UNA CUESTIÓN

MUERTE EN LA CARRETERA

MANUEL CASTILLO

A los futbolistas se les mide muchas veces por su punta de velocidad. Es la que, en ocasiones, sirve para desarbolar el juego del equipo rival y conduce a un final positivo. Era el juego del malogrado José Antonio Reyes, un jugador carismático por donde quiera que ha ido que corría la banda como pocos imprimiendo a su fútbol la alegría y la positividad que a él le caracterizaban como persona, en la calle, con los amigos. Lamentablemente esa velocidad trasladada a la carretera cuesta malos ratos y, a veces, la muerte. Sin querer asegurar que eso haya sido la causa de su mortal accidente, algunas informaciones aseguran que circulaba a 237 kilómetros por hora. Maldita velocidad que ha matado a tantas criaturas que triunfaban en la vida. Inevitablemente nos invade el recuerdo de nuestro Juanito, curiosamente fallecido a la misma edad de Reyes, 37 años.

Aún mantengo fresco el recuerdo de aquella mañana de abril (1992) cuando, recién llegado a la redacción de SUR, la noticia del accidente en Oropesa (Toledo) nos dejaba sobrecogidos, incapaces de admitir el hecho. También Juanito viajaba hacia Mérida, su destino, tras haber presenciado un Real Madrid-Torino en el Bernabéu. Uno y otro, Juanito y Reyes, andaluces, grandes figuras de la selección nacional y con pasado madridista. Son numerosos los casos de accidentes mortales de figuras del deporte como también de la música y del cine, habituales de los viajes por carretera. Concretando en lo más cercano nos viene a la memoria los nombres del panameño Rommel (que militó en el Valencia, Tenerife y Albacete) y de Cunnigham, jugador del Real Madrid que falleció en las afueras de la capital. Y mención especial para un mito del baloncesto español, Fernando Martín, cuyo mortal accidente en una confluencia de la entonces incipiente M-30. fue una noticia de impacto nacional. Demasiadas muertes en la carretera que se suman a las numerosas vidas anónimas que se pierden cada día. La velocidad no siempre nos lleva donde queremos. Según el dicho popular, vayamos sin prisas pero sin pausas. Y con un recuerdo entrañable para quienes han perdido la vida en la carretera.