«Son más deportivos»

Contraste. Milagros, que se confiesa «de sangre caliente», ha ido atemperando su carácter para adaptarse a la cultura nipona. /R. C.
Contraste. Milagros, que se confiesa «de sangre caliente», ha ido atemperando su carácter para adaptarse a la cultura nipona. / R. C.

Milagros Martínez es la primera entrenadora de un equipo de fútbol masculino en Japón. Está en Cuarta y cobra como en la élite española

FERNANDO MIÑANA

Ha estado en España durante un parón de la liga japonesa. El tiempo justo para ver a las amigas del fútbol en Albacete, escaparse a la playa del Grao de Castellón y visitar a la familia en un pequeño pueblo de Cuenca. Allí le montaron una fiesta sorpresa el día que llegó y, casi sin tiempo de saborearla, le tocó cruzar Europa y Asia de nuevo. Tiene la misión de salvar al Suzuka Unlimited del descenso y lo hace sin presumir de que ella, en realidad, ya ha triunfado: Milagros Martínez es la primera mujer que entrena a un equipo masculino en Japón.

– ¿Qué hacía su familia en Fuentelespino de Haro?

– Ha tenido toda la vida una panadería familiar, un horno de leña, de dulces típicos. Me ha gustado el fútbol desde pequeñita, creo que por mi padre, y cuando ya llegué a la universidad a estudiar Magisterio hice unas pruebas en el Albacete Balompié. Desde entonces llevo en el fútbol. Y ahora en Japón.

– ¿Por qué dice que por su padre?

– Porque tengo tres hermanos y ninguno de ellos es aficionado al fútbol. Los dos mayores jugaban al baloncesto y a mi hermano mellizo le iba mucho la bici de montaña. La única a la que le gustaba el fútbol era yo.

– ¿Cuándo decide dedicarse más en serio al fútbol?

– Dejé de jugar al fútbol para entrenar al filial del Albacete Balompié, que tenía al primer equipo en Segunda, peleando todos los años por subir y perdiendo siempre en el último partido. Uno de esos años me dieron el primer equipo y de inmediato conseguimos ascender. Estuve tres años en lo que ahora es la Liga Iberdrola. Después me dediqué a coordinar la cantera; luego acabó mi contrato y lo que me ofrecieron fue una invitación a abandonar el club.

– ¿Cómo consigue llegar a Japón?

– Por Yuriko Saeki –una entrenadora que nació en Irán pero se siente japonesa–, que trabaja en el Villarreal. Le mandé el currículo y le comenté que quería irme fuera. Antes de Navidad me dijo: «Mila, hay un equipo japonés que está buscando una entrenadora, pero es masculino. ¿Te interesa o les digo que pasas?». Le dije que sí. Las condiciones del contrato eran como aquí en Primera. No me lo pensé y en quince días estaba allí.

– ¿Fue muy brusco el contraste cultural?

– Sí. Sobre todo el idioma: es muy complicado. Pero yo me he adaptado muy bien gracias al intérprete que tengo ahora. Al principio iba allí con mi pizarrita... Pero ya estoy totalmente adaptada y hasta digo alguna cosa en japonés.

Personal

Origen.
Milagros Martínez nació en Fuentelespino de Haro, un pueblo de 200 habitantes de Cuenca, en abril de 1985.
Formación.
Estudió Magisterio en Albacete, donde empezó a entrenar al filial femenino del Albacete Balompié. Después tomó las riendas del primer equipo y lo subió a Primera. Tras una etapa dirigiendo la cantera, no le renovaron.
Fichaje.
En diciembre de 2018 firmó con el Suzuka Unlimited, de la Cuarta división masculina nipona, en una ciudad a 400 kilómetros de Tokio.

– ¿Qué ha aprendido?

– A ver, en los entrenamientos, como se repite lo mismo todos los días, al final te lo aprendes. A veces el traductor se equivoca, le corrijo y los jugadores se ríen porque ven que ya lo voy entendiendo.

Desde fuera sorprende que un equipo de Cuarta categoría contrate a una extranjera.

– Es un club especial. Les gusta llamar la atención. Cuando acaban los partidos, todos los jugadores y el cuerpo técnico subimos a la grada a dar las gracias al público. Damos como una rueda de prensa entre los aficionados. Es un club peculiar. Como en Japón solo hay cuatro o cinco mujeres que tengan el UEFA Pro –título oficial para entrenar otorgado por el órgano rector del fútbol europeo–, para ellos era muy difícil que una japonesa pudiera aceptar el cargo. Y es un país un poquito machista.

Con mucho respeto

– ¿Por qué dice que es machista?

– Todo el mundo me lo había dicho, pero yo, en mi día a día, no lo he notado. La cultura de ellos es la de la mujer en casa con los niños y el hombre fuera trabajando. Yo en el deporte no he notado nada. Los árbitros, un poquito.

– ¿Es respetuoso el público con los árbitros y con los rivales?

– Muy respetuoso. Y hasta los jugadores. Les hacen un penalti porque les caza un defensa por detrás, no lo pitan y ni protestan. Es increíble. Yo sí. A mí me llevan los demonios, que tengo la sangre caliente... El público también es muy educado. Es más deportivo. Se toman el fútbol como un juego.

– ¿Qué es lo que más le ha sorprendido de lo que ha visto allí?

– El respeto por todo. Hay un señor mayor conduciendo y van detrás cincuenta coches haciendo cola porque va muy despacio y no pita nadie. Pierdes un partido y todo son ánimos. Los jugadores nunca te ponen una mala cara. Me vengo unos días a España y me dan regalos para mi familia...

– ¿Le importa decir lo que gana?

– Prefiero no decirlo. Pero son condiciones de un equipo de Segunda B de chicos en España.

– ¿Y lo que más añora?

– La gente. Llego a casa y estoy sola. Voy de compras y voy sola. Ahora puedo cenar con un preparador físico que me he llevado de España y el intérprete, pero los días libres se me hacen eternos.

Ha tenido la oportunidad de conocer a Andrés Iniesta...

– ¡Sí! Radio Marca fue para allá a primeros de mayo y me lo presentaron. Estuvimos dos horas con él y se interesó por mi trabajo. Y es curioso: en esas dos horas, en el hall de un hotel, la gente lo veía y no se le acercó nadie.