HOYO 19

LUCES Y SOMBRAS

ALBERTO GÓMEZ / ALEJANDRO DÍAZ

El golf español rebosa salud tras un 2018 repleto de buenos resultados. Aunque Sergio García pinchó en los torneos grandes, que se le han atragantado desde su heroica victoria en el Masters de 2017, del jugador castellonense ya sabemos que se puede esperar cualquier cosa: lo mejor y lo peor. Y ahí está, tomando el testigo, Jon Rahm, que sigue demostrando por qué figura como uno de los jugadores mejor situados en la clasificación mundial. El golfista vasco puede dar la campanada en cualquier momento, y tiene hambre de títulos grandes. Quién sabe si 2019 será su año. También Carlota Ciganda, una de las golfistas más regulares del circuito femenino, y Azahara Muñoz, que trata de recuperar su mejor versión, contribuyen al resurgimiento del golf español. Este escenario brillante contrasta con la dificultades para encontrar inversores públicos y privados, un obstáculo que continúa lastrando un deporte que arrastra desde hace demasiado tiempo ya la etiqueta de caro y elitista, y al que la crisis fulminó por su relación con el sector de la construcción, cuando en realidad tiene mucho más que ver con el sector turístico, pese a que el IVA impuesto por el Gobierno central no lo reconozca. El golf es la tercera disciplina con más federados, con 271.000, solo por detrás del fútbol y el baloncesto, pero el número de licencias de golf no para de caer desde 2010, año en el que alcanzó su pico con 338.588. «Sufrimos mucho con la crisis. Ahora intentamos que la gente se anime a jugar. El golf es salud, crea puestos de trabajo y favorece la economía», afirma Gonzaga Escauriaza, presidente de la Federación Española de Golf desde 2008. Por suerte, en la Costa del Sol el horizonte es mucho más alentador que en el resto del país. Pero el golf se enfrenta a retos importantes. De la mano de Acosol, la mayoría de los campos de la Costa del Sol Occidental se abastecen únicamente de agua no apta para el consumo humano. Otros recorridos han empezado a introducir esta práctica y aún alternan agua potable y agua reciclada, mientras que la cifra se reduce a menos del cinco por ciento en los casos de campos que aún no utilizan nada de agua reciclada. La lucha contra la sequía constituye una parte fundamental de la responsabilidad social de los clubes y campos, una tarea que no pueden obviar porque de ella dependerá su supervivencia. Las administraciones deben reconocer que el golf está liderando las políticas de responsabilidad medioambiental. Tal vez sería hora de premiar al sector con una justa bajada del IVA que se corresponda a su actividad turística.