La carrera más familiar y sostenible

Cristina Vázquez (derecha) con su perra Kayla, su marido, Javier Fernández, y su hija Cristina Fernández./FERNANDO MORGADO
Cristina Vázquez (derecha) con su perra Kayla, su marido, Javier Fernández, y su hija Cristina Fernández. / FERNANDO MORGADO

Padres e hijos corrieron hombro con hombro en la 40ª edición de la Carrera Urbana

FERNANDO MORGADO

El adjetivo 'popular' adquiere una dimensión aún más importante en el caso de la Carrera Urbana de Málaga, que este domingo ha cumplido su cuadragésima edición con 18.827 inscritos. Entre los que finalmente se han lanzado a las calles de Málaga para mejorar sus marcas durante 10 kilómetros se vieron corredores del mismo club, amigos y, sobre todo, muchas familias unidas por el 'running'. En la meta en el Paseo del Parque se podían ver a padres e hijos llegando de la mano e incluso algunos corredores empujando carritos para aficionar a los más pequeños al atletismo. Desde los laterales llegaba el apoyo de los familiares. Como Antonio Sastre, malagueño de 29 años, que recibía cerca del Ayuntamiento a su padre, Antonio y a su hermana, Beatriz, con los que suele participar en la Carrera Urbana. Este año una luxación del hombro izquierdo se lo ha impedido, pero primero desde el Jardín de los Monos y luego en la meta estuvo apoyando a su familia con el brazo en cabestrillo.

Juande Lara y su hija Martina, con Rocío Parra y su hija Alba.
Juande Lara y su hija Martina, con Rocío Parra y su hija Alba. / F.M.

La que sí pudo participar, con su correspondiente dorsal y camiseta verde, fue Kayla, una perra que acompañó a su dueña, Cristina Vázquez, toda una veterana en la prueba. «La corro desde los 16 años y este es el primero que lo hago con Kayla, que tiene seis meses. Se ha portado como una campeona», explicó Vázquez después de fotografiarse con su marido, Javier Fernández, su hija, Cristina y su mascota en el 'photocall' dispuesto en uno de los laterales del Paseo del Parque. Tras el esfuerzo, muchos de los participantes buscaban un lugar en el que reponer fuerzas. Por eso el bar La Morenita, que ocupa el quiosco del parque en el que durante décadas estuvo Los Paragüitas, hizo su agosto en la mañana del domingo. Mientras los adultos se cobraban su premio en cerveza, los pequeños, con dorsales de la Minicarrera, jugaban en el parque infantil vigilados de cerca por sus progenitores. La prueba de 4 kilómetros pensada para los niños cumplió su undécima edición con un nuevo éxito de participación. Martina y Alba, dos amigas y compañeras del Club de Atletismo Independiente de Málaga (CAIM), regresaban a casa visiblemente emocionadas después de su primera participación. Martina corrió junto a su padre, Juande Lara, y Alba, con su madre, Rocío Parra. «Se han apuntado este año al CAIM y están muy motivadas», apuntó Parra, que había recompensado a su hija con un dulce después de cruzar la meta.

En su cuadragésima edición, la organización de la carrera puso especial interés en que el evento diese un ejemplo de sostenibilidad, y por eso hubo contenedores amarillos en los que reciclar los envases por toda la calle de salida y llegada de la prueba. Además, en cada barra de avituallamiento varios carteles advertían a los corredores de la disponibilidad de los contenedores y la megafonía animaba a los participantes a lograr el objetivo de «cero residuos en el suelo».

Antonio Sastre y su hija Beatriz
Antonio Sastre y su hija Beatriz / F.M.

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