Segundo gol de Gaviria en el Tour

Imagen de la llegada al sprint en la que se impuso el colombiano Fernando Gaviria (en el centro, de azul). :: afp/
Imagen de la llegada al sprint en la que se impuso el colombiano Fernando Gaviria (en el centro, de azul). :: afp

El velocista colombiano repite victoria y Mikel Landa supera sin problemas un corte en el tramo final

J. GÓMEZ PEÑA SARZEAU.

El fútbol le ganó la etapa al Tour. Cuando la cuarta jornada se tragaba el salitre del golfo de Morbihan, llegó a Francia el eco del traspaso de Cristiano Ronaldo a la Juventus. La noticia corrió más que las bicicletas. Estaba claro: era una tarde para el balón. Francia miraba el Tour, patrimonio nacional, de reojo. El público hacía tiempo hasta la semifinal del Mundial entre su selección y Bélgica, ya por la noche. Hasta la fuga se dividió así, en las dos mitades de un campo de fútbol. Los escapados eran dos franceses, Pérez y Cousin, y dos belgas, Claeys y Van Keirsbulck. Empate a dos. Y en ese ambiente futbolero, la etapa se decidió en los penaltis, en los once metros finales de la recta de Sarzeau. «El sprint es aguantar el dolor un poco más que los otros», definió Fernando Gaviria, que ni es belga ni francés, que aspira a ser como Sagan y que ya es más veloz que él. La tarde del Francia-Bélgica asistió a una confirmación: el colombiano Gaviria, ganador ya de dos etapas, es el nuevo 'Cristiano' del ciclismo. El gran rematador.

El Tour cuida los detalles. Antes de que pase la caravana de vehículos y ciclistas, dos operarios en una furgoneta salen a la caza de penes. Dicho así suena raro. Armados con botes de tinta detectan esas pintadas que llenan el asfalto con la silueta de enormes miembros sexuales masculinos. Las localizan, bajan y, brocha en mano, las convierten en mariposas. Tienen maña. Así queda mejor la carretera al paso de las cámaras. Francia es una postal. Y el golfo de Morbihan, un paraíso. Francia líquida. Dicen que en esta bahía hay una isla por cada día del año. Morbihan, en bretón, significa 'pequeño mar'. La etapa flotó sobre él.

Escapada

Nada más darse el banderazo, dos franceses y dos belgas se pegaron al rebufo de la moto que abría carrera. Pero a ocho kilómetros de la meta, una recta dejó a la vista a los escapados. El Quick Step de Gaviria no se bastaba solo. Le echaron una mano el Bora de Sagan, el BMC de Van Avermaet (maillot amarillo) y el Dimension Data del desaparecido Cavendish. La noria del sprint comenzó a girar. En el Tour son habituales los descarrilamientos, como el que partió el grupo a cinco kilómetros del final. Tiró a Urán y a Zakarin. E hizo poner pie a tierra a Mikel Landa. Eso sí, uno de sus directores en el Movistar, José Luis Arrieta, le quitó galones en declaraciones a la página oficial de la ronda gala: «No tenemos tres líderes. El líder es Nairo por el bagaje demostrado en el Tour». Landa y Urán enlazaron. Zakarin, no. El ruso se dejó un minuto. Candidato menguante. El golfo de Morbihan es un parque natural. Prohibida la caza. Salvo cuando pasa el Tour. En el ciclismo, como en el fútbol, hay que apuntar bien. La recta final, en ligera cuesta y con el viento en contra, estaba llena de variables.

Richeze, el lanzador argentino de Gaviria, abrió la puerta. Es un gregario impagable. Siempre busca el mejor resquicio en esa maraña de piernas y jadeos. A rueda de Gaviria se bamboleaba la sombra de Sagan. El campeón del mundo sabe que el colombiano es más veloz. Espera su fallo. Sagan dudó. Dejó un momento la estela de Gaviria y se tiró a por la de Greipel, que remontaba. Pero ni así. Es sprint era largo, eterno. Para salvajes. Las últimas pedaladas no las dan las piernas; son del alma. El dolor. Gaviria fue más allá en esa frontera y sumó su segundo triunfo en cuatro etapas. Tiene el remate de Cristiano. «Es mi sucesor», le elogió Sagan.

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