El último adiós a Diego Carrasco

Manolo Rincón, patrocinador del Rincón Fertilidad y amigo de Diego Carrasco, esta tarde en el cementerio./Salvador Salas
Manolo Rincón, patrocinador del Rincón Fertilidad y amigo de Diego Carrasco, esta tarde en el cementerio. / Salvador Salas

Jugadoras, familiares, amigos y autoridades de la provincia se despidieron del técnico malagueño en un emotivo funeral

M. R.

Ahí está el destino, demostrando otra vez que puede mover los hilos a su antojo. Recordándonos día a día que parte fundamental de la vida es comprender y asumir la muerte, que todo tiene su fin. La única forma de seguir vivo es intentar dejar huella, perpetuar un recuerdo. Él lo consiguió y por ello, no se irá nunca. El pasado jueves 18 de julio, a los 49 años y de la noche a la mañana se marchó uno de los principales revolucionarios del balonmano femenino malagueño, Diego Carrasco. Toda una vida dedicado al deporte que tanto amaba y, sobre todo, dos décadas en el Club Balonmano Costa, donde comenzó a gestar su vida y la de numerosos talentos que pasaron por sus manos.

Dolor en el deporte malagueño

Si le preguntaban que por qué se dedicaba al femenino siempre respondía: «El balonmano es balonmano y creo que ellas necesitan más ayuda, porque lo tienen más difícil» y lo acompañaba con alguna frase de agradecimiento a tantas y tantas pupilas durante estos años, aquellas que se lo han dado todo. Diego era exigente, de los que siempre pedía el máximo y echaba una bronca, pero la acababa sellando con una sonrisa o un abrazo. Era un hombre de club, que supo transformar cada equipo en una familia más. Ese fue el sentimiento que se vivió este viernes en el cementerio de Málaga, donde prácticamente un millar de personas se reunieron minutos antes de las 17.00 horas para dar su último adiós al hombre que, en algún momento, les hizo sentirse como uno más de esa familia.

Sentadas en un banco más de una decena de jugadoras del equipo se reunía y abrazaba. Allí estaban las gemelas López, que acompañaron a Carrasco durante sus últimos momentos como las más allegadas, también estaban Paula García, Nuria Andreu o Marta Vidal, además de algunas canteranas. Algunas como Andreu o Vidal llegaban rotas desde fuera de Andalucía porque no querían perderse este momento. Más tarde se sumaban la malagueña Ana González o la que fuera internacional también costasoleña Nuria Benzal. No fue el mejor sitio para una reunión del pasado, pero todas querían despedirse. Junto a ellas, también estaba el cuerpo técnico de Diego, sus compañeros de batallas. Quizá Suso Gallardo, su segundo al mando, era el más afectado. Cogió un avión desde Mallorca hace sólo unas horas, estaba de vacaciones y no pudo creer la noticia. Carrasco siempre decía que se negaba a retirarse del Rincón Fertilidad sin levantar una Copa, primero para Málaga y segundo, para su equipo. Pero también auguraba que el que tomaría las riendas del conjunto sería Gallardo, que ya estaba preparado. Recordando sus palabras, Suso, que sabía lo que el técnico deseaba para él, sólo pensaba en que harían falta diez como él para llegar a la altura de lo que fue Diego.

Adiós multitudinario

Familiares y amigos por doquier, por las escaleras, en la cafetería o buscando la sombra entre los árboles caídos del cementerio y dos reacciones mayoritarias. La primera, la del desconcierto, la incredulidad ante una pérdida tan inesperada. La segunda, sencillamente, la del dolor más puro y sincero. Aunque si había un alma rota entre aquella gente era la de Pepa Moreno, no como presidenta del Rincón Fertilidad, sino como la compañera de vida de Carrasco. A Diego se le llenaba la boca hablando del que siempre fue el amor de su vida, desde que la vio como jugadora, hasta hace escasas horas, cuando planeaban juntos cómo sería su nueva vida en común. Sentada cerca de los padres y el hermano del técnico, Moreno sólo pudo acudir en cuerpo presente; el resto de su ser estaba con él.

Más allá de los más allegados, aquellos con los que compartía el día a día, la importancia que, a base de esfuerzo, logró adquirir el malagueño logró que se reunieran en aquel espacio algunas de las más destacadas autoridades de Málaga. Mientras que durante la noche y la mañana acudieron a dar el pésame el concejal de deportes de Alhaurín de la Torre, Prudencio Ruiz o Cristóbal Ortega, diputado provincial de Deportes, a la misa acudieron, entre otros: el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre; el presidente de la Real Federación Española de Balonmano, Paco Blázquez; el presidente de la Federación Andaluza, Antonio Rosales; el secretario general de Deportes de la Junta de Andalucía, José María Arrabal; el gerente de Málaga Deporte y Eventos, José Luis Paradas; el director de deportes de la UMA, Pedro Montiel o el presidente del Unicaja; Eduardo García, entre otros. Todos ellos además de nombres del balonmano local como el patrocinador principal del club, Manolo Rincón; la expresidenta, Carmen Morales o el presidente del Balonmano Ciudad de Málaga, Alberto Camas y su entrenador, Curro Lucena.

Un adiós multitudinario y a la altura de un hombre que ha cambiado el balonmano femenino en Málaga. Terminada la ceremonia, madre y pareja de Carrasco se abrazaron al ataúd donde descansaba el malagueño, envuelto en incienso y flores. Minutos después, su llanto y el de una iglesia llena hasta los topes se fundió con un interminable aplauso, mientras su cuerpo desfilaba por un último e inolvidable pasillo que conformaron las jugadoras y exjugadoras del equipo, su cuerpo técnico y sus más cercanos. Cómo costará ahora tener que hablar de Diego Carrasco en pasado, tras haber dando tanto al presente de Málaga y haber puesto las piedras de un club al que le tocará unirse, más que nunca, para lograr el futuro con el que él siempre soñó.