento de las pensiones se necesita un crecimiento del PIB del 1,4%. «La sociedad española no es consciente de la magnitud de las cifras del sistema público», algo que es de «tal volumen» que «exige un gran esfuerzo de todos para su resolución», avisa este experto que asesoró al Gobierno en la reforma de 2013 y que recalca que «no se va a solucionar solo subiéndole los impuestos a los ricos». Y para corroborar esta afirmación puso un ejemplo: «El patrimonio de Amancio Ortega, la tercera mayor fortuna del mundo, es de 85.000 millones. Si le expropiamos todo, solo tenemos para pagar las pensiones hasta julio», concluyó.