UN ALUD DE EMOCIONES

Después del último hoyo del Open de España de 2017, Azahara Muñoz quedó desbordada por un alud de emociones que dejaba adivinar que no han sido unos meses fáciles. Los problemas derivados de su lesión de muñeca, la apendicitis y los cambios de entrenador hicieron mella en su confianza. La estocada por entonces más reciente, su exclusión del equipo europeo de la Solheim Cup, una competición que adora y para la que había sido seleccionada en las tres ediciones anteriores, hizo saltar algún resorte escondido. Muñoz comenzó a jugar mejor, una tendencia constatada durante el torneo español, donde sin duda mostró su versión más brillante de la temporada. Hacerlo en Guadalmina, el campo que la vio crecer, un club donde cada esquina recuerda su condición de socia de honor, ensanchaba el hito, presenciado por toda su familia. Este año, tampoco el viento ha soplado siempre a favor de la malagueña, que reconoció haber atravesado un calvario físico y emocional por una enfermedad de tiroides durante meses sin diagnosticar. Tras controlar sus problemas de salud, Muñoz volverá a Málaga para tratar de levantar el título del Open de España por tercera vez.

 

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