Bea Torres sueña con la élite del arbitraje

Bea Torres sueña con la élite del arbitraje

«A corto plazo, quiero ascender a Liga Iberdrola y a Tercera, y luego llegar lo más alto que pueda», explica la joven

MARINA RIVAS

Cuando a los 16 años decidió meterse en este mundo, no sabía lo que hacía. La malagueña Bea Torres Corral era de esas niñas que, en el recreo, se unía a jugar al fútbol con los chicos. Nunca llegó a competir como jugadora, pero viendo lo que disfrutaba con este deporte, un amigo le recomendó que tomara un camino diferente, el del arbitraje. Ocho años después, la joven de la barriada de Huelin es la árbitra de la provincia de mayor nivel: ejerce como colegiada principal en la Segunda División femenina y de asistente en Liga Iberdrola; en lo que respecta a las categorías masculinas, pita en la División de Honor sénior y, ocasionalmente es asistente en Tercera, la categoría que le precede.

A simple vista, quizá no parezca un gran nivel, pero Torres señala: «En Andalucía no hay ninguna mujer que arbitre en Tercera y, de hecho, sólo hay dos como principales en División de Honor sénior. La otra es la cordobesa María José Villegas, que arbitra en Liga Iberdrola y que está pendiente de ver si asciende a Tercera este año». Y es que, pese a que se atisba cada vez un mayor interés femenino por el mundo del arbitraje en fútbol, todavía son una pequeña minoría, más aún en la élite masculina. Hace escasos días saltaban dos grandes noticias, la de dos árbitras que hicieron historia. La primera, la extremeña Guadalupe Porras Ayuso, la primera mujer que debutará como asistente en Primera; la segunda, Marta Huerta de Aza, del Comité tinerfeño, la primera árbitra principal en Segunda B.

Ellas son un caso aislado, de hecho en las designaciones de la RFEF cara a la próxima temporada, sólo un tercer nombre femenino se suma a las tres primeras categorías del fútbol masculino, el de la asturiana Judit Romano García, asistente en Segunda. Sin embargo, por escasas que sean, han comenzado a allanar el camino. «Se ha conseguido lo más difícil, creo que su ejemplo motivará a que se unan muchas más mujeres y podamos seguir creciendo. Mi sueño, a corto plazo es conseguir el ascenso a Liga Iberdrola y a Tercera, pero cara al futuro, quiero llegar lo más lejos que pueda», asegura Torres. La malagueña lleva varios años intentando esos ascensos, sin suerte, pero no quiere dejar de luchar. Eso sí, mientras compagina su pasión por el arbitraje con su verdadero oficio (es enfermera en la Clínica del Pilar). «Al final uno siempre saca tiempo si quiere hacer algo de verdad y aquí en el trabajo tengo la suerte de que los fines de semana me los dan libres, porque saben que voy a arbitrar», comenta.

Para ella, los estudios siempre fueron lo primero. Una filosofía que aplicaría también a los jóvenes futbolistas, más allá de las pretensiones de sus padres. «Hay muchos que presionan a sus hijos para que sigan con el fútbol, pero se trata de que los niños aprendan y disfruten del deporte, no que dejen los estudios, porque el día de mañana tienes una lesión grave y luego no te queda nada», explica. A medida que fue creciendo y ascendiendo, Torres pasó de los más pequeños a hombres que pueden sacarle una o dos cabezas de altura, pero asegura que la dureza del arbitraje en fútbol le ha aportado la madurez necesaria para no temer a este tipo de situaciones. «Insultos al colegiado siempre hay, más allá de que seas hombre o mujer. Por suerte, nunca se han cebado conmigo en cuanto a comentarios machistas, pero a mis compañeras sí que le han dicho lo típico de 'vete a fregar'», recuerda.

Trabajo bajo presión

Torres es de las que se crece bajo presión y mantiene la calma. «He arbitrado partidos complicados, en los que jugadores y la grada están tensos y lo discuten todo, porque se juegan una determinada plaza. Es complejo, pero estos retos me ayudan a crecer», dice. Incluso, en tono bromista, también comenta: «A veces, en jugadas de penalti que puedan ser polémicas, te ayuda el observar las reacciones de algunos jugadores, se delatan solos».

Estos días, Torres tampoco descansa, a pesar de haberse acabado la temporada. Y es que, además de que todos los árbitros, durante el año, pasan al menos por tres pruebas físicas (velocidad y entrenamiento por intervalos), exámenes de reglamentos y visionados de vídeos sólo para mantener el cartel de 'apto'. Además, en varias las ocasiones, la malagueña también ha actuado como asistente en amistosos entre equipos de renombre: el Dortmund, el Legia de Varsovia, el Dinamo de Kiev o el Dinamo de Bucarest, que suelen realizar estancias en la Costa del Sol. «Cuando vives experiencias como esas y ves que poco a poco vas avanzando, te das cuenta de que todo lo que has sacrificado vale la pena; yo no sería quien soy sin el arbitraje».