Luis Blanco, aspirante a quinto fantástico

Partícipe del mítico Caja de Ronda de Mario Pesquera, vivió algunos de los mejores años de su vida en Málaga; ahora, en su Barcelona natal, volverá a las canchas de una forma peculiar

Luis Blanco, aspirante a quinto fantástico
MARINA RIVAS

¿Qué aficionado del baloncesto malagueño no recuerda o ha oído hablar del cuarteto de oro que relanzó al Caja de Ronda de finales de los 80 y principios de los 90? El equipo de Mario Pesquera, que compartió Liga con el Mayoral Maristas de Imbroda, el que perdió el miedo y aprendió a ganar a los grandes, el que ilusionaba, el que llenaba Ciudad Jardín. En aquel ambicioso proyecto relucían cuatro grandes figuras: Joe Arlauckas, Rickey Brown, Rafa Vecina y Fede Ramiro. Cuatro hombres que jugaban prácticamente todos los minutos de cada partido, inamovibles en la titularidad del técnico leonés desde la campaña 1988-89. Había un quinto nombre con el que ya entraba en juego la rotación, aunque solía haber un claro favorito para completar el plantel cajista de inicio.

Era Luis Blanco, un alero barcelonés que llegó con 28 años procedente del Manresa y que ya contaba con experiencia en la ACB. Un jugador con carácter y recordado más por la entrega con la que luchaba por los balones o por su acierto cara al tiro que por sus cualidades físicas. Eso sí, los asiduos de la grada de Ciudad Jardín sí que recordarán el peculiar flequillo que, hasta hoy, sigue acaparando su frente.

«Vivimos tres años extraordinarios en Málaga, recuerdo la ciudad, el ambiente, las ferias, una afición de diez…», recuerda. Y claro, también la competitividad para que Pesquera se decantara por su quinto hombre en cancha. Los principales aspirantes, junto a Blanco, eran Jordi Grau y Pepe Palacios:«Para ese quinto puesto había una pelea constante, pero sanísima», bromea. Y explica: «Nos íbamos turnando y eso nos motivaba a trabajar más para jugar. Eso sí, si salía otro, no pasaba nada, nadie se enfadaba. Nos hacía crecer mucho personal y deportivamente. Además, teníamos una gran relación entre nosotros y con los cuatro fantásticos». Han pasado más de veinte años pero hay cosas que nunca cambian. En su caso, además de su peinado, su pasión por el baloncesto. Cuando el alero vivía en Málaga ya lo hacía junto a su mujer. De hecho, se llegaron a plantear un futuro en común como residentes costasoleños, aunque los cambios en el Caja de Ronda con la salida de Pesquera le llevaron a tomar un nuevo rumbo; en su caso, en el Montehuelva (una categoría por debajo). Su despedida del cuadro malagueño fue su despedida de la élite pero también el inicio de su nueva vida. «El último año de Málaga nos quedamos embarazados», comenta, incluyéndose. Blanco disfrutó del baloncesto en primera persona hasta que llegó su primera hija, Laura.

«Vivimos unos años extraordinarios en Málaga: la ciudad, el ambiente, las ferias, una afición de diez...»

Una vez nació, quiso volcarse de lleno con otra de sus pasiones: su familia. Y esto hizo que el deporte que había llenado su vida pasase a un segundo plano. Tras el cuadro onubense,Blanco se retiró oficialmente en el Santfeliuenc barcelonés (temporada 1992-93), que jugaba en la que era la tercera categoría nacional. Quién le iba a decir que, en aquel club en el que puso fin a su carrera como jugador, empezaría a reinventarse años más tarde.

Pasión hereditaria

Tras la retirada, Blanco aprovechó para terminar la carrera de Fisioterapia y más tarde empezó a trabajar en una mutua de accidentes laborales, donde continúa hoy día. Aunque su principal dedicación fue su familia. Tras Laura (de 27 años), llegó una pareja de gemelos y todos ellos heredaron la pasión baloncestística. «Laura fue jugadora, pero se lesionó y a raíz de eso empezó a entrenar. Estuvo varios años como entrenadora de la cantera del Barcelona y ahora es maestra en un colegio de Sant Feliu de Llobregat por las mañanas y entrenadora del Infantil A del Sanfeliuenc por las tardes», explica.

Los gemelos, que ya alcanzan el 1,90 con sólo 16 años, todavía aprenden del baloncesto en primera persona y ahora también en el conjunto júnior del Sanfeliuenc. «Yo nunca les he impuesto nada, pero en casa siempre hemos visto mucho baloncesto, aunque también somos muy futboleros», comenta. Y asegura que lo primero siempre será que disfruten del deporte, sin frustrarse intentando perseguir objetivos complicados de alcanzar. «El baloncesto de hoy día es muy duro.A ellos por supuesto que les gustaría dedicarse a esto pero yo tengo muy claro que debo inculcarles el que estudien, creo que será mucho más productivo para ellos».

«A mis hijos debo inculcarles el que estudien, será más productivo para ellos»

Así es la vida actual de Blanco, sencilla, en su Barcelona natal y volcado de lleno en su familia y su trabajo. En los veranos intenta cazar algo de tiempo para realizar alguna escapada, aunque no sueña con grandes viajes. A veces disfrutan saliendo de la ciudad a un entorno más tranquilo y reuniéndose con una familia llamativamente extensa; sólo por parte de padre son 24 primos, en los que hay cinco parejas de gemelos. Tranquilamente, podrían disputar una 'liguilla' entre ellos, pero la rama más deportiva se quedó en su casa.

Ya con su vida asentada y ahora que sus hijos ya son mayores, comienza el nuevo y peculiar reto de Blanco. Y es que esta campaña será el técnico ayudante de su hija Laura en el equipo infantil A del Santfeliuenc. «Pero no le daré lecciones, ella sabe perfectamente cómo tiene que hacer las cosas y estoy encantado de ser su segundo», asegura el exjugador. Parte de la historia de los mejores años del Caja de Ronda y padre orgulloso de haber encontrado, sin salir de casa, el mejor de sus equipos.