La montaña y Maté, protagonistas de la etapa de La Vuelta entre Mijas y Alhaurín de la Torre

La Vuelta, a su paso por el Puerto de las Abejas, en El Burgo. /Javier Núñez
La Vuelta, a su paso por el Puerto de las Abejas, en El Burgo. / Javier Núñez

El corredor malagueño se luce en casa manteniendo el 'maillot' de lunares durante una dura jornada de 179 kilómetros

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

«Aquí central: corredores en Alhaurín, repito, corredores en Alhaurín». El sonido de la radio de una agente de Policía Local de Alhaurín de la Torre se pierde entre los gritos y los golpes de los aficionados ante el paso de uno de los vehículos que abre el primer grupo del pelotón. Faltan escasos minutos para las 18.00 horas, La Vuelta llega a la localidad procedente de Mijas con algo de retraso, pero no importa. Miles de personas llevan horas agolpadas a ambos lados de la travesía urbana que cruza el pueblo, desafiando al calor y a un sol de justicia, por ver a sus ídolos, jalearlos y fotografiarlos. Con el marbellí Maté, con el 'maillot' de lunares, entre los protagonistas.

La línea de meta estaba ubicada en la Rotonda de la Biznaga, un punto céntrico al que se llega en línea recta desde Churriana:dos kilómetros de alta velocidad durante los que los seguidores pudieron apreciar de cerca la intensidad con la que el ser humano es capaz de impulsarse a dos ruedas. El recorrido, de 179 kilómetros, arrancó en La Cala de Mijas, para recorrer Marbella, San Pedro de Alcántara, Ronda, Yunquera, Alozaina, Coín, Mijas de nuevo, Benalmádena y Torremolinos.

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«¿Cuándo pasan, papá?», preguntaba Roberto. Su padre –del mismo nombre–, miraba el móvil: «Aquí dice que falta una media hora». Ambos van ataviados con ropa ciclista hasta la médula. «Somos de aquí y hemos salido a pasear para disfrutar del ambiente; cualquiera que le guste el deporte alucina con esto», explica Roberto padre.

Alhaurín de la Torre es una localidad en la que el deporte se vive con pasión, y así se dejó sentir en la llegada de La Vuelta. El ciclismo es, además, uno de los deportes con más tradición –el Ayuntamiento trabaja en crear el primer centro de bicicleta de montaña de la provincia–, algo que ayer se notó con creces. Más allá de los aficionados, que llegaron de diferentes puntos, medio centenar de voluntarios locales, así como numerosos efectivos de la Policía Local, trabajaron a destajo para colaborar con la Guardia Civil. Desde delimitar la carretera hasta guiar el tráfico, pasando por resolver las dudas de cientos de personas que no tenían muy claro cómo llegar hasta un punto en concreto (o cómo volver a casa sorteando el despliegue de la línea de meta).

El papel de los voluntarios fue especialmente valioso, sobre todo en las horas previas a la llegada del pelotón, en las que muchos vecinos querían asegurarse de estar entendiendo todo bien. «Al final lo que tenemos que hacer es ayudar a la Policía Local dirigiendo el tráfico y atendiendo a los vecinos en todo lo que necesiten», comenta un grupo de jóvenes de la localidad frente a Capellanía. José Cortés, Rocío Bermúdez, Lucía Herrera y Estefanía Castañeda son sólo un ejemplo de la voluntad de cientos de personas que permitieron que todo saliera a pedir de boca.

Maté, en la etapa de ayer
Maté, en la etapa de ayer / . Photogomezsport

Maté se crece

Durante la jornada de ayer, los corredores tuvieron que afrontar diferentes puntos difícil, con especial complejidad a la entrada de la subida al puerto del Madroño, de más de 30 kilómetros de recorrido. En esa zona se formó la escapada del día, formada por seis corredores, entre ellos el malagueño Luis Ángel Maté, portador del 'maillot' de mejor escalador desde la subida al Caminito del Rey, al que le acompañó el francés Pierre Rolland. El marbellí ha destacado en varias ocasiones que comenzar una etapa de La Vuelta desde su casa es algo muy especial, y no ha defraudado a la hora de devolver a sus familiares y seguidores el cariño recibido.

