El Unicaja asciende a Liga Femenina 2

El equipo celebra el ascenso./Germán Pozo
El equipo celebra el ascenso. / Germán Pozo

El conjunto de Lorena Aranda cayó por un punto ante el Estepona pero el resultado le valió para conseguir el pase a la segunda división nacional en un partido con dos prórrogas

MARINA RIVAS

Se suele decir que pocos deportes se prestan como el baloncesto a los finales de infarto. Pero lo del pasado domingo en Los Guindos entre el Unicaja y el Estepona no se borrará nunca de la mente de los que estuvieron allí presentes.Dentro de unos años se hablará del partido. De cómo, por caprichos del destino, la única derrota cajista del año acabó trayendo consigo el más dulce triunfo. Volverán las sonrisas, las lágrimas, aliadas del sudor, y las dudas sobre aquel tiro libre de Gema García, que no debió entrar y prolongó la agonía. Se rememorará cómo lidió Robinson contra los rivales bajo aro o incluso cómo, a un segundo del final, pudo haber cambiado todo. Pero, sobre todo, se hablará de cómo, un 19 de mayo, el que ganó fue el baloncesto femenino malagueño. 

Ahora no está todo conseguido, ahora es cuando comienza el verdadero ascenso. La culminación perfecta para el equipo novato y el inicio idílico de la que podría ser una gran historia. Sólo dos años después de poner la primera piedra de un ilusionante proyecto, el Unicaja de Lorena Aranda consiguió ayer su primera gran hazaña: ascender a la Liga Femenina 2, la segunda categoría nacional en la que, tras el descenso del Asisa Alhaurín de la Torre, se convertirá en el único representante malagueño.

Un proyecto que parecía una utopía hasta hace unos años, cuando todavía las jóvenes promesas de Málaga tenían que huir de la provincia para labrarse un futuro como profesionales de la canasta. Entre ellas, la joven Claudia Alonso o la veterana Gema García, que dejando a un lado las casualidades, regresaron a casa este año para luchar mano a mano por construír el proyecto del Unicaja sénior femenino en la provincia. Si el Asisa fue el encargado de romper el hielo, al ascender el pasado año, ahora al conjunto cajista le tocará dar un paso más y pensar poco a poco en su consolidación nacional.

No fue fácil la consecución de su primera gesta. En su segundo año en Primera Nacional, el cuadro de Lorena Aranda contó con la misma base de cantera con la que nació el proyecto, pero añadió un aliciente para el espectáculo. Se optó por fichar a cuatro profesionales, cinco al cierre de campaña: García, Alonso, Vero Matoso y Noelia Masiá, además de la primera americana del equipo, Angelique Robinson. Sin ellas, hoy no se estaría hablando de ascenso en una campaña especialmente competitiva en su último tramo. Durante la temporada, el Unicaja no tuvo rival. Marcadores con una renta de más de 60 puntos e invicto hasta su cierre del año.

Sherrill, del Estepona subriendo a Vero Matoso, del Unicaja.
Sherrill, del Estepona subriendo a Vero Matoso, del Unicaja. / GERMÁN POZO

Primera y única derrota

Ya en la 'final four' andaluza de Primera Nacional comenzó a testar lo que era una competición. Y lo hizo arrebatando el título autonómico a un Estepona también muy reforzado este año con varias americanas, una paraguaya y algún que otro fichaje más con ficha de profesional. El cuadro de Juan Baraza, que puso por primera vez contra las cuerdas al Unicaja, fue el mismo que le vio perder este domingo (88-87), tras dos prórrogas.

Tras un sinfín de altibajos en el marcador de Los Guindos y en una atmósfera con una tensión insostenible, el encuentro comenzó de cero en el minuto 40, cuando debía haber acabado. Con la dupla Sherril-Mingo haciendo las delicias del Estepona (27 y 29 puntos, respectivamente) y con un Unicaja que aunque inagotable, le temblaba las piernas, arrancó la primera prórroga (68-68) y sin ser llamado, entró al juego el Adareva canario. Si el Estepona ganaba de 6 o más puntos, subía; si el Unicaja ganaba o perdía hasta de 2, lo hacía él y de perder por 3 a 5 puntos, Málaga se quedaba sin representación en la Liga 2.

El duelo pudo acabar al cierre de esta primera prórroga. Gema García debía anotar o fallar los dos tiros libres que había forzado, pero sin quererlo, sólo sumó uno: se prolongaba la agonía (73-73). Las faltas se vistieron de protagonistas en la segunda prórroga, esta vez, para ambos equipos. Y, cuando todo parecía perdido, a un segundo del final, llegó la última del partido. El colegiado señaló la canasta cajista y Matoso pareció caminar a cámara lenta hacia aquella línea de tiros libres. Anotó los dos y, acto seguido, afición y banquillo invadieron la cancha. Habían perdido (88-87), pero el 'average' iba de su lado. Hablarán de este equipo, de este partido y de cómo comenzó a gestarse un sueño, sabiendo que recordar el pasado es la mejor forma de construír el futuro.