Muñoz: diez años no es nada

La malagueña consiguió su mejor victoria hasta la fecha en 2012, cuando ganó el Sybase. :: sur/
La malagueña consiguió su mejor victoria hasta la fecha en 2012, cuando ganó el Sybase. :: sur

La malagueña encara su décima temporada en el LPGA con optimismo renovado: «He trabajado duro. Estoy lista»

ALBERTO GÓMEZ

Canta el tango que veinte años no es nada. Tampoco diez. Por eso Azahara Muñoz echa la vista atrás y le parece «increíble» que haya pasado una década desde su acceso al LPGA Tour, el principal circuito de golf femenino del mundo. La jugadora malagueña encara 2019 con optimismo renovado tras controlar sus problemas de salud. «Estoy lista para empezar de nuevo con todo mi equipo. Tuve la mejor pretemporada. Disfruté de mi familia y de la gente que quiero, viajé, descansé, me reí más que nunca, trabajé duro, me reí más todavía y seguí trabajando duro. Estoy lista», escribió en redes sociales, toda una declaración de intenciones que presagia que Muñoz disputará los torneos previstos con la mejor actitud posible.

Ya el final del año pasado prometía. Muñoz hizo 30.000 kilómetros en menos de 50 días, jugando siete torneos consecutivos, trece en quince semanas. Tiene 31 años y le queda golf para rato. La golfista marbellí, instalada desde hace años en Florida, quiere recuperar su mejor versión, cuando rozó el 'top 10' de la clasificación mundial. Ahora ocupa el puesto 54. Comenzó a jugar al golf «por casualidad» y años después, cuando ya era una de las mejores del mundo, celebró su primer título del Circuito Americano con una barbacoa en familia. Poco o nada hay en Muñoz de los delirios de grandeza tan comunes entre las estrellas del deporte, aunque sus ganancias en premios superen los cinco millones de dólares.

Muñoz es una jugadora forjada en Estados Unidos, donde las universidades ofrecen muchas más facilidades que en Europa para los deportistas de élite. Allí existen fechas alternativas a los exámenes que coinciden con torneos, organizan competiciones por equipos y los campos son más complicados, ventajas que decantaron la balanza cuando la malagueña tuvo que elegir entre seguir en España o marcharse al extranjero. Graduada en Psicología y diplomada en Empresariales por la Universidad de Arizona, Muñoz no dio el salto al profesionalismo hasta 2009, cuando tenía 21 años.

La malagueña alterna el Circuito Americano con el Europeo y suma seis títulos, entre ellos el Sybase Match Championship, uno de los torneos más importantes del mundo, premiado con cerca de 400.000 dólares. La marbellí vivió entre dos aguas durante sus primeros años como profesional, antes de instalarse de forma definitiva en Estados Unidos, donde vive con Tim Vickers, con quien se casó en 2015: «Iba y venía, pero tanto viaje cansa. A principio de año no lo llevas tan mal porque has descansado, pero luego es agotador».

El año pasado volvió con su entrenador de toda la vida, Marcelo Prieto, tras introducir algunos cambios en su juego que no acabaron de cuajar. La marbellí, además, hizo público que sufría la enfermedad de Hashimoto, un problema de tiroides crónico con el que ha tenido que lidiar desde entonces. Por fin encontraba respuesta a su cansancio, más pronunciado de lo normal, y a los problemas físicos que hasta entonces eran una incógnita. Ahora, diez años después de su inicio en el LPGA, Muñoz ha sabido reinventarse.