Christian Jongeneel: «Como mejor puedo aportar a la sociedad es nadando»
El nadador malagueño, autor de varios desafíos extremos y solidarios, repasa su trayectoria en el Aula de Deportes de SUR y cuenta cómo se prepara para sus retos
A Christian Jongeneel no resulta fácil definirlo. «No sé si es un deportista o un aventurero. Habrá gente que esté aquí porque le guste la ... natación, otros por sus causas sociales y otros por saber cómo afronta sus desafíos». Así lo presentó el periodista Juan Calderón en el Aula de Deportes de SUR, organizada por este periódico en colaboración con Cervezas Victoria y celebrada este jueves en la fábrica de la popular cervecera malagueña. Allí abordaron las hazañas deportivas de Jongeneel, desde la primera vez que cruzó el Estrecho de Gibraltar (ida y vuelta) hasta su última gran travesía: unir a nado las islas de Tenerife y La Gomera.
La relación de los nadadores con el mar ha cambiado sustancialmente a lo largo de estos 20 años. Entonces, el malagueño Jongeneel era uno de los pocos que se 'atrevía' con las aguas abiertas. «Cuando veían a uno nadando en la playa hace 20 años, a mi madre le decían que habían visto a su hijo. Y muy probablemente sería yo», contó, entre risas, a modo de anécdota. Hoy por hoy la cosa es muy distinta y se ha vuelto más habitual ver nadadores entrenándose en el mar, una práctica cada vez más usual gracias, en parte, a los triatletas, a los que da las gracias por la parte que le toca. «A las primeras travesías venían muchísimos triatletas», rememora. Aunque también avisa: «Nadar en el mar tiene su complicación y tienes que ir seguro».
Su vida ha ido cambiando con el paso de los años. Ha ido tomando forma con el tiempo. Evolucionando. Hace 11 años que se dedica en cuerpo y alma a ayudar, a su manera, gracias a la Fundación Vicente Ferrer. Antes trabajaba en la Agencia de Medioambiente de la Junta de Andalucía, como funcionario. Recuerda con exactitud hace cuánto tiempo su vida dio este giro porque fue el año en el que nació su hijo. «Soy una persona muy afortunada», expresó.
Sus desafíos extremos son una parte importante de su vida, aunque asegura que lo que de verdad le da sentido a todo son las travesías en las que nada junto a la gente. «Empezamos con las travesías en Málaga. Que más de 6.000 nadadores participen en un proyecto como el nuestro es lo que enriquece. Es la esencia de 'Brazadas solidarias'. Lo que hago yo es algo exótico, pero la esencia de todo son las travesías, que son en primavera, verano y parte del otoño», valora el malagueño.
Entrenamiento y preparación
Desveló, además, cómo es su rutina de entrenamiento y también cómo cambió cuando se decidió a afrontar los extremos desafíos que cuenta en su 'currículum' deportivo. «Cuando empecé a hacer larga distancia hice algunos cambios que hicieran la parte mental más fácil para mí. Cambié las series por tiempo, no tanto por distancia. Hago musculación. Algo de ciclismo, remo… La natación es muy poco lesiva, pero los hombros son delicados», cuenta. «Yo vivo en Rincón y mi madre en Pedregalejo. Cuando me invita a comer, voy nadando», relató entre risas. Ha competido desde los 10 años y eso, inevitablemente, ha marcado su carácter y su capacidad de sufrimiento. Su entrenador, entonces, era Xavi Casademont, el 'forjador' de olímpicos malagueños, entrenador responsable del Centro Nacional de Málaga de la RFEN, el 'cuartel general' donde se preparan los olímpicos de aguas abiertas y larga distancia.
Llama la atención que sus desafíos los lleva a cabo en bañador, no en neopreno. La parte mental, asegura, es la más dura, pero el sentir el calor de quienes le apoyan, le acompañan y recordar las causas por las que se aventura en todo esto le hacen seguir adelante. Viéndole el sentido a todo. «Últimamente lo pienso mucho: qué es lo mejor que puedo aportar. Y es nadando como mejor puedo hacerlo». Cada 45 minutos, durante sus retos, para a comer y a beber, pero sin subirse al barco y sin apoyarse. Contó, además, que en el bote va la persona que desempeña el trabajo más importante de todos: el de observador: «Tiene que estar 24 horas sentado en un barco mirando al que está nadando. Mirándote, por si viene una ola, para saber si viene una ola dónde está el nadador».
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