La carta de una madre malagueña que te animará a apuntar a tu hija a waterpolo

La carta de una madre malagueña que te animará a apuntar a tu hija a waterpolo

En su reflexión la progenitora destaca los múltiples beneficios que acarrea la práctica de este deporte desde el punto de vista físico, social o familiar

Rossel Aparicio
ROSSEL APARICIOMálaga

Nogal se mueve en la piscina como pez en el agua -y nunca mejor dicho- desde que tenía apenas cuatro meses y sus padres la apuntaron a natación para bebés. Iniciaba sin saberlo entonces una actividad que se mantuvo en su infancia y que ahora, en su adolescencia, le ha empujado a formar parte del equipo absoluto femenino de waterpolo de Málaga además de ayudarla a descubrir una de sus grandes pasiones. Un eje sobre el que pivota el día a día y la vida de esta joven malagueña de 15 años que estudia cuarto de la ESO en Teatinos. «Hace tres años estaba en natación y una amiga le animó a probar en este completísimo deporte. Le dijo que era más divertido que el nado libre y, efectivamente, no tardó en 'engancharse'. Ahora afronta la cuarta temporada», cuenta orgullosa vía telefónica a SUR.es su madre, Inmaculada Velasco.

Tan convendida -y agradecida- estaba esta madre malagueña de los «amplios beneficios» que le han supuesto a su hija el waterpolo que, animada también por la necesidad de jugadoras en las distintas categorías que entrenan en el Club Deportivo Waterpolo Málaga, se decidió a escribir una carta, a modo de reflexión, pregonando todas sus ventajas. Su intención era informar a padres y madres que aún busquen extraescolares para sus hijas de tal forma que se plantearan esta opción teniendo todas las cartas sobre la mesa. «Obviamente este deporte es una opción ideal para chicos y chicas pero yo quería resaltar la idoneidad para ellas debido a que es un deporte donde predominan los hombres. Lo practican más ellos que ellas», matiza Inmaculada que trabaja como correctora de textos y monitora de cursos de formación. La misiva, que envió al club con intención de respaldar su campaña de captación de futuras jugadoras, no la redactó desde la intimidad de su experiencia. No. Se entrevistó durante una semana con jugadoras de diferentes edades, madres de deportistas o entrenadoras. «Quería arrojar una visión amplia y completa de lo que supone el waterpolo desde un punto de vista físico, social, familiar o emocional», relata.

De izquierda a derecha: Pili (portera), Nogal, Marta, Daniela, Gema, Eva, Paula e Hilda (jugadoras del equipo absoluto de waterpolo de esta temporada). Imágenes del final de la temporada pasada. / SUR

Al hablar de las ventajas, Inmaculda casi no sabe por dónde empezar: «Dejando a un lado lo divertido que es, lo bueno que es desde el punto de vista de su desarrollo y mantenimiento físico o lo que favorece socialmente el hecho de formar parte de un equipo que comparte mucho tiempo juntos; también hay que destacar lo que les ayuda a planificarse el día a día en sus estudios», resalta. «Si quieren entrenar, y en el caso de mi hija son dos horas y media diarias -en otras categorías los entrenamientos son más espaciados-, es vital la organización para cumplir con sus deberes. Este deporte les enseña a aprovechar su tiempo y a ser más responsables», matiza esta madre poniendo énfasis en que el esfuerzo y sacrificio de la piscina lo trasladan también al resto de sus responsabilidades.

La carta, íntegra: «¿Por qué tu hija debería jugar a waterpolo?»

Empieza el curso en Primaria y Secundaria, el alumnado renueva el material escolar y las madres y padres su preocupación por acertar con las actividades extraescolares. Tanta oferta abruma: idiomas, baile, talleres de cocina, robótica. Ya nadie discute la idoneidad del deporte, incluso para las niñas y jóvenes. Eso sí, ahora hay que dar con el deporte adecuado. Te mostramos las claves por las que tu hija debería jugar a waterpolo.

Es divertido

Marta Bech empezó a jugar en el CDWP Málaga con 12 años y tras dos temporadas afirma que el waterpolo «es muy divertido, te lo pasas muy bien, conoces a más gente y te sirve para despejarte un rato de los estudios, aunque lo que más me gusta son los partidos».

La ceutí Lorena Miranda, medallista olímpica en Londres, oro en el Mundial de 2013 y en el Europeo de 2014 y entrenadora de un equipo absoluto masculino en categoría nacional, reconoce que se trata de un deporte «muy completo y divertido, que no requiere de unas cualidades físicas especiales y que resulta muy satisfactorio, si te gusta el agua». «Además –añade–, es un deporte que engancha e incluso llama la atención a la gente de fuera: padres, espectadores».

Y desde esa grada de espectadores, Mª José García ve a su hija «feliz. El waterpolo le da mucha vida por la convivencia. Llegan y se saludan, no importa la edad ni el género, solo son felices de verse, de compartir esfuerzo y risas».

