No vale cualquiera

Un momento de la gala provincial del baloncesto malagueño del pasado jueves. /F. Silva
Un momento de la gala provincial del baloncesto malagueño del pasado jueves. / F. Silva
PEDRO RAMÍREZ

El pasado jueves con motivo de la celebración, un año más, de la Gala del Basket Malagueño –brillantemente conducida por el periodista Emilio Guerrero y en la que recibí un emotivo reconocimiento por parte de la Federación Andaluza de la mano de nuestro gran arbitro internacional Dani Hierrezuelo y por iniciativa de su delegado en Málaga, Ricardo Bandrés, a quienes les estoy enormemente agradecido– quise aprovechar la oportunidad de, dirigiéndome a la amplia y distinguida representación de nuestro baloncesto que llenaba el auditorio Edgar Neville, reivindicar la figura del entrenador de formación. Y lo hice por la trascendencia que tiene la formación en el deporte, muy especialmente para todos los que estábamos allí y, como es natural, por su importancia en todos los ámbitos de la vida.

Y reivindico su figura precisamente porque cualquiera no puede serlo, porque un buen entrenador de formación no es sólo un compendio de conocimientos técnicos o tácticos, que también; es muchísimo más, alguien que entra a formar parte del proceso educativo de las personas que tiene a su cargo; es decir, es, sobre todas las demás cosas, una gran responsabilidad. 

Un buen entrenador de formación no es sólo un compendio de conocimientos técnicos o tácticos, sino mucho más

Y no hay entrenador de formación sin formación, porque no puede haber FORMACIÓN (con mayúsculas) sin educación, sin una adecuada formación humanista y un estricto código ético de quienes están llamados a impartirla. Porque un entrenador de formación ha de ser ante todo un buen ejemplo para nuestros niños y niñas, y un digno integrante de la institución a la que representa.

Y no, no vale todo en la formación. Por eso en ella ganar nunca puede ser un fin que justifique absolutamente nada, y sí un magnifico medio para lo que verdaderamente importa: convertir la experiencia de los niños y niñas en algo útil e inolvidable para el resto de sus vidas, como personas y como deportistas, y para que también el que así se lo proponga y tenga condiciones para ello pueda explorar el camino que le permita intentar convertirse en el mejor jugador o jugadora posible. Y esto es igualmente aplicable para el baloncesto de colegio, la cantera de un equipo ACB o el equipo de una universidad umericana, y explica tantas veces la frustración que produce no lograr lo uno ni lo otro. 

Y no hay atajos. Los caminos cortoplacistas sólo sirven para engordar el ego de entrenadores más preocupados de sus éxitos personales que el de sus propios jugadores, porque los entrenadores tenemos que tomar consciencia de que no somos dueños ni del carácter ni del talento ni de nada. Tenemos que hacer siempre un buen uso de nuestra ascendencia y sólo podemos conducirlos lo mejor que sepamos para potenciarlos y no estropear su desarrollo. Debemos, pues, convertirnos en un vehículo capaz y útil para nuestros jugadores. En eso consiste el éxito de la formación y lo que dará sentido verdadero a lo que hacemos.

Y así lo aprendimos cuando entendimos en qué consistía el desempeño de nuestra vocación como entrenadores desarrollándola siempre con ambición, generosidad, alta autoestima, máximo esfuerzo y con una incansable ganas de seguir adquiriendo conocimientos. Y así fue como en otra época rompimos en el baloncesto malagueño con los viejos complejos para poder alcanzar nuestros objetivos y nuestros sueños, sintiéndonos capaces de ganar a cualquiera, fuera quien fuera, haciendo así valer el valor de nuestra cantera y nuestra propia gente para intentar luchar contra la tiránica hegemonía Madrid/Barcelona y hacernos por fin un hueco en el baloncesto español. Para eso hemos trabajado, para eso debemos seguir trabajando y por eso también hemos podido llegar hasta aquí.

Y para finalizar aprovecho la ocasión para felicitar a la Fundación Unicaja y al Unicaja Baloncesto por su apuesta por el baloncesto femenino. Hace ahora un año que desde esta misma gala se reclamaba el legítimo apoyo que se merecían también las mujeres y nuestras niñas. ¿Quién nos los iba a decir? Hoy celebramos el primer Campeonato de España femenino de nuestro baloncesto, el ascenso del Alhaurin a la LF2 y, lo que es mucho más importante, la ilusión y el subidón de autoestima que ha supuesto para ellas el apoyo de esta gran Institución malagueña, imprescindible para entender muchas cosas buenas que pasan en nuestra sociedad, para el devenir del baloncesto en Málaga y en la formación integral de muchos niños y niñas de nuestra provincia.

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