VERANITO, VERANITO

Juan Francisco Gutiérrez
JUAN FRANCISCO GUTIÉRREZMálaga

Tiene algo de raro un lunes como el de hoy, ya con los atardeceres tela de estirados y estos amaneceres incandescentes que no dan tregua a los párpados. Ha llegado el verano y se despierta la ciudad algo anestesiada tras otra noche de San Juan, que ya, cosas de la edad, nunca será como las de antes. Con suerte ahora nos mojamos un poco las canillas: la madurez no empuja al jolgorio del solsticio como cuando, acabado el curso, cualquier excusa era buena para irnos de moraga, en incipiente homenaje a Baco, a la juventud o al largo estío por vivir.

Incluso mucho antes, cuando de niños aún no nos dejaban pisar de noche la playa con la pandilla, recuerdo que en mi barrio poníamos a arder 'júas' en cualquier calle todavía sin asfaltar. Íbamos los niños del colegio a las carpinterías que aún había y pedíamos serrín para rellenar vaqueros viejos o medias roídas y así hacer muñecos feísimos que acabarían en la hoguera. Nos salían unos engendros infames, ah, pero entre la madera desmenuzada, las licras florales de la ropa donada y las cajas de cartón o aquellas otras astilladas que nos daba el frutero erigíamos unas fogatas de impresión. Las sombras chinescas que provocaba aquella humarada entre los bloques arracimados daban poesía al barrio, que nunca fue de mucha verbena. Y acompañaban a las llamaradas una sinfonía de persianas levantadas, las voces de las vecinas inquietas que llamaban a la prole a subirse ya, o el ruido de los tubos de escape de las 'mobylettes' donde iban parejas de jóvenes en tocata y fuga al Morro o al Monte Pavero, qué se yo con el pavo que manejaba por entonces.

Ahora que ya no queda tontuna ni tampoco ganas desaforadas de moraga, vemos los meses por delante no como ese descampado de cien días inacabables, sino como el islote donde ansiamos encontrar, ay, una mijita de descanso anual. Con la amenaza de olas de calor, de caravanas domingueras, de siestas indigestas. Con la ilusión, eso sí, de que el moreno nos reverdezca un poco y el rebalaje nos devuelva algo de esa chispa que antes inauguraba todos los veranos.