Diferentes maneras de superarse

El ambiente festivo reinó durante la prueba./Ñito Salas
El ambiente festivo reinó durante la prueba. / Ñito Salas

Cada dorsal de la Media Maratón esconde una historia detrás, en muchos casos digna de subir al podio

FERNANDO MORGADO

Un mar de camisetas azules, este año diseñadas por el pintor malagueño Andrés Mérida, inundó el Paseo del Parque sobre las once de la mañana del domingo. El 'pelotón', como se conoce al grueso de participantes de la Media Maratón Teatro Soho CaixaBank Ciudad de Málaga, comenzaba a cruzar la línea de meta. Unos trataban de captar la atención de los fotógrafos a la llegada, otros se tiraban al suelo sin fuerzas y los más buscaban rápidamente su medalla por haber terminado la prueba y una bebida isotónica. La lluvia hizo acto de presencia, pero a nadie parecía importarle. El esfuerzo había sido demasiado grande como para no disfrutar de la recompensa que supone encontrarse con amigos y familiares tras haber logrado completar el recorrido.

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Detrás de cada dorsal se esconde una historia, en muchos casos digna de subir al podio. En la Media Maratón hay tantas formas de superarse como corredores. De entre todas las categorías destaca una, no oficial, que es la de los novatos de las carreras populares que escogen las calles de Málaga para ponerse a prueba por primera vez. Era el caso del periodista y escritor cordobés Antonio Agredano, de 39 años, que comenzó a entrenar hace poco más de tres meses. «El 22 de diciembre fue el primer día que salí a correr. Hice 4 kilómetros», recuerda orgulloso. Para Agredano, que ahora reside en Sevilla, pero que durante años vivió en Málaga, la carrera de ayer fue «como pasear por una parte de mi vida». De hecho, confiesa que la noche anterior tuvo que hacer un esfuerzo por no caer en la tentación y salir de fiesta por la ciudad. «Todo ha ido mejor de lo que esperaba. Uno viene un poco acomplejado por ser la primera vez y estoy satisfecho de haber podido acabar con dignidad», explica mientras recoge sus pertenencias del guardarropa y se encuentra con su amigo Sergio Cortina.

La organización se propuso que esta edición de la prueba fuese la más inclusiva y el público respondió animando a los atletas con discapacidad

También era la primera vez para Noa Quel, de solo cinco años, aunque la pequeña vivió la Media Maratón como un paseo, pues su padre, Miguel, iba empujando su carrito. Era su primera carrera juntos, aunque para Miguel se trataba de su cuarta participación en la prueba. «No estoy acostumbrado a correr con el carrito y he notado el esfuerzo especialmente en la zona de los hombros y los homóplatos. Suelo hacer una media maratón en 1 hora y 30 minutos, pero con Noa he tardado más, tenía que tener cuidado con los que se van cruzando para no atropellar a nadie», asegura Quel, de 34 años, que se mostró muy satisfecho por el cambio del recorrido, aunque tuvo que «bajar el nivel» en el tramo de la avenida Juan XXIII.

Arriba, mMiembros del club Corredores con Miga. Abajo, un padre, con su hijo, y Antonio Bonaldi, Julio Pancorbo y su padre, Julio Pancorbo . / Francis Silva

Los motivos por los que echar a correr son igualmente variados, pero pocos tan emotivos como el de Nicolás Escribano, que llevaba en su camiseta la imagen de su cuñado, Juan Miguel Plaza, fallecido el año pasado en un accidente de tráfico. «Hicimos la Media Maratón de París con él en 2012 y el 10 de marzo. Cada vez que me venía abajo tocaba su foto para recuperar fuerzas», explica Escribano, que corrió por primera vez la carrera con otros cuatro miembros de su familia para rendir homenaje a Plaza.

Más sillas que nunca

La organización se había propuesto convertir su vigésimo novena edición en la más inclusiva y lo consiguó. Ya en la línea de salida de la Media Maratón se pudo ver a un numeroso grupo de voluntarios ataviados con camisetas negras que comenzaban la marcha ayudando a personas con discapacidad a conseguir el objetivo de terminar la prueba. Eran los miembros de la iniciativa Egoísmo Positivo, cuyo objetivo es integrar, a través del 'running', a personas con discapacidad en el mundo del deporte. Además de Egoísmo Positivo, hubo decenas de atletas que convirtieron su esfuerzo en una reivindicación de la integración o la investigación de diversas enfermedades.

Padres y madres se animaron a correr empujando los carritos de sus hijos

Julio Pancorbo lleva ya cinco años participando en carreras populares junto a su hijo, Julio. Ayer en Málaga repitieron por cuarta vez. Vinieron desde Jaén acompañados por su amigo, el italiano Antonio Bonaldi. El joven Julio padece leucodistrofia, una enfermedad neurodegenerativa que tanto su padre como Bonaldi tratan de visibilizar con la camiseta que se enfundaron. Durante el recorrido, se fueron turnando para empujar la silla de ruedas de Julio. «Desde que empezamos a correr cada vez vemos más sillas. Me parece algo maravilloso. Es bueno para ellos porque les saca de la rutina. Además, este año Julio ha podido conocer a Manolo Sarria, al que admira», explica Pancorbo, que no se olvidó de mencionar la labor que hace la Asociación Europea contra la Leucodistrofia.

Los voluntarios de Egoísmo Positivo ayudaron a personas con discapacidad a disfrutar de la carrera

Minutos después de Julio cruzó la meta, también en su silla, Óscar García, empujado por su padre, Juan, ambos procedentes de Jerez de la Frontera. Aunque han participado en otras medias maratones como la de Sevilla o Jerez, esta era su primera vez en Málaga. A pesar de sufrir de tendinitis, Juan no quiso privar a su hijo de «la sensación de vivir el deporte en primera persona». «Él disfruta mucho y además parece que cada año vamos a más», comenta García en referencia a los atletas discapacitados.