«¿Lucha de egos? Yo lo veo así: somos nosotros contra el campo»

Cañizares disputará la escuela de clasificación del Circuito Europeo para recuperar la tarjeta. :: sur/
Cañizares disputará la escuela de clasificación del Circuito Europeo para recuperar la tarjeta. :: sur

Alejandro Cañizares JugadorEl golfista malagueño disputará la escuela de clasificación para recuperar la tarjeta europea

ALBERTO GÓMEZ

Alejandro Cañizares, malagueño nacido en Madrid, completó el Andalucía Masters con 212 golpes (uno bajo par, para acabar decimosexto), pero sobre el campo de Valderrama apenas se vio rastro del chaval que sólo pensaba en el golf. Ahora, meses antes de estrenar paternidad, tras un calvario de lesiones y problemas personales ya resueltos, 'Cañi' es un hombre renovado. Y con hambre de títulos.

-¿Cómo tiene la muñeca?

-Mejor, me está respetando. Llevo dos meses sin antiinflamatorios.

SUS FRASES«En abril me sometí a un tratamiento con células madre para mi muñeca. Es una lesión a largo plazo» «El golf y los problemas físicos pasaron a un segundo plano cuando le diagnosticaron un tumor a mi pareja»«Después de la temporada que tuve, fue normal perder la tarjeta europea. ¡Nadie se ha muerto por jugar la clasificación!» «Si pudiera volver atrás, creo que hubiera seguido apretando para ganar más torneos. Tal vez me relajé tras ganar en Rusia en 2006»

-Ha pasado un calvario...

-Es una lesión de largo plazo, sí. El año pasado fue muy complicado por las lesiones, hasta que decidí visitar a Ángel Ruiz Cotorro, doctor de Rafa Nadal. En abril hicimos un tratamiento con células madre que requiere paciencia, pero he ido mejorando.

-Psicológicamente, ¿cómo ha digerido las lesiones?

-Han sido meses muy duros, no sólo por las lesiones. A mi pareja le diagnosticaron un tumor maligno en la pierna, aunque después de dos meses de pruebas resultó ser benigno. También me lesioné la costilla y estuve dos meses sin poder jugar. Cuando mejoré del oblicuo, la muñeca empezó a darme pinchazos. Tenía que infiltrarme para jugar. Durante una ecografía le pedimos al médico que mirara un pequeño bulto que mi pareja tenía en la pierna. Luego llegó el diagnóstico de que era maligno. Mis lesiones dejaron de importarme.

-¿Todo ha salido bien?

-Sí, tras la cirugía, a la tercera biopsia, le dijeron que era benigno. Fue un balón de oxígeno, la verdad.

-Vaya cóctel de factores...

-Ha sido difícil mantenerme concentrado. Estuve varios meses jugando sin dolor porque me inyectaban cortisona y no sentía nada, pero no tenía la cabeza en su sitio. Estaba constantemente pensando en el diagnóstico de mi novia.

-Perdió la tarjeta del Circuito Europeo por primera vez en años.

-Me pareció hasta normal, después de la temporada que tuve (risas).

-Un mal menor, imagino.

-Sí, me perdí muchos torneos por las lesiones. Luego, cuando pude jugar, no estuve concentrado. Me dieron la posibilidad de jugar tres torneos por exención médica y estuve cerca de mantener la tarjeta. Si en Dubái hubiera hecho un par de golpes menos no la habría perdido. Es parte del deporte. No lo vi como algo desastroso.

-Parece que alguien hubiera hecho vudú contra usted.

-¿Vudú? (Risas). No me diga eso, que los deportistas somos muy supersticiosos. Cuesta mantener la mentalidad positiva cuando ocurren cosas así, pero hay que saber aceptarlo y priorizar las cosas importantes.

-Lo tuvo claro.

-El golf dejó de importarme cuando le diagnosticaron el tumor.

-Hace años era más ansioso.

-Sí, pero he ido madurando. Las prioridades cambian. Cuando empecé como profesional tenía mucha motivación. Luego comienzas a ver las cosas de forma diferente. Antes todo era golf, pero el año pasado pasó a un segundo e incluso hasta a un tercer plano. Hay que aprender a ser felices con lo que tenemos.

-En Portugal jugó bien.

-Siento que he estado pegando bien a la bola, pero los resultados no llegaban. Eso me generaba algo de estrés. Tendré que jugar la escuela de clasificación otra vez. ¡Nadie se ha muerto por jugarla!

-En cierta medida resulta motivador. Es como empezar de cero.

-Es una forma de verlo que me vendría bien (risas). Pensaré que es mi primer año en el circuito, con la ventaja de que ya tengo la experiencia.

-Para el golf es usted joven.

-Sí, hasta cumplir 50 y jugar el circuito sénior quedan 15 años (risas).

- Cuénteme, ¿cómo es el ambiente del circuito profesional?

-Hay muchos españoles, se respira colegueo. Es muy divertido. Lo peor es tener que viajar tanto. No llevo muy bien los aeropuertos, pero por lo demás me encanta mi trabajo.

-¿No hay lucha de egos?

-Bueno, competimos unos contra otros. Es algo inevitable, pero no hay malos rollos entre los jugadores porque sabemos que nuestros mejores amigos y nuestros peores enemigos somos nosotros mismos. Yo lo veo así: somos nosotros contra el campo.

-Antes hablábamos de empezar de cero. Supongo que el ejemplo de Tiger Woods le resulta inspirador.

-Tiger es una inspiración siempre. Es una máquina, el mejor jugador de todos los tiempos. Ha estado lesionado, le ha pasado de todo: operaciones, situaciones personales... Y el tío ha luchado y mire, ahora está otra vez ahí arriba. Nunca se sabe.

-¿Cómo vivió la Ryder?

-Es mi torneo preferido, lo vi desde el principio hasta el final.

-¿Cómo vio a Sergio García? También es un ejemplo de pundonor.

-Es un fuera de serie, tiene un talento innato que no he visto en casi ningún otro jugador. Todavía recuerdo cuando jugué una vuelta de prácticas con él siendo niños. Yo tenía once años. Él, catorce. Me impactaba la fuerza que tenía y el modo en que miraba a la bola. Es impresionante.

-¿Y qué me dice de Rahm?

-Me parece impresionante que haya llegado arriba siendo tan joven. Tiene garra y personalidad.

-Usted también tuvo un inicio arrollador. Ganó en Rusia en 2006.

-Acababa de graduarme de la Universidad, no me lo esperaba. Era algo soñado. Desde entonces he intentado disfrutar lo máximo posible. Si pudiera volver atrás, creo que hubiera seguido apretando para ganar más torneos. Tal vez me relajé.

-¿Alguna vez se ha dejado tentar por el dinero o las fiestas?

-La verdad es que no. He sido muy tranquilo en ese aspecto. Nunca he sido fiestero, aunque podía haber aprovechado (risas). He estudiado y he jugado al golf, siempre he sido un niño bueno. El mayor cambio, tras ganar en Rusia, fue pasar de querer comprarme un Volkswagen Golf a mirar un BMW Serie 3.

-¿Al final cuál compró?

-Pues ninguno, porque mi padre me dio el suyo y no me dejó comprar uno nuevo (risas). Luego, con los años, ya sí compré un BMW.

-¿Qué falta para terminar de tumbar el cliché que asocia golf y élite?

-En España hay pocos campos públicos. Esa cultura no la tenemos.

 

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