«Si siguiera en Hungría habría abandonado»

Julia Takács. /
Julia Takács.

marchadora

JAVIER BRAGADOMadrid

Júlia Takács avanza decidida tanto en su vida como en el atletismo. A unos días de cumplir los 26 años es una referencia internacional, la plusmarquista española de 10, 5 y 3 kilómetros marcha y uno de los atractivos de los Campeonatos de Europa de la especialidad que se celebrarán este domingo en Murcia. No obstante, para alcanzar un alto nivel deportivo resultó decisivo un cambio que ocurrió cuando era una adolescente sin que ella se percatara en aquel momento. Contaba 14 años cuando sus padres se mudaron desde su Budapest natal hasta España en busca de una nueva vida. El choque fue desagradable en una época crítica de formación. «Los primeros meses fueron un poco duros. No me gustaba porque no entendía nada, no venía preparada y no sabía decir ni 'hola'», recuerda la atleta. Sin embargo, aquel desplazamiento se convertiría en decisivo para su carrera. «Con 12 años se me daba mejor o destacaba más que en correr y a los 14 quería seguir. Cuando llegué a Madrid la federación de allí contactó con la de aquí y ya empecé en el C.A.R. (Centro de Alto Rendimiento)», repasa Takács con la certeza de que aquel cambio traumático no forzado por el deporte impulsó su desarrollo.

«Me ayudaron mucho los compañeros de aquí porque yo era la más pequeña. También ayudaba que sólo tuviera 14 años», repite quien ahora vive sola en Madrid, aunque emparejada con un campeón olímpico español: el taekwondista Joel García. «Tengo suerte. Estoy segura de que si estuviera en Hungría no haría marcha porque no hay este apoyo, aunque ahora no estemos como antes con el tema de la federación, con la crisis y económicamente. Pero es que en Hungría no hay nada, no hay apoyo. Cuando llegara el momento de decidir si estudiar la carrera, entrenar y tener que competir y pagártelo y no tener un ingreso pues lógicamente lo dejaría o se quedaría en un segundo plano», valora desde la pista de la residencia Blume que se ha convertido en su hogar.

«Está justificada la mala imagen de España por el dopaje»

La relación entre el dopaje y la marcha se ha destacado en los últimos tiempos por varios incidentes. Paquillo Fernández, héroe español, fue suspendido después de que se encontraran sustancias prohibidas en su vivienda. «El dopaje siempre está presente. En otros países no damos muy buena imagen en ese sentido. Es un poco triste», reconoce Takács sin protestar. ¿Está justificado? «Sí. Sí. Es que es verdad», responde de inmediato sin pausa porque no quiere evitar la cuestión.
Sin embargo, no es un asunto únicamente español. En 2015 la élite de la marcha rusa ha sido castigada gracias al pasaporte biológico. El balance es que 16 de las 17 medallas de oro obtenidas por el país en la categoría en Juegos Olímpicos y Mundiales en la última década fueron conseguidas por atletas que fueron posteriormente sancionados. Pero Takács considera que es insuficiente. «Tengo mis dudas», comienza su explicación. «No me fío», insiste. Finalmente extiende su reflexión: «Al entrenador tampoco le quisieron echar aunque casi todos sus atletas siguen dando positivo. El centro sigue siendo el mismo y siguen haciendo marcas impresionantes a todas horas. Es un poco sospechoso». «Puedo pensar que cómo es posible que la campeona de Europa gane a otra que ha dado positivo. Es un poco raro. Puedo pensarlo pero si no se ha demostrado no lo puedo decir porque queda mal», detalla. «Lo que pasa es que a la hora de competir no puedes pensar en eso porque entonces no sales. No lo piensas y ya está. Es lo que hay», finaliza.

El año 2014 fue el de la explosión de Takács. Estableció las mejores marcas de la historia española en las distancias de 10 (42:23.37), 5 (20:30.03) y 3 kilómetros (12:11.27). En el camino, ese que recorre con la misma velocidad y decisión que sus palabras y sus pensamientos, la parcela técnica desarrollada con José Antonio Quintana ha resultado primordial. «Hay que marchar en la cinta para que te veas en un espejo porque es mejor verte para corregir. Es un proceso largo», explica. «No me dan ganas de echar a correr, pero en algún momento es imposible no perder el contacto con el suelo porque vamos a unos ritmos a veces que son tan rápidos que a lo mejor al ojo humano no te das cuenta», reconoce sobre la duda habitual de los profanos.

Aunque en la presente temporada sus tiempos han empeorado y en los Campeonatos de España fue descalificada no está decepcionada. En la prueba de Rentería «sólo necesitaba ganar» para acceder a los Europeos en la distancia olímpica de 20 kilómetros y lo consiguió con suficiencia. Además, se siente preparada para atacar el récord nacional de los 20.000 metros. En cambio, con la distancia de 50 kilómetros, que sólo se marcha en la categoría masculina, agradece que todavía no sea una posibilidad. «Me parece una locura», suspira. «Ahora con el tema de la igualdad dicen que a ver si ponen el 50 para los mujeres, pero yo espero que pongan 10», descuelga con risas.

En España ha disfrutado de que la marcha es una modalidad reconocida y respetada, pero Takács no se calla a la hora de reclamar un mejor trato dentro del atletismo. «Nos sentimos un poco marginados, igual que los de lanzamientos. Nos ponen los peores horarios y no nos ven. También se trata de una prueba larga y está difícil, pero sería cuestión de intentar integrar», reconoce con voz dulce pero con fortaleza en sus palabras. «El año pasado hicimos un mitin en Huelva que lo televisaron. Pusieron un 3.000 marcha que es cortito, de 12 minutos, yo me lo pasé bien, había público y como nos estamos acostumbrados estábamos de subidón. ¡Por fin alguien nos ve!», relata entre risas.

Por el momento, 'July' sólo piensa en los Juegos de Río de Janerio. Las indicaciones de su exitoso entrenador se orientan al Campeonato del Mundo que en verano ya proporcionará plazas de clasificación olímpicas para 2016. Antes, el primer paso se dará en Murcia, donde se han organizado los Europeos ante la renuncia de Ucrania debido a la situación que vive el país. «Es importante al ser en casa», afirma de manera espontánea la budapense, porque sus tiempos en Hungría ya quedan lejanos.