CINCO CONTRA CINCO

Creer para ver

BERNI RODRÍGUEZ

Están siendo unos días en los que el baloncesto de formación coge protagonismo en este inicio del verano en nuestro país. Veo charlas, cursos, campeonatos y galas sobre la relación entre nuestro deporte y los más jóvenes. Ahora que con motivo de mis Becas de Tecnificación y participando en actividades propias formativas estoy en contacto con entrenadores de jóvenes, no quería dejar pasar la oportunidad para dejar mi reflexión al respecto.

Decía mi compañero columnista en este periódico Pedro Ramírez, con toda la razón del mundo, que no todo el mundo vale, que no cualquiera es apto para ser entrenador de baloncesto de equipos en formación. Y es que es esencial el trabajo en edades tempranas para sentar unas buenas bases motoras, técnicas y tácticas, para la evolución del jugador/a. Tengo un recuerdo maravilloso en mis años de iniciación en esto de la canasta, con 10-12 años, corriendo, aprendiendo y disfrutando con mis compañeros en Los Guindos. Rafa y José Luis (Pirulo) fueron mis entrenadores, a los que recuerdo con muchísimo cariño.

Se habla de la importancia capital del entrenamiento en edades de minibásket. He leído en algún sitio a un entrenador ACB afirmando que, bajo su experiencia, las grandes carencias y fallos de los jugadores profesionales provienen de sus años de mini. Imaginen entonces la importancia del qué se entrena y del cómo se hace en esa etapa de formación. Tanto es así, que dicen los expertos que lo aprendido en esas edades quedará fijado en el inconsciente para el futuro. Lo bueno y lo malo.

Pero es complicado. Y mucho. No es fácil entrenar elementos técnicos con tus jugadores sabiendo que, en la mayoría de casos, el trabajo realizado se verá reflejado a medio plazo, siendo otros los que lo 'disfruten' en posteriores categorías. Es por eso que la figura del director técnico, deportivo o coordinador (llámenle como quieran) es esencial. Deben ser ellos los que sean capaces de controlar lo que se entrena independientemente del resultado del marcador (los objetivos en ese momento quizás sean otros) y reconocer el trabajo de sus entrenadores aunque no se vea en el momento. Pero para ello hay que creer en lo que se hace. 'Trust the process' (cree en el proceso), dicen los americanos. Yo lo llamo creer para ver. Cree en lo que haces, que acabarás viendo el resultado. Y eso no llega con atajos. Con atajos se pueden ganar partidos, pero no se forman jugadores, muy a pesar del ego de muchos entrenadores de formación, a los que hay que recordarles que la competición no es un fin, sino un medio más de aprendizaje (vengo escuchando esta frase desde hace mucho tiempo en casa).

Hablando de reconocer lo que a simple vista no se ve y en relación a entrenadores y coordinadores, recuerdo la anécdota (contada en este espacio) con Pierre Oriola cuando le dije que él debía ser la quilla de un barco. Sin visibilidad hacia el exterior, con un trabajo feo y duro, alejado de los focos, pero imprescindible para que ese barco llevara la dirección correcta. Podríamos usar mi metáfora con Pierre para esos formadores invisibles, a los que quizás, de vez en cuando, les vendría bien una palmadita de reconocimiento en el hombro.

Para terminar, no me quiero olvidar de los padres. Necesitamos que ellos crean para que todos veamos. Necesitamos que dejen trabajar a los entrenadores y que no entrenen desde la banda ni desde casa. Que sean padres, y no agentes que ven potenciales profesionales en sus hijos, y en cambio sí futuros mejores deportistas y personas gracias al baloncesto.

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