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Nadal resurge, Muguruza domina y Federer sigue siendo el rey

Roger Federer y Rafa Nadal, durante un encuentro de la Laver Cup./Reuters
Roger Federer y Rafa Nadal, durante un encuentro de la Laver Cup. / Reuters

El español y el suizo se hicieron con los cuatro 'grandes' de la temporada, mientras que Garbiñe ganó Wimbledon

MANUEL SÁNCHEZLondres

La temporada 2017 fue todo lo que uno no podía esperar. Tras un 2016 en el que Novak Djokovic y Andy Murray se repartieron a partes iguales la mayoría del pastel ATP, el dominio del serbio y el británico parecía que no tendría parón. Con Roger Federer, sin competir desde Wimbledon 2016, y Rafael Nadal, apartado de las pistas en los últimos meses del año, pocos se aventurarían a acertar lo que finalmente ocurrió en el gran evento del comienzo del año, el Abierto de Australia. El primer 'Grand Slam' de la temporada fue un fiel reflejo de lo que sería todo el año y mostró el declive de las grandes figuras, demasiado castigadas por los esfuerzos de 2016 y el ascenso de los que antaño fueron gigantes. Djokovic y Murray cayeron a las primeras de cambio y Nadal, tras una semifinal titánica ante Grigor Dimitrov, y Federer, que superó dos encerronas a cinco sets ante Stan Wawrinka y Kei Nishikori, disputarían en la final uno de los mejores partidos del año.

El primero de los cuatro duelos que enfrentarían al balear y al suizo a lo largo de 2017 se lo quedó el de Basilea, como los otros tres posteriores, en el que supuso su decimoctavo Grande, el primero desde 2012. La batalla, que Nadal tuvo en su mano con 3-1 en el quinto set, supondría el adelanto del resto del año, con ambas leyendas peleando por todos los títulos importantes.

Dominio de Federer hasta la llegada de la tierra

Nadal acompañaría la derrota en Melbourne con otros dos sinsabores en Acapulco y Miami y no sería hasta la tierra batida, cuando su regreso se catapultó. En territorio monegasco capturó su décimo Masters 1.000 de Montecarlo y comenzó una racha en arcilla que le llevaría a alzarse con los títulos de Barcelona y Madrid, con solo una derrota ante Dominic Thiem en Roma, antes de plantarse en París. La décima de Nadal y su primer grande desde Roland Garros 2014 se consagró sin perder un solo set y sin ceder más de cuatro juegos en un mismo parcial. Wawrinka se apuntó seis juegos en la final, Thiem siete en semifinales, y el pobre Bailashvili, rival en tercera ronda, se marchó con un solo juego en el bolsillo. La superioridad sobre polvo de ladrillo del manacorense era manifiesta, pero aún quedaba por ver si podría superar el desafío de la superficie rápida.

La hierba, tras renunciar a Queen's (Londres) por descanso, deparó en una titánica pelea en Wimbledon con Gilles Muller. Un duelo que se decidió en el 28º juego del quinto set a favor del luxemburgués, y que acabó con Nadal destrozado físicamente, pero con las ganas aún de firmar autógrafos sobre la hierba londinense minutos después de acabar su participación.

Tras el pasto, el reto del cemento, donde no se hacía con un título desde 2014. Dos decepciones, primero en Canadá -derrota ante Denis Shapovalov en tercera ronda- y luego en Cincinnati -Kyrgios le derrotó en cuartos de final- trajeron los peores augurios a un Nadal mermado física y mentalmente.

Estos resultados discretos sirvieron para que, en agosto, las bajas de Murray y Federer en Cincinnati le auparan al número uno del mundo, tres años después, por lo que llegó al último 'Grand Slam' de la temporada con la opción de convertirse en el más veterano de la historia en amarrar el trono a final de año.

El Abierto de los Estados Unidos surgió como un soplo de aire fresco, y Nadal, ayudado por el cuadro -no se enfrentó a ningún top 20- y un buen pico de forma, se hizo con un tercera copa en Nueva York y su decimosexto 'Grand Slam' en total. El último al lado de su tío Toni y el que le permitirá soñar con los diecinueve de Federer. La victoria en Flushing Meadows espoleó a Nadal, que, en lugar de sanar sus rodillas, forzó en Pekín, donde ganó, y en Shanghai, donde perdió en la final ante Federer, para luego, a la postre, tener que retirarse en París y la Copa de Maestros, cerrando una temporada inimaginable, pero con un toque agridulce en su final.

Federer, mientras tanto, añadió al título en Melbourne, los Masters 1.000 de Miami, Indian Wells y Shanghai, los ATP 500 de Halle (Alemania) y Basilea, además de la joya de la corona, su octavo Wimbledon. Con todo ese botín, Federer, a sus 36 años, se quedó a las puertas del número uno y con la incógnita de qué dará de sí su físico durante el inminente 2018.

Wimbledon fue la sonrisa de Muguruza

La hispano venezolana, tras un discreto 2016, y después de las lágrimas vertidas al caer en Roland Garros y no poder defender su corona, se liberó de presión y sucedió a Conchita Martínez como última española en conquistar Wimbledon. El segundo 'Grand Slam' de su carrera imprimió de confianza el carácter de la caraqueña, que sumaría en Cincinnati su segundo título del año y subiría al número uno de la WTA por primera vez en su carrera en septiembre, gracias a una temprana derrota de Karolina Pliskova en Nueva York. Durante cuatro semanas, España tuvo a los números uno de la WTA y la ATP, hasta que Simona Halep le quitó el puesto a la española. En 2018 partirá con número dos del mundo y seguirá con el objetivo de limar aún más esa irregularidad que la persigue y le ha denegado la posibilidad de que su reinado perdure mucho más tiempo.

 

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