Tras un esfuerzo titánico, Maté vestirá un día más el 'maillot' que le acredita como mejor corredor en los tramos de montaña. Hoy se celebra la primera etapa estrictamente de montaña, una oportunidad más para demostrar sus capacidades en alto.

Participantes en La Vuelta Júnior-Cofidís, antes de salir
Participantes en La Vuelta Júnior-Cofidís, antes de salir / F. T.
La Vuelta Júnior, que tendrá once etapas, también se estrena en Málaga

«Nadie puede adelantarme, y vamos tranquilitos hasta que yo diga». Uno de los monitores de La Vuelta Júnior-Cofidís instruye a los pequeños corredores en la línea de meta. Los chavales llevan un par de horas preparando las bicicletas, ajustándose los cascos y calentando piernas para realizar un recorrido de algo más de 900 metros. Pero el tramo es corto, la competición está servida e incluso antes de que canten el inicio de la carrera, algunos luchan por colocarse en una buena posición.

La Vuelta Júnior es una iniciativa que lleva años formando parte de la prueba deportiva, como una forma especial de inculcar la pasión por el ciclismo en las nuevas generaciones, explican desde la organización. Tan sólo se celebra en las etapas que acaban en llano, como la de ayer, por lo que los pequeños tendrán la oportunidad de ser (durante un rato) el centro de las miradas en diez ciudades más.

Los pequeños recorrieron entusiasmados y en pequeños grupos –ayer se inscribieron más de 150 niños– los metros que un par de horas más adelante hicieron sus ídolos, esta vez vitoreados por menos gente, pero con la misma o mayor intensidad que si se tratase de Valverde o Maté. Antes de salir, los responsables se afanaban en mantener a los corredores hidratados y quietos sobre sus bicicletas (imposible contener la emoción).

Roquetas de Mar, San Javier o Almadén acogerán nuevas etapas de La Vuelta Junior donde, quién sabe, correrán los futuros campeones.

Más allá de los detalles deportivos, lo que ayer primó fue el buen ambiente y la celebración. Las horas e espera merecieron la pena: todo vale con tal de presenciar ese minuto de gloria que siente el espectador al alentar a los corredores. Ya sea palmeando las rejas de seguridad, aplaudiendo o vitoreando, la relación que se establece entre el aficionado y el ciclista es única; un momento de conexión que solo pueden describir quienes lo han vivido. «¿Que por qué vengo a animarlos?, porque sin los aficionados La Vuelta no existiría, tenemos que estar aquí, apoyando». Así lo define Pablo, un veterano de la cita deportiva que ha estado en «todas» las etapas malagueñas y que hoy parte hacia Granada para volver a recibir a los suyos. «Es mi pasión», apunta, mientras atiende a varios curiosos que quieren saber la última hora. Pablo se sabe todo el recorrido (seguramente el de toda La Vuelta).

Una vez que todos los corredores cruzaron la meta –nadie dejó de aplaudir hasta que pasaron las banderas verdes–, la gente seguía con ganas de marcha, pero el verano es caprichoso. Durante los últimos minutos del recorrido, el sol se escondió, aliviando a corredores y aficionados, hasta que liberó una gran tromba de agua que espantó a todos hacia sus vehículos. Los trabajadores comenzaron a desmontar la ciudad itinerante que acompaña al pelotón con un buen chaparrón, pero sin pausa.

El pelotón a su paso por Marbella. Elías Bendodo y Joaquín Villanova junto a otras autoridades.Los corredores, en la Avenida Ramón y Cajal marbellí. / Javier Núñez | Fernando Torres | Iván Gelibter

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