TERROR Y SERIES

MIKEL LABASTIDA

El terror no ha tenido demasiados dignos embajadores en las series hasta ahora. Siempre se ha considerado que es un género difícil de trasladar a la ficción seriada y que funciona mucho mejor en cine. ¿Las razones? Es complicado mantener el suspense, es difícil gestionar los sustos sin caer en la repetición, es costoso generar una atmósfera que funcione por entregas, que se van interrumpiendo y obligan al espectador a entrar y salir de ella.

Si nos atenemos a algunos de los últimos títulos estrenados con la intención de hacernos pasar miedo posiblemente debamos doblegarnos y dar la razón a los que no confían en la alianza series y terror. 'Outcast' se volvía repetitiva, a 'Bates Motes' le pesaba demasiado la sombra de la película original 'Psicosis', 'El exorcista' fue perdiendo eficacia, 'Scream Queens' daba risa... Mejor han funcionado algunas dirigidas al público juvenil, como 'The Vampire Diaries', pero por factores que poco tienen con el género en sí. O no al menos por los elementos que predominan en títulos clásicos, que todos tenemos en la cabeza y que en más de una ocasión nos han provocado pesadillas.

Una oportunidad perdida ha sido 'American Horror Story', que siempre apunta maneras (le pasa al comienzo de cada una de las ocho temporadas que lleva emitidas) para perderse después por la indefinición de las historias, la vanidad por acumular homenajes y referentes, y la acumulación de frentes, que no suelen terminar bien resueltos. 'Asylum' es la más decente de todas, pero tiene muchos peros. Pero, pero, pero.

'La maldición de Hill House', adaptación libre de la novela de Shirley Jackson, es una feliz excepción a este panorama. Y puede -y debe- sentar precedentes. La propuesta de Netflix triunfa porque ha tomado prestados elementos del melodrama, que dan consistencia a la trama de casa encantada que plantea y a los propios personajes (los hermanos Crain), que luchan contra sus fantasmas reales y otros ficticios -o no- que arrastran desde su infancia, la que pasaron en un hogar que los marcará para siempre. Mike Flanagan demuestra que las series ya no tienen límites.

 

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