Es completo

Es una de las «actividades más completas a nivel fisiológico y motriz», según la graduada en Ciencias del Deporte, Xenia Sánchez, capitana de su equipo y entrenadora de los conjuntos femenino e infantil mixto del Club Waterpolo Dos Hermanas. «Tiene los beneficios de la natación y el plus añadido de ser más lúdico. El waterpolo estimula unas capacidades y una motricidad que necesitamos a diario: coordinación, lateralidad, orientación, además de resistencia, fuerza y velocidad». También ayuda a la circulación y aumenta la capacidad pulmonar.

Susana Belardo explica que la práctica del waterpolo «fortalece la espalda, las lumbares, los brazos y ha ayudado a mi hija de 10 años a recuperarse antes de su operación en la pierna».

«Es un deporte sano, que contribuye de forma natural a controlar el peso y combatir el sedentarismo», afirma Mª José García. «Colegio e instituto imponen un ritmo de vida sedentario al obligarles a permanecer sentados muchas horas al día, en clase y luego en casa, haciendo deberes y estudiando. El waterpolo no es solo un juego, es salud».

A nivel emocional, Paloma Gandara, jugadora del equipo absoluto del CDWP Málaga destaca «que las vivencias, compartir derrotas y triunfos en un ambiente de comprensión y generosidad va más allá del compañerismo, estableces lazos muy fuertes de amistad, que permanecen incluso cuando dejas de jugar. También está esa sensación de felicidad cuando ganas un partido o simplemente te sale algo que has entrenado mucho. Entonces hay tanta complicidad que sientes al equipo como una familia. Además, aún siendo un deporte de contacto, la competición es muy sana y te haces amiga de las jugadoras de equipos rivales.».

«Esto es –según Lorena Miranda– porque el waterpolo fomenta la competitividad desde el respeto a las jugadoras del otro equipo, a los árbitros y entrenadores. Es habitual penalizar la agresividad innecesaria y los reproches o malos gestos».

Educa en valores

Para Paloma Gandara tu hija debería jugar a waterpolo porque «te enseña a valorar el esfuerzo, el sacrificio, a trabajar en equipo y a ser honesta y generosa, pues, sin el resto del equipo no eres nadie».

Desde el punto de vista de las entrenadoras, Xenia argumenta que «la juventud actual obtiene cosas sin esfuerzo y el waterpolo te enseña a esforzarte. Además, te hace disciplinada», mientras Lorena destaca «el compañerismo, el respeto, la compenetración y el aprender a perder. Cuando se pierde un partido, perdemos todas, la entrenadora incluida».

Angus Palacios, cuya hija juega desde hace 14 años, añade «la constancia, la organización, la humildad, la gestión de la frustración y la recompensa por el esfuerzo».

Mª José habla de «afán de superación y de trabajar para conseguir objetivos». También de igualdad. Es madre de una chica y un chico. Ambos practican waterpolo y considera que «el club no establece diferencias, les enseñan y les exigen lo mismo. Sin embargo, sí lo viven de forma diferente porque se involucran según su personalidad, así mi hija le saca más partido a todo, no solo a la faceta deportiva».

Ayuda en los estudios

«No solo porque te despejas –como reconocen Marta y Mª José–, también porque te enseña a organizarte», indica Angus Palacios. «Cuando están deseando irse a entrenar no pierden el tiempo con la tele o el móvil, se ponen a hacer los deberes y a estudiar».

Por otra parte, según Paloma, «el Club te apoya en los estudios para que puedas seguir jugando, hacen un seguimiento de tus notas y tienes la doble motivación de tus compañeras y de que no se come del waterpolo».

Forma para la vida

Al margen de los valores mencionados, Paloma apunta que el waterpolo «te ayuda en tu día a día más de lo que parece. Por ejemplo, convives con muchos tipos de personas diferentes, maravillosas, y aprendes a aceptar y valorar esta diversidad».

A criterio de Angus Palacios, «aprenden a planificar, a escuchar y a luchar por lo que quieren» y coincide con Mª José en que «se intentan corregir para mejorar y esta actitud la trasladan a todos los ámbitos de su vida».

Es un deporte para cualquier persona

«Lo bonito del waterpolo es que cualquier persona vale, no se necesitan unas características físicas más marcadas como sucede en otros deportes». Susana Belando está completamente de acuerdo con esta frase de Xenia. Su hija de 10 años tiene una minusvalía, va en silla de ruedas, no corre, ni anda sin apoyo «pero en el equipo es una más, juega y entrena como los demás. En el agua, su minusvalía no es un hándicap y está muy integrada en el equipo. Está muy contenta porque ella quiere hacer lo mismo que hacen otros niños y el waterpolo le da esa oportunidad».

Tampoco la edad es un problema, pues, como dice Paloma «las más pequeñas entran en la escuela y se forman en la cantera. Pero también es una alternativa ideal para las adolescentes o las que tienen mucha prisa por crecer. Jugar al waterpolo es más divertido y sano que las maquinitas o beber en la calle. Y no importa tanto la edad a que empieces».

«Otras virtudes del waterpolo –continúa Paloma– son que combate el fracaso escolar y el bullying y facilita la integración social al carecer de roles excluyentes».

¿Y qué pasa con los padres?

«Que además de ver a sus hijas felices –cuenta Paloma–, pueden relajarse porque saben dónde y con quién están sus hijas».

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