El partido más esperado y también el más temido

La policía toma posiciones en el estadio de Boca. /Reuters
La policía toma posiciones en el estadio de Boca. / Reuters

Boca y River, los archirrivales del fútbol argentino, se enfrentan por primera vez en una final de América

Héctor Barbotta
HÉCTOR BARBOTTAMarbella

En un país donde el fútbol se vive con una pasión que va mucho más allá de lo razonable, una final de la Copa Libertadores de América (la 'Champions' de Sudamérica) entre Boca Juniors y River Plate podía ser un partido soñado, pero al mismo tiempo una pesadilla por la gran cantidad de contraindicaciones que presenta.

Por primera vez desde 1960, cuando el torneo comenzó a jugarse, los clásicos rivales del fútbol argentino se enfrentan en una final continental y las sensaciones que se viven en el país austral son tan intensas como contradictorias. Por un lado, la final, que se desarrollará a doble partido, ya ha sido considerada como la más importante en la historia del país que vio nacer a Di Stéfano, Maradona y Messi. Por el otro, los problemas en materia de seguridad que presenta el acontecimiento y la frustración que sufrirá el que pierda han hecho que se disparen los temores. La primera medida ha sido contundente: no se admitirá público del equipo visitante en ninguno de los dos partidos. Sólo habrá afición de Boca en la ida y de River en la vuelta.

Nacidos los dos en el popular barrio de La Boca, un arrabal portuario al sur de la ciudad de Buenos Aires, a principios del siglo pasado, Boca Juniors y River Plate protagonizan desde entonces un encono que trasciende largamente lo deportivo.

River abandonó tempranamente el barrio para instalarse en demarcaciones más acomodadas de la ciudad y pronto adoptó el sobrenombre de 'millonarios'. Boca se quedó en su lugar de nacimiento y sus rivales lo bautizaron despectivamente como 'bosteros' por el colapso que sufrían las cloacas en las recurrentes inundaciones que padecía el barrio. Bosteros y millonarios se detestan desde entonces.

Ahora se vuelven a ver en lo que muchos consideran el choque definitivo. Los de River consideran que una victoria curaría para siempre el trauma del descenso sufrido en 2011. Los de Boca saben que una victoria, además de confirmarlos como el equipo argentino con más títulos internacionales, hundiría a sus rivales en la depresión más absoluta.

La paridad es total. Aunque River se clasificó por los pelos, llega con una ventaja psicológica tras haberse impuesto en los últimos enfrentamientos directos, incluida la semifinal de la Libertadores de 2015 cuando el segundo partido tuvo que ser suspendido después de que un hincha de Boca atacara con gas pimienta a los jugadores de River. Boca, bicampeón de la liga argentina, ha demostrado mayor contundencia en las eliminatorias que lo colocaron en la final, pero eso no garantiza nada. Esta noche será el primer choque. A todo o nada.

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