Noelia Oncina, la nueva vida de una pionera

Protagonista de la primera medalla del balonmano femenino, aquella que consiguió la selección en 2008, desde su retirada ha seguido ligada al deporte del que se enamoró siendo una niña

Oncina lanza a portería en un partido ante Corea durante el Mundial de balonmano femenino en 2003 en Zagreb. /AFP
Oncina lanza a portería en un partido ante Corea durante el Mundial de balonmano femenino en 2003 en Zagreb. / AFP
FERNANDO MORGADO

Este es un verano de cambios para Noelia Oncina (Málaga, 1976). Recientemente se ha tenido que despedir de la que durante años –primero como jugadora del Sagunto y después en el apartado técnico en el Morvedre– fue su tierra, Valencia, y mudarse a Logroño, donde le espera una nueva aventura en el Logroño Sporting La Rioja junto al experimentado técnico Manu Etayo, con el que trabaja desde 2014. La exinternacional malagueña ha pasado el mes de junio entre Málaga y Navarra, la tierra natal de Etayo, mientras buscaba casa en la capital riojana y descansaba de la dura temporada, que terminó con el descenso del Morvedre a División de Honor Plata femenina.

Desde su retirada en 2010 en Sagunto, equipo en el que triunfó en la élite del balonmano, la extremo, que también hizo carrera en el Costa del Sol, en Murcia, en Granada y en Almería, ha seguido vinculada al deporte del que se enamoró siendo una niña en el Colegio Europa. Después de un año sabático alejada de las pistas, en 2011 Oncina se convirtió en delegada de la selección española de balonmano femenino, cargo que ocupó hasta 2016, durante la etapa en el banquillo nacional de Jorge Dueñas.

Recuerdos olímpicos

Es precisamente con el combinado nacional, del que llegó a ser capitana, con el que Noelia Oncina guarda algunos de sus mejores recuerdos como jugadora profesional. Especialmente memorable para la malagueña fue el verano de 2004, cuando participó con la selección en los Juegos Olímpicos de Atenas. «Fue muy bonito y muy duro a la vez. Estando ya concentrada con la selección caí enferma y estuve a punto de no ir. Encima estábamos en el Centro de Alto Rendimiento de Granada, en Sierra Nevada, y me puse mala de la garganta, tuve que parar porque era insoportable. Afortunadamente todo salió bien y fui a Atenas», explica Oncina, que también disfrutó de la experiencia de los Juegos Mediterráneos de 2005 en Almería. «Poder compartirlo con gente cercana fue especial», apunta.

«Conseguir aquella medalla con los medios que teníamos fue muy importante»

«Me encantaría volver a Málaga a trabajar, ya sea a corto o a largo plazo»

Oncina fue también una de las piezas clave de una selección que pasará a la historia por haber conseguido la primera medalla del balonmano femenino español. Fue en el Campeonato de Europa de Macedonia en 2008 cuando un grupo de jugadoras se convirtieron en pioneras de un equipo que ha seguido dando alegrías al deporte nacional. «Esa medalla fue muy importante, porque al fin se empezaban a ver los frutos de lo que el balonmano había mejorado y sufrido. Creo que las generaciones de ahora lo tienen más fácil en los medios de que disponen. Nosotras lo tuvimos que pelear mucho. Lograr una medalla con los medios que teníamos fue una satisfacción muy grande. Es algo muy difícil, pero la clave fue que conseguimos hacer un buen grupo de jugadoras. Tengo una memoria muy mala, pero recuerdo todo lo que sufrí en aquel partido de semifinales contra Alemania. Fue muy importante para el balonmano femenino, el momento en el que empezamos a creer en nosotras», rememora Oncina, que mantiene el contacto con compañeras de vestuario como Marta Mangué o la esteponera Nuria Benzal.

A pesar de haber pasado los últimos años lejos de su casa, la exjugadora malagueña vuelve siempre que puede a su tierra. «Suelo bajar en verano y Semana Santa, dependiendo del calendario. Este año me he propuesto ir más a Málaga, por eso en principio en Logroño solo me encargaré de la prevención de lesiones y el entrenamiento específico de extremos y porteras. Cuando estoy en Málaga mi familia y mis amigos son lo primero y quedo con ellos todo lo que puedo para comer. Como mi pareja no es de Málaga, me gusta ir con él a algún pueblo del interior, como Frigiliana», asegura Oncina, que a pesar de arrastrar una lesión en la rodilla de su etapa de jugadora disfruta siempre que puede de largos paseos con sus mascotas.

Málaga en el horizonte

Gracias a sus estudios en Fisioterapia, Noelia Oncina ha desempeñado todo tipo de funciones en los clubes por los que ha pasado. En 2014 aceptó el cargo de delegada y fisioterapeuta del Guardés junto a Etayo, y tras dos temporadas ambos probaron suerte en Malta. A su regreso al año siguiente ficharon por el Morvedre, en el que Oncina ha sido segunda entrenadora y delegada. Asegura que nunca se ha planteado volver a Málaga, pero le seduce la idea. «Además del Costa –ahora Rincón Fertilidad– hay muchos clubes que lo están haciendo muy bien. Me encantaría volver a trabajar en casa, ya sea a corto o a largo plazo». Con el Morvedre, Oncina ha vuelto en alguna ocasión a Carranque, un lugar que le recuerda a aquel verano con 19 años en el que cambió el balonmano por el salto de longitud y llegó a ser subcampeona de Andalucía.

Junto a Manu Etayo, la exinternacional ha aprendido la importancia del trabajo de base en el balonmano. «Antes me costaba verlo, pero en el banquillo te das cuenta de la importancia de que las jugadoras sean listas». El 6 de agosto empieza la pretemporada en Logroño, pero Oncina ya ha comenzado el trabajo previo en un verano que apenas le ha dejado vacaciones para hacer ese ansiado viaje a Cuba que de momento tendrá que esperar.