El 'sabor' del fútbol
MANUEL CASTILLO
Martes, 11 de noviembre 2025, 01:00
Andamos ya metidos en el fútbol de todos los niveles y entre partido y partido apenas queda tiempo para discutir en la barra o en ... la terraza de un bar teniendo que limitarnos a escuchar o ver lo que dicen los demás en prensa, radio o televisión, y cada cual con su particular punto de vista.
A la fuerza, después de tantos años viendo fútbol, recuerdos de viejas vivencias le llevan a uno a esas caminatas por el Paseo de Martiricos de vuelta de un partido que desentrañábamos los amigos y vecinos de localidad de una Rosaleda que cada día nos parecía más grande y más bonita. Valían nuestras opiniones, se entrecruzaban en los sitios de trabajo o en la barra de un bar, y así llegábamos al domingo siguiente (siempre en domingo) dispuestos a repetir, ya fuera otra vez desde la misma Rosaleda o a través de la radio, porque en un largo principio no era tan asequible ver los partidos en televisión. Puede parecer una nimiedad, pero la realidad es que el fútbol de entonces tenía otro 'sabor'. Eran los tiempos en los que los cronistas podíamos viajar con el equipo: hasta que un día eso se acabó y entramos en los tiempos modernos.
Y volando en la imaginación llegamos al Málaga de hoy. De lo ocurrido el sábado en La Rosaleda no puede culparse a la mala suerte porque lo mismo sucedió en el partido de la semana anterior (y en alguno más), encuentros en los que había sumado méritos para ganar. A lo mejor la solución podría estar en el encierro de los futbolistas con un psicólogo que les 'metiera' en la cabeza que los partidos no acaban hasta el pitido final del árbitro. Personalmente empecé evocando el sabor dulce del fútbol antiguo y acabo con sabor amargo tras las dos incomprensibles finales del Málaga. Es de esperar que esta doble experiencia no se eche en saco roto. Ahora es el momento de asumir responsabilidades. El entrenador, cabeza visible del equipo, debe machacar en esa idea, en evitar distracciones que son las que, casi siempre, acaban en el gol que echa por tierra triunfos que estaban casi consolidados. ¡A ver si espabilamos!
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