TURISMO EN CHERNÓBIL

MIKEL LABASTIDA

Amí, que me gusta eso del turismo cinematográfico, me cuesta entender que alguien quiera acercarse a conocer la central nuclear de Chernóbil, cuya fuga radioactiva causó miles de muertos hace 33 años. Pero está pasando. Y el interés ha aumentado a propósito de la soberbia serie que sobre el accidente ha estrenado HBO. Es una excursión funesta, que invita a conocer la llamada zona de exclusión, que es el área que se extiende alrededor del lugar en el que se produjo el incidente. El recorrido llega hasta un punto en que se puede contemplar el sarcófago que recubre el reactor que causó la catástrofe. A modo de curiosidad, cabe destacar que para acceder a determinadas zonas se debe firmar un documento en el que el visitante exime a la Administración de cualquier responsabilidad por algún posible perjuicio de salud. Que después de ver la serie igual lo último que uno debería hacer es fiarse de un gestor político a este respecto.

'Chernobyl' es una ficción que bien podría entenderse como un drama que denuncia la incompetencia de los mandamases políticos a la hora de abordar una tragedia de dimensiones enormes. Es, por supuesto, una producción histórica convenientemente ficcionada para narrar un hecho que conmocionó al mundo y que, tres décadas después, sigue haciendo temblar al mentarlo. Pero, sobre todo, es un relato de terror, que no escatima en secuencias en las que se muestra el horror que se vivió en aquel enclave cercano a la frontera entre Ucrania y Bielorrusia. Cualquier intento de suavizar las imágenes y rebajar el impacto no habría hecho justicia al desastre. Esa historia no permite otro género.

Craig Mazin ha hecho un trabajo escrupuloso de documentación y recreación para poner en marcha esta obra, que ha reavivado el debate y los miedos que continúan provocando las centrales nucleares. Hace bien el creador en no pensar en una segunda temporada -se especuló con que se centrara en otro accidente similar-, porque el gran éxito de la serie radica en haber encontrado la medida justa para hacerla. En el tono y en la extensión.