Jornada 5

El Madrid pierde el brillo pero gana al Espanyol

Un solitario gol de Asensio, que el VAR tardó dos minutos en confirmar, le dio la victoria a un equipo blanco que estuvo lejos del juego de Champions

Javier Varela
JAVIER VARELAMadrid

Esta vez no hubo fantasía en el Santiago Bernabéu, pero sí se repitió victoria. El Real Madrid de Julen Lopetegui demostró ante el Espanyol que también sabe ganar los partidos sin hacer un fútbol excelso como ante la Roma. Y eso que salió decidido a mandar en el partido y mover el balón en el campo del Espanyol, pero a diferencia del miércoles, le faltaba velocidad, esa sexta marcha que deslumbró ante la Roma y la presión sin balón que tanto daño hizo a los italianos y que permitió a los blancos multiplicar sus ocasiones. El Espanyol, bien plantado, esperaba sus opciones sin desesperarse y hacía que el Madrid tocara el balón en una zona en la que no existía peligro para la portería de Diego López. El balón parecía pesar un quintal y en los metros finales les faltaba claridad a los hombres de Lopetegui, a pesar de ello, Isco dio el primer aviso pero su disparo se marchó fuera.

1 Real Madrid

Courtois, Odriozola, Varane, Ramos, Nacho, Modric, Casemiro, Ceballos (Lucas Vázquez, min. 62), Isco (Marcos Llorente, min. 79), Asensio y Benzema (Mariano, min. 59).

0 Espanyol

Diego López, Javi López, Naldo, Hermoso, Dídac, Darder (Víctor Sánchez, min. 54), Marc Roca, Granero, Hernán (Sergio García, min. 69), Borja Iglesias y Piatti (Baptistao, min. 54).

Gol
1-0: min. 41, Asensio.
Árbitro:
Mateu Lahoz (Colegio Valenciano). Amonestó a Nacho, Marc Roca, Javi López y Casemiro.
Incidencias:
Partido correspondiente a la quinta jornada de Liga 2018-19, disputado en el Santiago Bernabéu. 67.658 espectadores.

Ceballos tenía la complicada labor de sustituir a Kroos, al que Lopetegui dio descanso, pero el alemán es demasiado todavía para que el joven utrerano pueda equipararse con él. Aun así, evitó sobar el balón, jugó a pocos toques y le imprimió velocidad al juego blanco. Pero nada que ver con el miércoles. El equipo blanco dominaba de cabo a rabo, pero paradójicamente las mejores ocasiones las tuvo el Espanyol. Dos en concreto. Varane no fue contundente en el despeje y Hernán Pérez lo aprovechó para hacerse con el balón y ponérselo a Piatti, que con tiempo para pensárselo, remató cruzado sobre la portería de Courtois. El belga, que volvió a la titularidad, sí fue clave sin embargo en la siguiente ocasión 'perica'. Despejó un trallazo de Hernán Pérez que decidió disparar en una contra en lugar de asistir a Piatti. La historia dice que si perdonas en el Santiago Bernabéu lo acabas pagando y el Espanyol lo comprobó en sus carnes.

El Madrid decidió tomarse un respiro y dejar que los 'pericos' tuvieran el balón y salieran de la jaula para asestar el golpe definitivo. Se dejaba atacar para sorprender con un contrataque. En una de esas presiones a la salida del balón en las que tanto trabaja Julen Lopetegui, el Madrid robó el balón y provocó una contra frenética. Modric puso el balón a Marco Asensio que, con suspense, envió el balón en el fondo de la portería de Diego López. Y digo suspense, porque el balear y el Santiago Bernabéu no pudo celebrar el gol hasta dos minutos después. Ese fue el tiempo que tardó el VAR en decirle a Mateu Lahoz que el Madrid se ponía por delante en el marcador.

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Tras el descanso se vivió un 'déjà vu' en el Santiago Bernabéu porque el Real Madrid tenía el balón, controlaba el partido, llegaba al área del Espanyol pero no tiraba entre los tres palos. El partido parecía anestesiado y los entrenadores decidieron hacer dos cambios cada uno con diferentes objetivos. Lopetegui, con Mariano y Lucas Vázquez, buscaba velocidad en ataque y ampliar la ventaja, mientras que Rubi con Baptistao y Víctor Sánchez llegar con más claridad a la portería de Courtois y volver a poner las tablas en el marcador. Y estuvo a punto. Un error grosero de Sergio Ramos permitió a Borja Iglesias plantarse delante de Courtois y tener la osadía intentar una vaselina que de no haber sido por el larguero hubiera supuesto uno de los goles de la jornada.

Ese punto de suerte pareció despertar al Real Madrid y hacerle ver que si quería llevarse los tres puntos tenía que poner mucho más fútbol sobre el césped. Sergio Ramos estuvo a punto de enmendar su error con un cabezazo marca de la casa, pero una gran mano de Diego López evitó el tanto del capitán blanco tras el perfecto pase de Isco. Precisamente el malagueño dejó su sitio a Marcos Llorente, al que Lopetegui le puso como deberes evitar que el equipo se partiera, después de escuchar murmullos por una nueva pérdida de balón que se acumulaban en el bando blanco. El equipo no terminaba de funcionar y el partido se ponía para que cualquiera marcara ante el nerviosismo de la grada y de un Lopetegui que se desgañitaba dando órdenes a sus hombres desde la banda. Pero el Espanyol no fue capaz de aprovechar la situación –tardará en verse en otra similar- y el Madrid certificó el triunfo menos brillante de la temporada, pero igual de válido en puntos.

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