El rocódromo, cuna de escaladores

El rocódromo, cuna de escaladores

El aprendizaje en estos centros de entrenamiento permite trepar a lugares que a priori parecen inaccesibles

MIGUEL CÉSPEDESMÁLAGA

En estos últimos cinco años, en los que la crisis económica ha causado los mayores estragos en la sociedad, el deporte ha servido de refugio para muchos malagueños. Concretamente, las disciplinas relacionadas con la montaña han registrado en Andalucía un crecimiento del 20 por ciento anual en la última década. Se han multiplicado por seis los apenas 1.000 federados que había antes de 2010. De los cuales, la mitad son escaladores. Y todos ellos parten de una misma cuna: el rocódromo.

Hablar de Málaga en el mundo de la escalada deportiva, es hacerlo de una meca a nivel europeo. Algo que quizás se desconozca para el público general. En un simple vistazo a la orografía de la provincia, se puede observar como la Serranía de Ronda, El Chorro, el Torcal de Antequera, la Sierra de San Jorge -en Villanueva del Rosario- y la Sierra de Tejeda y Almijara forman un frente rocoso de 400 kilómetros llenos de cortados, en los que se acumulan 150 zonas de escalada de todas las dificultades.

ESPACIOS EN MÁLAGA

CUBIERTOS
Climbat Málaga, calle Licurgo, 6. 29004 Málaga
Sociedad Excursionistas de Málaga, República Argentina, 9. 29016 Málaga
Palacio San Miguel, calle Pedro Navarro Bruna, s/n. 29620 Torremolinos
AL AIRE LIBRE
Skatepark Rubén Alcántara, Camino Cuarto, s/n. 29010 Málaga
Aventura Amazonia, Valeriano Rodríguez, 2. 29604 Marbella
Palacio de Deportes Elena Benítez, Fuente Nueva, s/n. 29670 San Pedro Alcántara
Ocioaventura Cerro Gordo, en la carretera MA-202. 29220 Cuevas Bajas
Finca Las Navillas y Even-Ocio Aventura, en Antequera
Centro Carlos Astorga-Los Borbollones y Molino de Madaura, en Archidona

El malagueño Antonio Gámez, que cuenta con más de 30 años de experiencia en el mundo de la montaña, explica en las instalaciones del rocódromo más grande de Andalucía, situado en el polígono Santa Bárbara: «Si no salimos a la montaña y nos adentramos, no nos enteraríamos de ese mundo por descubrir tan maravilloso. Nos hemos vuelto unos analfabetos. Contamos con unas condiciones naturales espectaculares y un clima magnífico». Y añade: «La provincia de Málaga posee una larga tradición en esta disciplina, con deportistas del máximo nivel internacional que desde años han creado vías de gran dificultad. Tenemos la mitad de la oferta que se puede encontrar en Andalucía y que difícilmente se puede igualar en algún otro lugar de Europa». Uno de los protagonistas destacados en la historia reciente y actual de la escalada deportiva a nivel mundial, Bernabé Fernández, instruye a un grupo de principiantes mientras Gámez reflexiona.

Sin embargo, el rocódromo es el paso previo antes de salir a escalar a la naturaleza. Es un centro de entrenamiento, aunque no queda ahí. Lo consideran el punto de encuentro ideal en el que compartir sus vivencias y la pasión por ascender por las grietas más insospechadas. «Esto no te deja indiferente. O te gusta, o no. Eso sí, como te guste estás perdido. Es un mundo que engancha mucho», comenta Gámez.

Cualquier persona que entra por la puerta de estos campamentos bases de colores atractivos y paredes artificiales, si es que no se topa con un monolito itinerante, podría confundirlo con un parque de atracciones. Aunque nada tiene que ver con esa primera impresión. Los mosquetones, los arneses, las colchonetas y los cascos que se utilizan apuntan a unas medidas de seguridad dignas de un deporte que entraña sus riesgos, aunque estos se minimicen en unas instalaciones construidas a conciencia para entrenar la escalada.

La entrada a un centro como Climbat Málaga, que ofrece 400 metros escalables, tiene un coste al día de seis euros. Tarifa para aquellas personas que accedan un día suelto y sin el material, que se podrá alquilar en el mismo recinto por cinco euros. La práctica en el búlder, zona baja de bloques recogida con colchonetas, ni siquiera precisa arrendar el arnés.

En cuanto al perfil de edad de los deportistas que acuden a un rocódromo, el rango es muy variado. Este puede oscilar desde los cuatro años de los más precoces, hasta algún intrépido septuagenario.

Pero el rocódromo, además de ser un centro de entrenamiento atractivo, tiene un fin claro: salir a escalar a la naturaleza. Algo habitual durante el verano, pero que este año no está siendo posible por las altas temperaturas. No están a gusto ni en las zonas de sombra. Por eso, las paredes artificiales han sido el refugio perfecto para ellos. Se trata de una alternativa cien por cien valida para protegerse del calor, practicando esta actividad deportiva. Cuya aplicación continuará en los tajos de El Torcal o en la zona de El Chorro cuando el tiempo sea más benigno.

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