Pilar Sánchez Cervi: Cartas desde Hamburgo

Sánchez Cervi, en el duelo contra Azerbaiyán del Europeo de Mönchengladbach (Alemania) en 2011. /Efe
Sánchez Cervi, en el duelo contra Azerbaiyán del Europeo de Mönchengladbach (Alemania) en 2011. / Efe

Cuando ya se cansó de engordar su palmarés deportivo, la olímpica malagueña en hockey dio un nuevo sentido a su vida; ahora es madre y trabaja en un colegio bilingüe en Alemania

MARINA RIVAS

En su casa siempre fueron familia numerosa –ella es la menor de seis hermanos–, por lo que desde pequeña tuvo que aprender a compartirlo todo. En su momento lo hizo con la pasión por el deporte y, más tarde, con cada faceta de su vida. Sus éxitos no sabían caminar en solitario y cada chándal, palo, camiseta o recuerdo de una competición siempre acababa en manos de otra persona. Ella tenía suficiente con sentir que disfrutaba de lo que estaba haciendo, que podía vivir de ello y que a veces el trabajo tenía su recompensa. Pilar Sánchez Cervi es una de las mejores deportistas que ha dado la provincia. Séptima en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 con el equipo nacional de hockey hierba, cuatro veces cuarta en Copas de Europa, cuarta del mundo (fue a tres Mundiales), subcampeona mundial en hockey-sala y en torno a una veintena de títulos con el Club de Campo de Madrid entre Ligas, Copas de la Reina, Recopas y algún que otro torneo internacional.

Un palmarés a la altura de muy pocos que le acabó otorgando una estrella en el paseo de la fama de los deportistas malagueños. Aunque ella todavía no se haya parado a meditar la importancia de la misma. «Siempre he estado más escondida, pero luego pienso que he estado en unos Juegos, en Europeos y Mundiales. En su momento una no se da cuenta, pero luego veo la ilusión de mi familia y cuando siento ese orgullo, eso no se paga», asegura. «Creo que todavía tienen que pasar unos años para que me dé cuenta de todo lo que he conseguido. Ahora no pienso en ello en mi día a día», añade Sánchez, que comenzó en el Club de Hockey de Benalmádena y luego partió hacia Sevilla antes de recalar en Madrid.

«Me decían que siguiera, pero lo único que quería era ponerme a trabajar»

«Todavía tienen que pasar unos años para darme cuenta de lo que he conseguido»

De hecho, hace ya cuatro años que no tiene tiempo, literalmente, de pensar en ello. Tras once temporadas formando filas con el reconocido Club de Campo de Madrid, el cuerpo y la mente de la malagueña comenzaron a pedirle un cambio de vida y precisamente comenzó en esta entidad de la capital, cuando todavía era internacional. Allí, en el equipo masculino del club, conoció a su marido, alemán y también jugador de hockey e internacional con la selección germana, aunque la más destacada de la pareja deportivamente siempre fue ella. Hasta la fecha, no sólo no se ha separado de él, sino que ha creado una familia y han trasladado su vida conjunta a Alemania, concretamente a la ciudad de Hamburgo. «Cuando estábamos en el Club de Campo quisimos empezar a trabajar y en Madrid no encontramos muchas facilidades, así que nos surgió la oportunidad de irnos a Hamburgo a un club de hockey y también a trabajar. Fuimos a probar y aquí estamos desde hace seis años», dijo.

Todo fue rodado y muy natural para ella, acostumbrada a no deshacer nunca la maleta. Sánchez alargó su vida deportiva dos años más y llegó a ser subcampeona de la liga germana con su equipo. Él, por su parte, también jugó tres años en Hamburgo; pero la decisión de dejarlo estaba tomada de antemano. «Mis amigos me decían que por qué no seguía, pero yo lo único que quería era tener una vida normal y ponerme a trabajar. Quería llegar a mi casa a una hora normal, no viajar todo el rato… He disfrutado mucho de esa vida pero ahora mismo no lo echo de menos», se sincera. Incluso, tanteó el dejar los palos antes, pero quiso luchar por una nueva plaza olímpica (Londres 2012) que nunca llegó.

Madre trabajadora

Ahora, la de la malagueña es una vida nueva. Tiene dos hijas; la mayor (que ya es bilingüe), de tres años y medio y la menor, de diez meses. «Aquí tienen el lujo de tener doce meses de maternidad, así que puedo dedicarles mucho tiempo a las dos ahora, llevarlas al parque y disfrutarlas más en verano… Es otra historia ésta», apunta. Ha aprovechado este tiempo para pasar unos días en Málaga con toda la familia, concretamente en Rincón de la Victoria, el sitio de su recreo vacacional desde pequeña. Eso sí, en unos meses deberá retomar su trabajo en Hamburgo, donde Sánchez es profesora de español en un colegio bilingüe en la modalidad de Infantil. Y es que a pesar de que estudió cuatro años de Geografía, acabó titulándose en Magisterio. Por su parte, su marido trabaja en una empresa de importación y exportación de piezas navales en el puerto de la misma localidad.

A menudo, echa de menos a su familia, aunque también asegura que todos han ido a visitarla en más de una ocasión. El primero, su hermano José, preparador físico del Unicaja y el mayor y único varón de la saga Sánchez Cervi. En muy poco tiempo, la vida de la malagueña vida ha dado un giro de 180 grados que ella misma ha buscado. Es feliz con su familia y en un trabajo en el que se desenvuelve con soltura. Disfruta viendo lo rápido que aprenden los dos idiomas sus hijas mientras que ella continúa aprendiendo alemán. Sigue de cerca la actualidad de las selecciones de hockey y mantiene el contacto con muchas compañeras, porque la pasión nunca se pierde, aunque ahora sus menesteres son otros. Quizá ahora, en plena construcción de una nueva vida, no se de cuenta de todo lo que consiguió como deportista, pero quizá el día de mañana pueda contar a sus hijas todo lo que consiguió en España antes de trasladarse a su nuevo hogar.