GP de Brasil

Cuando la Fórmula 1 se disputa en un ring de boxeo

Momento de tensión entre Esteban Ocon y Max Verstappen./
Momento de tensión entre Esteban Ocon y Max Verstappen.

El de Verstappen y Ocon es el último enganchón que ha habido en el 'paddock', pero ni mucho menos el primero

DAVID SÁNCHEZ DE CASTROMadrid

El exceso de adrenalina en un deporte en el que ser agresivo es un rasgo fundamental para ser un buen piloto de Fórmula 1 -«si ves un hueco y no vas a por él, no eres un piloto», decía Ayrton Senna- muchas veces ha llevado a que los corredores llegasen a las manos cuando se quitaron el casco. Lo sucedido en el pesaje del GP de Brasil entre Max Verstappen y Esteban Ocon no es algo habitual, pero tampoco inédito en el 'paddock' del 'gran circo', y hay muchos ejemplos a lo largo de la historia de la competición.

La rivalidad entre los pilotos siempre ha existido, desde antes de que la Fórmula 1 fuese tal. Si bien en los albores del automovilismo, la caballerosidad, la gallardía y la deportividad eran valores que estaban por encima del resto, siempre hubo piques que, no pocas veces, acabaron con los puños apretados, empujones y palabras más altas que otras. No en vano son personas que se están jugando la vida al volante de bólidos que superan velocidades que el resto de mortales no podrán alcanzar nunca en un coche.

Hay muchos ejemplos de peleas en el 'paddock' y de pilotos agresivos. James Hunt, por ejemplo, fue uno de los más agresivos en su tiempo. La imagen del campeón del mundo de 1976 dándole un puñetazo a un comisario en el GP de Canadá de 1977 es uno de los más recordados, o el empujón que le dio a otro en Mónaco, aunque sin llegar a un golpe. Dicen las malas lenguas, y así lo versionaba a su manera la película 'Rush' sobre su vida y la de Niki Lauda, que algún periodista también probó en sus carnes la agresividad del carismático piloto británico.

Si se habla de pilotos agresivos con otros fuera del coche, en cualquier ránking aparece en los primeros puestos Nelson Piquet. El tricampeón brasileño lo fue todo en los años 80, pero también dejó escenas como su pelea a golpes con el chileno Eliseo Salazar en Hockenheim, en 1982. Irónicamente, luego acabaron siendo grandes amigos, algo que no logró con Nigel Mansell, que fue su compañero en Williams aunque ambos iban por su lado -incluso contractualmente-. Las menciones a la mujer del británico eran constantes por parte de un Piquet cuya educación siempre brilló por su ausencia, como demuestran sus feos detalles con sus mecánicos, a quienes ordenaba limpiar su mono de carreras cuando se había orinado -y a veces, algo más- encima durante una carrera. Sonadas también fueron sus enganchadas con Ayrton Senna, que pasó de idolatrarle a no soportarle. Piquet le insultaba constantemente, llamándole «taxista de Sao Paulo» o acusándole de homosexual para menospreciarle.

El propio Senna fue protagonista de uno de los enganchones con más quilates en la Fórmula 1: en 1992, tras abandonar en Francia y Alemania por culpa de sendos golpes de un rival, el legendario piloto brasileño fue al box de dicho piloto y le acabó agarrando el cuello. El nombre de ese joven y alto alemán era Michael Schumacher. Al año siguiente, en 1993, un joven Eddie Irvine recibió un bofetón de 'Magic' Senna por su excesiva agresividad en el GP de Japón, cuando el irlandés por entonces en Jordan se intentó desdoblar mientras el brasileño y Damon Hill luchaban por la victoria.

El temperamento del 'kaiser'

Años después, con Irvine y Schumacher compartiendo en equipo en Ferrari, el propio 'kaiser' fue protagonista de una pelea en la que se demostró su temperamento. Schumacher era bicampeón del mundo, aún, en el GP de Bélgica de 1998, cuando intentando doblar al McLaren de David Coulthard, se chocaron. El alemán entendió que el escocés no le había dejado espacio, y cuando llegó a boxes se fue corriendo a buscarle hecho una furia. Ni siquiera el hoy presidente de la FIA, Jean Todt, pudo frenar al gigante germano, que le dijo de todo a Coulthard. De no ser por un ejército de pilotos de Ferrari, de las palabras se habría pasado a algo más serio.

En la Fórmula 1 son más habituales este tipo de acciones: gritos, broncas o algún gesto, pero sin llegar a las manos. Al menos, en público. Legendaria fue la tormentosa relación entre el citado Senna y Alain Prost. El 'Profesor' nunca fue un compañero fácil -pueden dar fe de ello Niki Lauda o Keke Rosberg-, pero con el brasileño la enemistad trascendió todo lo visto hasta el momento. Hubo un momento en el que no podían estar solos en una habitación, por temor a que llegaran a las manos. Algo similar ocurrió años después con Lewis Hamilton y Nico Rosberg, si bien todo se calmó cuando el alemán se fue de la Fórmula 1 con su único título en el bolsillo.

Hamilton no escapa a este tipo de situaciones, aunque él nunca llegó a estar en primera línea ni a engancharse a puñetazos. Su rivalidad con Fernando Alonso en la McLaren de 2007 acabó con el vehemente asturiano enfrentado con sus ingenieros y especialmente con Ron Dennis, a quien dejó de hablar hasta que el destino les volvió a unir. Ese mismo año, Alonso se las tuvo con Felipe Massa en el GP de Europa de 2007, cuando se llamaron de todo mutuamente. Ambos compartieron luego equipo, en Ferrari, pero nunca amistad. Aquel «Felipe, Fernando es más rápido que tú» aún escuece en casa del brasileño.

 

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