El golf no escapa del machismo

Mel Reid, en una imagen de archivo. :: sur/
Mel Reid, en una imagen de archivo. :: sur

Reid denuncia la brecha salarial que arrastra este deporte pese a la igualdad en los gastos

ALBERTO GÓMEZ

málaga. Ahora que se acerca el 8 de marzo adquieren más sentido si cabe las declaraciones de Mel Reid, que en una entrevista reciente denunció la brecha salarial que arrastra el golf entre hombres y mujeres y las dificultades de las jugadoras para acceder a patrocinios. «Si soy completamente honesta, creo que está empeorando», confesó Reid con frustración a The Independent. Para demostrarlo, puso varios ejemplos, empezando por ella misma. Después de llamar y preguntarle al fabricante de sus palos por las dos maderas que se adaptan mejor a su juego, la respuesta cayó como un jarro de agua helada: «No apoyamos el golf femenino». Otro fabricante al que Reid pidió un juego de hierros fue más claro todavía, indicándole que sólo apoyan a los hombres del European Tour y el Challenge Tour.

En julio del pasado año, la coreana Inbee Park, una de las estrellas del golf femenino, le pidió a un fabricante que factura más de 400 millones de libras que le enviara una madera de sustitución. No era una llamada cualquiera. Era la llamada de la ganadora de siete grandes y medalla de oro olímpica, que pasó más de 100 semanas en el número uno de la clasificación mundial. La respuesta fue igual de clara: tendría que pagarla aunque fuera a precio de coste. «¡Y era la número 1!», relata Reid: «La gente no tiene ni idea de todo lo que está sucediendo, es una broma absoluta». La golfista reflexiona: «Imagina que esto sucede en el golf masculino, que le pasa al mejor jugador del mundo. Puedo entender que los premios nunca serán los mismos, entiendo el valor del producto, pero que dos de las compañías fabricantes de material no apoyen abiertamente el golf femenino... La gente no sabe los problemas que tienen las jugadoras del LPGA sólo para obtener su equipamiento».

En cualquier evento de los circuitos profesionales pueden verse gorras y ropa de jugadoras sin patrocinador o carteles de publicidad vacíos, algo impensable en los campeonatos masculinos. El pasado año, la ganadora del British Open, Georgia Hall, ganó menos dinero que, por ejemplo, Martin Piller, número 390 del mundo, que falló el corte en más de la mitad de los torneos del PGA Tour en los que participó. Así, la única igualdad entre hombres y mujeres en el golf reside en los gastos, como los que tienen que afrontar las jugadoras en vuelos, hoteles y manutención.

«Si soy completamente honesta, creo que está empeorando», confiesa Reid sobre la desigualdad en el mundo del golf En España, además, el golf sigue arrastrando la etiqueta de ser un deporte elitista y complicado

Impacto económico

En España, además, el golf sigue arrastrando la etiqueta de ser un deporte elitista y excesivamente complicado. «Es mucho más caro hacer surf o esquiar. Falta cultura deportiva, conocimiento. Antes de ir a los Juegos Olímpicos, me preguntaron si esto era un deporte», cuenta sorprendida Marta Figueras-Dotti, precursora del golf español y referente europeo. El auge de este deporte resulta evidente en Estados Unidos y algunos países asiáticos, donde el impacto económico y mediático de los torneos femeninos aumenta cada año, un crecimiento que en el sur de Europa es mucho más discreto, aunque en algunos países como Francia, donde se disputa uno de los cinco 'majors' de cada año, las mujeres ya atraen a los campos a miles de aficionados.

No es la primera vez que las golfistas protestan por la desigualdad. Ya el año pasado, durante la celebración del ANA Inspiration, uno de los cuatro 'majors', las jugadoras reclamaron la equiparación de ingresos en los circuitos masculinos y femeninos. Hasta el desierto de California, donde se disputa el torneo, se desplazaron atletas de diferentes especialidades que, de la mano de la actriz y activista Ashley Judd, comentaron sus experiencias y reivindicaron igualdad también en el ámbito del deporte profesional. Para la mayoría de las participantes en los coloquios que tuvieron el club de Mission Hills como escenario resulta frustrante obtener un rendimiento económico muy escaso a unos logros similares a los de sus compañeros masculinos cuando el esfuerzo y la dedicación son los mismos. Aún hay que derribar muchas barreras.

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